17 diciembre, 2018

Chile debería acelerar la inclusión energética de las comunidades rurales

Un factor gravitante para lograr un desarrollo económico y social justo de la población, entre muchos otros, es a través de la disposición de energía, en sus más diversas formas.

Comprobado por la gran mayoría de los organismos internacionales, la energía tiene una alta incidencia en el índice de desarrollo humano. Es decir, en la medida de que mayor energía se disponga y consuma, mayor es el nivel de desarrollo humano de esa persona, sociedad, comunidad o agrupación.

Desde hace algunos años nos hemos venido acostumbrando en nuestro país a escuchar repetitivas expresiones tales como integración, igualdad, inclusión, entre otros, como parte de una democracia desarrollada.

Sin embargo, uno de los actos más antidemocráticos es, justamente, no generar las condiciones y estrategias para que la población, en su totalidad, disponga y tenga el adecuado acceso a la energía en sus más diversas formas, generando una desigualdad social enorme.

Disponer energía, actualmente, llega a ser un derecho humano para toda la población de Chile y del mundo entero.

A pesar de vivir el siglo XXI, aún existe una gran cantidad de familias que ven vulnerado su desarrollo por falta de energía.

La ausencia de energía inhibe el desarrollo local, evita que los niños tengan acceso a internet, y por ende a cultura y educación; evita generar actividad productiva, por ejemplo, desarrollar y tecnificar la agricultura ancestral, y en definitiva, genera problemas de migración hacia las grandes urbes, dejando de habitar poblados con un alto potencial productivo y turístico. De no mediar soluciones potentes de gran profundidad esos poblados desaparecerán, como ya ocurre con algunos que han pasado a la historia.

Este es un problema reconocido desde varios gobiernos hasta la fecha, el tema ha sido incorporado en sus estrategias, sin embargo, requiere una mayor profundización, teniendo claro que los habitantes de estas zonas rurales aisladas no solo son aquellos que mantienen la soberanía necesaria de nuestro país, sino que también, es injusto que se les trate como si fuesen ciudadanos de tercera o cuarta categoría.

La mayoría de los lectores de esta columna de seguro tienen acceso a energía eléctrica, a combustible, a agua caliente, a calefacción, a movilización, entre muchos otros bienes de similares características y beneficios, entonces la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué los habitantes de poblados rurales aislados no tienen el mismo derecho de acceder a estos beneficios, tan básicos y necesarios para la salud y la educación? Pienso que aquí hay una labor importante y prioritaria para el gobierno, los gobiernos locales, los profesionales, la comunidad y la academia.

La tecnología está, probada por más de una década en nuestro país y por más de ocho décadas en el mundo entero. Lo que falta es una mayor preocupación, profundización de las actuales estrategias, siendo más empáticos con la problemática.

Colaboración: Hernán Cortez Baldassano, Ingeniero Civil, Especialista en Energías Renovables.

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