21 julio, 2018

Argentina: Pecanes del Litoral, provincia de Santa Fe

Omar Balonchard se emociona al recordar a sus nietos, que viven lejos, y dice que su sueño es que lo recuerden con esa frase: “El abuelo no estaba errado”. Es que si bien todos pasamos por esta vida, hay gente que deja huella. Y de eso se trata esta historia.

Hasta hace algunos años la vida de Omar se dividía entre su familia, su profesión en la industria plástica y sus fines de semana en las canchas de golf. “Realmente nada me gustaba más que juntarme con mis amigos a jugar al golf”, cuenta este ingeniero químico especializado en la materia prima para la industria plástica y de caucho. Hasta que la nuez pecán irrumpió en su vida.

Oriundo de la provincia de Santa Fe, Omar se había criado en el seno de una familia de campo, pero “de esas que vivían del campo pero casi nunca lo pisaban”, aclara. Sus bisabuelos habían tenido tierras que luego habían vendido, y habían dejado en él un cariño intacto hacia la naturaleza y un fuerte deseo de volver, algún día, a la producción.

“Yo tenía el sueño de tener una casita de campo, no una casa-quinta de fin de semana; quería algo donde además de descansar pudiera tener mis propias gallinas, huevos y naranjas”, explica. Finalmente, en la década del 90 pudo comprar 20 hectáreas en Oliveros, a unos 60 kilómetros de Rosario, su ciudad natal y donde actualmente reside.

¿Por qué nuez pecán?

La primera actividad en la que incursionó Omar fue la apicultura. “Pero a pesar de lo apasionante que resulta la cría de abejas, encontré que mi mayor dilema era tener que trabajar cuando ellas lo necesitaban, lo que me resultó muy demandante. Y así, buscando otras alternativas, detecté que las plantaciones forestales o de árboles frutales permitían trabajar con mayor flexibilidad”, dice.

“El dato de la nuez pecán me llegó a través de un amigo que vendía caños para riego”, cuenta. “Muchos de sus clientes estaban instalando riego en sus plantaciones de pecanes y me invitó a que viajáramos juntos a Entre Ríos a conocer más de cerca la actividad. En esa visita los productores nos explicaron todo lo necesario; fue el comienzo de nuestra amistad y de mi nueva vida”, dice, recordando que a partir de ahí comenzó a incursionar en la actividad.

En el año 2009 algunos pecanicultores de distintas localidades de la provincia de Santa Fe decidieron unirse para formar un Grupo de Cambio Rural del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), que fue lo que los ayudó a potenciar la producción y formar (en 2012) la primera cooperativa del país dedicada al cultivo de esa fruta seca, una iniciativa con fuerte perfil comercial y exportador que decidieron llamar Coopelit (Cooperativa de Productores de Nueces Pecán del Litoral Ltda.) y que aúna productores de Santa Fe y Entre Ríos. Gracias al trabajo asociativo y al asesoramiento del INTA (específicamente los programas Pro Pecán y Cambio Rural) fueron intercambiando experiencias, buscando soluciones a las limitaciones que se iban presentando, mejorando la eficiencia y logrando una mejor productividad.

¿Qué es la nuez pecán?

Sabrosa, dulce, agradable y de alta calidad, la nuez pecán es un producto natural que se usa mucho en la cocina y la industria cosmética por poseer propiedades antioxidantes, alto valor proteico y contenido de calcio, potasio, fósforo, hierro y vitaminas A, B1, B2, B3, C y E, y por ser un excelente proveedor de fibras naturales y de aceites no saturados.

Originario de Estados Unidos, este árbol ingresó a la República Argentina en el siglo XIX con fines ornamentales, y en las últimas décadas se convirtió en una alternativa productiva interesante. Hoy hay más de 6000 hectáreas implantadas y la producción se comercializa en el mercado interno y se exporta a Estados Unidos y China, entre otros destinos.

Si bien genera flores y frutos a partir del quinto año de crecimiento, recién al décimo entra en producción comercial, y logra un desarrollo óptimo desde el año 15. A partir de ahí, con buen manejo se pueden obtener rindes de más de 2000 kilos anuales por planta, que se mantendrán a lo largo de, al menos, 40 años. Su vida útil es de más de 150 años. (Fuente: INTA)

El lema de la cooperativa, “darle sustentabilidad y rentabilidad en el tiempo al productor pecanero”, no solo se refiere al grupo, sino a todos los productores de la región del litoral en conjunto, explica Omar. “Juntos le fuimos encontrando la vuelta y logramos gestar una organización a través de la que pudiéramos explorar nuevos horizontes comerciales, mirar el futuro con optimismo y con perspectivas alentadoras”, agrega.

