10 diciembre, 2018

Aumenta el número de personas que pasan hambre

Los periódicos de todo el mundo establecieron el pasado martes (11/9) una triste noticia para la humanidad. Estamos tres años seguidos observando aumentar el número de personas que pasan hambre. El levantamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) constató que el número de hambrientos aumentó de 815 millones en 2016 a casi 821 millones en 2017.

Muchas son las causas para que esa vergüenza se perpetúe, alejándonos consecuentemente de los planes de erradicar ese mal de una vez por todas. Las crisis económicas, la ausencia de políticas públicas para la producción y distribución de alimentos, el cambio climático y la explotación inadecuada de los recursos naturales, son las más impactantes.

Los datos reflejaron también los problemas crónicos derivados de esta molestia entre nosotros, latinoamericanos. Si por un lado la desnutrición disminuyó en este período analizado, aumentó considerablemente la obesidad, lo que denota que aquellos que consiguen alimentarse lo hacen precariamente, con déficit de nutrientes considerados esenciales para el desarrollo saludable de un ciudadano.

La FAO estima que uno de cada cuatro habitantes de América Latina y el Caribe son considerados obesos; El 24,1% de la población. En cuatro años, 16 millones de personas pasaron a integrar ese escenario, contribuyendo a 104,7 millones de adultos obesos.

Para la COPROFAM, esa cuenta no va a disminuir si los gobernantes de las naciones no revisan sus actuales modelos de desarrollo en los que prevalece el monopolio de las grandes empresas multinacionales que determinan la producción, transformación y la oferta de productos para el consumo humano.

La lógica del capitalismo centrada en la competitividad, en la concentración de la producción, transformación / industrialización de los alimentos y de los mercados donde éstos se venden, generan grandes distorsiones a las economías y afectan la base productiva de millones de agricultores familiares, campesinos, pescadores que se dedican a la producción de alimentos sanos y de la misma afuera impactar en el desarrollo de miles de pequeñas y medianas empresas que pueden recibir y procesar / agroindustrializar los alimentos y abastecer mejor los mercados locales, regionales y nacionales con productos de mejor calidad.

Es necesario que los actuales y futuros gobernantes adopten en el seno de sus políticas macroeconómicas las metas del “desarrollo sostenible” aprobadas por las Naciones Unidas en que en su absoluta mayoría son países signatarios.

No vamos a promover desarrollo sostenible sin presupuesto público, sin políticas públicas específicas que promuevan la inclusión social, creación de nuevos puestos de trabajo, generación y distribución de renta, acceso democrático de los mercados y la facilitación del comercio de la producción de alimentos saludables que comienza de la comunidad rural hasta supermercado.

La lucha contra el hambre debe ser la prioridad 1 de cualquier gobierno que se prese. Para ello tendrá obligatoriamente que mirar al campo, conocer y atender las demandas de los sujetos que allí están produciendo alimentos. Promover el desarrollo rural, dar a los hombres y mujeres del campo el derecho de tener acceso a los bienes naturales, tierras y agua; estimular inversiones en la organización de la propiedad para aumentar la producción y productividad y asegurar mercados consumidores para que estas familias puedan ofrecer alimentos en cantidad y calidad que garantice la soberanía y la seguridad alimentaria y nutricional de su población.

La meta de erradicar el hambre del planeta hasta 2030 no será una tarea fácil, pero no es imposible. Para ello, es necesario un esfuerzo consciente y colectivo de toda la sociedad (gobernantes, comerciantes, empresarios, productores, consumidores, etc.). COPROFAM y sus filiales tienen por principio y objetivo trabajar y su contribución para que los ODS sean alcanzados; porque cree que es posible construir otro desarrollo más justo y sostenible con más alimentos, más igualdad y prosperidad para todos los hombres y mujeres de nuestros países.

Alberto Broch, secretario general de la Confederación de Organizaciones de Productores Familiares de Mercosur Ampliado (COPROFAM)