19 octubre, 2018

El ejemplo de la agroecología para mujeres del nordeste brasileño

María Ana da Silva es natural de Barbalha, Ceará, nordeste de Brasil. Hija de agricultores, desde temprano lidia con la vida del campo, tomando para sí la profesión de los padres. Durante su trayecto de vida, vivió en Barbalha, Crato, Fortaleza y Nova Olinda, siendo esta última la ciudad que permaneció hasta abril de 1991, cuando comenzó el proceso de ocupación del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en el Caldero de la Santa Cruz del Desierto, donde hoy se ubica el asentamiento 10 de abril.

La madre de siete hijos y abuela de diez nietos, doña Ana continúa comprometida en las acciones realizadas por el Asentamiento 10 de abril, como también es actuante en diversas instancias de la sociedad civil, como en el Foro Caririense de Economía Solidaria, en la Asociación Cristiana de Base ACB) y en la Marcha de las Margaritas, importante movimiento social vinculado al Movimiento Sindical Rural coordinado por la Contag, que promueve reinvindicaciones en defensa de los derechos de las mujeres del campo, de las aguas y de los bosques.

Es adepta del modo de producción agroecológica de producción, recibiendo asistencia técnica de los miembros de la Asociación Cristiana de Base, una entidad de Asistencia Técnica y Extensión Rura (Ater), ubicada en la ciudad de Crato, y posee constante apoyo del Sindicato de los Trabajadores y Trabajadoras Rurales de la ciudad de Crato, entidad integrante de la Federación de los Trabajadores Rurales Agricultores y Agricultoras Familiares del Estado de Ceará (Fetraece). Los alimentos producidos en su huerto agroecológico son comercializados tanto en ferias locales, como la Feria de Agroecología de la ciudad del Crato y la Red de Ferias Agroecológicas del Cariri; como también en grandes ferias como la Exposición de los Productos de la Agricultura Familiar del Cariri (Exproaf) y la Feria Cearense de la Agricultura Familiar (Feceaf).

En 2014, recibió del Servicio Social del Comercio (Sesc) el premio Mujer de Fibra, que rinde homenaje a mujeres destacadas en la región del Cariri. Su experiencia con agroecología y su historia de lucha y protagonismo femenino hicieron que se hiciera nacionalmente conocida, siendo su propiedad visitada por innumerables investigadores de Brasil.

Persistencia – La huerta agroecológica de doña Ana está ubicada en el Asentamiento 10 de Abril, en el Distrito de Monte Alverne, zona rural del Crato, Ceará. Este asentamiento está ubicado en el área donde se ubicaba el Caldero de Santa Cruz, comunidad que fue diezmada en 1937. Pasados ​​54 años de esta tragedia, militantes del MST ocuparon el área, que tras mucha lucha y resistencia, se convirtió en el primer asentamiento de reforma agraria del movimiento en la región del Cariri. Dona Ana participó desde el inicio de la ocupación y es una de las moradoras más antiguas de esta comunidad.

En el año de 1991, se sugirió el modo en que la motivación de su experiencia con la agroecología fue el incentivo dado por Fetrace, el Sindicato de los Trabajadores y Trabajadores Rurales del Crato y la Asociación Cristiana de Base, que desde la llegada de la agricultora en el asentamiento, de producción agroecológica como una alternativa de producción. Confiando en las orientaciones prestadas, doña Ana inició su huerto agroecológico.

El inicio de su trabajo con agroecología se dio en una asociación, donde 23 mujeres del asentamiento comenzaron la construcción de huertas agroecológicas. Dona Ana afirma que el trabajo en grupo fue importante, pues ellas no tenían conocimiento sobre el modelo y, a partir del trabajo colectivo, aprendieron juntas. A continuación, llevaron sus prácticas al núcleo familiar. Actualmente trabaja con los familiares en una huerta en su propiedad, pero afirma que le gustaba más cuando trabajaba con el grupo de mujeres. En todo el asentamiento hay más de siete mujeres trabajando directamente con el modelo agroecológico.

En la entrevista, ella resaltó la importancia de la agroecología en el fomento al protagonismo femenino en el campo, afirmando que, al principio, hubo mucha dificultad y resistencia por parte del público masculino, pero, cuando vieron que el modelo era viable, comenzaron a aceptarlo.

La producción – Segundo doña Ana, hay una gran variedad de productos de la agricultura familiar de base agroecológica en su experiencia. Durante el verano, la producción se concentra en verduras (rúcula, lechuga, cilantro) y leguminosas (zanahoria, berenjena, remolacha, etc). Ya durante el invierno, además de la huerta, hay una roza, donde es plantado maíz, frijol, arroz y fava. También afirma que las mujeres son bien adaptadas a la producción, pues poseen el contacto con la tierra desde jóvenes, luego son participativas desde el cultivo hasta la cosecha de los productos.

En cuanto al acceso a las políticas públicas de inclusión productiva, como el Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf), del Gobierno Federal, doña Ana afirma que hace cinco años no logra acceder, pues hubo alteración en las condicionalidades de los programas que dificultan a los asentados de la reforma agraria la adquisición del beneficio. En cuanto al servicio de Asistencia Técnica en Extensión Rural (Ater), el asesoramiento es hecho enteramente por la Asociación Cristiana de Base (ACB), pero también recibe capacitaciones de otros órganos como Fetraece, el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (Sebrae), la Secretaría de Agricultura de la ciudad de Crato y el Sindicato de los Trabajadores y Trabajadoras Rurales del Crato.