Agradecido, recuerda la importancia de ese apoyo técnico inicial. “Nos juntamos 20 productores -desconocidos hasta ese momento- y comenzamos a reunirnos una vez por mes en cada una de las chacras para ver la situación de los montes de pecán, las buenas prácticas, el tema de la poda, de la producción, los temas sanitarios y muchas cosas más”, dice, aclarando que las edades de las plantaciones eran muy variadas, desde “los más nuevitos, como yo, hasta plantaciones de 15 años”. En esas reuniones, que terminaban con un asadito, pensaron posibilidades comerciales para el grupo y armaron un proyecto que luego presentaron en el Ministerio de la Producción de Santa Fe, donde consiguieron apoyo para la compra de una crackeadora de nueces. Esta máquina, que le saca la cáscara a la nuez y tiene la capacidad de procesar 100 toneladas por año, les permite trabajar holgadamente toda la producción actual del grupo, unas 30 toneladas. “Año a año los rindes de las plantas van aumentando”, explica. “En mi caso, por ejemplo, en 2015 obtuve 100 kilos, en 2016 unos 250 kilos y en 2017, más de 800. Y eso, obviamente, nos está pasando a todos”, agrega entusiasmado.

Tener claras las prioridades

“Yo suelo preguntarles a los demás socios: ´ ¿En qué orden de prioridades tenés la cooperativa?´ porque las mías sin duda son: mi familia, Coopelit y luego mi trabajo en la industria plástica”, aclara. “Creo que es importante tener eso en claro para lograr hacer algo por la cooperativa a diario”, dice. Por suerte en el grupo hay gente joven y muy pujante cuyo objetivo es llegar a vivir de la nuez pecán. “Son una locomotora que tracciona al resto del grupo”, dice entusiasmado. “Y después estamos los tres socios que tenemos más de 60 años”, dice divertido. “Me hubiera gustado empezar antes, ¡pero lo importante es que empecé! Realmente la cooperativa me llena de energía, mi mente trabaja, mis ideas son escuchadas y debatidas y es un lugar que me permite innovar”, se entusiasma el actual tesorero de la cooperativa.

Coopelit hoy

“Entre los diez socios que conformamos la cooperativa tenemos actualmente más de cien hectáreas de producción, en su mayoría con plantaciones jóvenes. En 2016 alcanzamos en conjunto unos 10.000 kg de producción propia y a eso le agregamos unos 6000 kilos que le compramos a terceros. Durante 2017 incrementamos la producción y exportamos por primera vez nuestras nueces. Fueron 8 toneladas a China que enviamos asociados a otros productores pecaneros”, dice.
Si bien la producción de Coopelit aún es baja, en el mediano plazo los socios tienen el firme objetivo de incrementar, por supuesto, la producción por hectárea y las hectáreas implantadas. “Aunque no es mi caso, ya que si bien tengo 16 has libres, a mí me gusta trabajar con mis propias manos por lo que no quiero agrandar mi plantación”, explica Omar, quien puede hacer con un solo ayudante todo el trabajo de campo: cortar el pasto, podar las plantas, cosechar. “Y eso es lo que me gusta. Y entre principios de abril y mediados de junio mis hijos y mis nietitos me ayudan en la recolección. Esa es mi mayor satisfacción”, dice. Omar tiene dos nietos que viven lejos, pero van de visita regularmente, y se le ilumina el rostro al recordarlos: “Cuando los veo en el campo, tempranito, con sus botitas de goma puestas y la canastita bien agarrada, diciendo ´abuelo, vamos a cosechar nueces´ me doy cuenta que estoy haciendo lo correcto”.

¡Chau golf!

Antes de despedirnos no puedo dejar de preguntarle que dijeron sus amigos golfistas cuando vieron que había abandonado los palos para siempre. Omar se ríe: “¿Cuándo volvés a jugar al golf?, me preguntaban. Y me lo siguen preguntando desde hace ocho años, aunque yo, después de 31 años de se ser socio, decidí borrarme del club. ¡Hoy mi mayor satisfacción es dedicarme a mis pecanes… y regalarles nueces a mis amigos! Disfruto haciéndoles probar los nuevos productos, como las garrapiñadas y las nueces bañadas en chocolate blanco o negro”.  ¡Y a mí no me cabe duda de que ellos seguramente también!