El destino de la producción – De acuerdo con doña Ana, los productos provenientes de su huerto agroecológico poseen tres tipos de destino: venta, consumo propio y donación. Parte de su producción es vendida en la Feria Agroecológica de la ACB, que ocurre en el Crato. En el caso de la agricultura familiar (FEC), que se realiza anualmente en Fortaleza, además de comercializarse en ferias de gran tamaño, como la Exposición de los Productos de la Agricultura Familiar del Cariri (Exproaf), que ocurre anualmente en el Crato, y la Feria Cearense de la Agricultura Familiar (Feceaf) participar en las ferias itinerantes de la Red de Ferias Agroecológicas del Cariri, iniciativa de la Incubadora Tecnológica de Emprendimientos Populares y Solidarios (ITEPS) de la Universidad Federal del Cariri (UFCA). Hay también ventas dentro de la comunidad, ventas por encargo y ventas puerta a puerta. Otra parte de su producción está reservada para el consumo propio y para la donación a las familias que necesiten.

Las mujeres participan activamente en el proceso de comercialización, llevando sus productos a los puestos, trabajando en la venta y en la rendición de cuentas. Todo proceso es asesorado por los técnicos de la ACB. En cuanto al acceso a las políticas públicas de apoyo a la comercialización, como el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) y el Programa Nacional de Alimentación escolar, doña Ana relata que, en el pasado, ella y sus amigas suministra alimentos para los programas arriba citados, a causa de retrasos en el pago de los productos, pérdidas relacionadas con los retrasos del equipo en el proceso de recogida de los alimentos, la alta exigencia documental y el valor de la remuneración, tanto ella como las demás mujeres desistieron del suministro.

Resultados y desafíos – Para doña Ana, el contacto con las técnicas agroecológicas fue algo muy importante en su vida. En el caso de que se produzca un cambio en la calidad de vida de la población, se debe tener en cuenta que, Ella afirma que el trabajo con agroecología es el mejor que ha tenido en la vida, pues también nutre a los animales y promueve una buena convivencia con los mismos. Según la agricultora, el trabajo con agrotóxicos trae perjuicios para la salud para el resto de la vida.

Como dificultades enfrentadas en la producción y comercialización de sus productos, Doña Ana cita la cuestión del transporte, tanto para su desplazamiento y para llevar los alimentos a las ferias. Ella relata que además de la feria en que trabaja actualmente existen otras cuatro ferias agroecológicas en la ciudad y que si ella tuviera el transporte sería más fácil participar de las otras ferias.

Otro problema enfrentado por doña Ana es la falta de participación de la juventud en las actividades rurales, citando el ejemplo de sus hijos, que inicialmente la ayudaban en la plantación pero que hoy poseen formación universitaria y anhelaron otros empleos. Actualmente, ella trabaja con su marido y por la edad avanzada de ambos, siente dificultad en realizar sus quehaceres. Sin embargo, ella afirma que no quiere dejar de trabajar: “es dar vida a huerto y la huerta dando vida para mí”.

Como estrategias de superación de las dificultades presentadas, cita la facilidad para la adquisición de vehículos, pero por no saber conducir y no tener condiciones de contratar a un conductor prefiere no expandir su emprendimiento, continuando con los mismos medios de comercialización que posee hoy, citando también el peso de la edad como atenuante de la decisión de mantenerse solamente en la feria donde trabaja actualmente.

Mujer y agroecología – El valor educativo de la agroecología en la vida de las mujeres es resaltado por la agricultora. Ella afirma que el contacto con agroecología le educó, aunque ella no tuviera acceso a la educación formal, y que le permitió intercambiar experiencia con varias personas durante visitas en el asentamiento, en su propiedad e invitaciones hechas por escuelas de la región para que ella exponga sus propias experiencias para los más jóvenes.

El carácter emancipatorio de la práctica agroecológica también fue referenciado. Dona Ana relató que inicialmente su marido era medio verdugo, prohibiéndola de salir para viajar y no ayudaba en las actividades, pero hoy ya la auxilia y no intenta impedir que ella haga sus viajes. También habló que observó en un evento sobre agroecología, que participó recientemente, que la mayor parte del público era femenino, enfatizando lo importante que es esta práctica para las mujeres.

Para ella, la relación entre mujeres y agroecología resulta en libertad, cuidado y preservación del medio ambiente, aprendizaje, autonomía económica y social. Se trató como ejemplo las limitaciones que sufrió durante su inserción en la agroecología, por cuenta de personas que reforzaban las actitudes opresoras de su marido y que, tiempos después, esas mismas personas reconocieron que su decisión fue acertada y trajo mejoras tanto para ella y para la familia de la misma.

Dona Ana señala que no hay muchos desafíos en el desarrollo de prácticas agroecológicas por mujeres en su comunidad porque allí todos son adeptos del modelo. Las reales dificultades en el proceso son de orden ambiental, pues muchos insectos son resistentes a las técnicas de defensa natural y traen perjuicios a la producción. Pero tales perjuicios son mínimos frente a los beneficios que la práctica le proporciona como el hecho de trabajar para ella misma. Como estrategias para superar los problemas listados arriba, ella afirma que la fe en Dios es muy importante, como también perseverar en sus ideales y no dar crédito a críticas sin fundamento.