24 abril, 2019

Dictadura nunca más

Escuela campesina durante la dictadura

En Paraguay, el 2 y 3 de febrero se conmemora el fin de la dictadura de Stroessner, quien fue presidente del Paraguay durante 35 años (1954-1989). Fue derrocado del poder por medio de un golpe de estado; así se puso fin al régimen autoritario y se abrió camino a la democracia. Pero más de tres décadas de tiranía dejaron a 19.862 personas detenidas arbitrariamente; 18.722 personas torturadas; 236 niños y adolescentes fueron privados de libertad; se registraron 17 nacimientos en prisión; 20.814 exiliados políticos; 425 desaparecidos y 128.076 víctimas, conforme a la conclusión la Comisión de Verdad y Justicia. El actual presidente de la República, Mario Abdo Benítez, es hijo del secretario privado del dictador.

Durante muchos tiempos estas informaciones eran mantenidas bajo secreto por sectores afines con el régimen y el Partido Colorado, nostálgicos de épocas en que disfrutaban de superpoderes que les garantizaban impunidad en sus actos. Defienden la dictadura, más bien, para no asumir sus responsabilidades como cómplices de los hechos bestiales cometidos durante el régimen dictatorial más largo y uno de lo más sanguinario de América; el país sufre las consecuencias hasta hoy día como el alto índice de corrupción; la pobreza extrema; educación y salud pobre y la poca infraestructura.

Es inconcebible que, en un sistema de Estado democrático, el gobierno no haya hecho ningún acto recordatorio en la fecha histórica, que se recuerda 30 años de democracia en el país. Parece que el Estado paraguayo no quiere enseñar o quiere esconder de las nuevas generaciones la historia del régimen que oprimía, torturaba, asesinaba y sometía al pueblo, puesto que la historia tiene el propósito de recordar y alertar sobre las consecuencias de los errores del pasado para que no sean repetidos en el presente o futuro.

Lamentamos y repudiamos la decisión del presidente de la República, Mario Abdo Benítez, de festejar el aniversario del Ciudad del Este, fundada el 3 de febrero de 1957 y nombrada Puerto General Stroessner en homenaje al dictador, en vez de organizar cualquier actividad para conmemorar la llegada de la democracia al país. Todos los paraguayos esperaban del mandatario el repudio a la dictadura y una demostración de respeto a los hombre, mujeres, niños y niñas que entregaron sus vidas en la lucha contra el gobierno opresor. Mario Abdo Benítez ha perdido la brillante oportunidad de distanciarse de la figura de su padre, quien fue el número dos de la dictadura stronista-colorada, y de no demostrar la admiración por el extinto dictador.

Consideramos que posición de esta naturaleza no aporta al desarrollo y fortalecimiento del sistema democrático, pues; por un lado, sirve como base de sustento a los defensores del periodo dictatorial quienes resisten aceptar las atrocidades cometidas por el régimen contra el pueblo; por otro lado, renuevan las heridas en las personas que fueron víctimas de la época más cruel de la historia paraguaya. Creemos que, por el bien de la democracia, es necesario la unidad entre todos los sectores de la sociedad durante el proceso de restauración post dictadura que atraviesa el país.

La Organización Nacional Campesina (ONAC), desde tiempos de las Ligas Agrarias Cristiana (LAC), asumió y ha mantenido el compromiso de resistir y luchar contra cualquier sistema dictatorial que privara de derechos fundamentales a las personas a través de la formación, que ha permitido al campesinado tener conciencia sobre la realidad política, económica y social del país. Por la capacidad de comprender la realidad del país, la clase campesina fue considerada como una amenaza por la dictadura y fue duramente perseguida. Muchos dirigentes campesinos fueron torturados, ejecutados, exiliados o han desaparecidos, en memoria y respetos a los compañeros y compañeras víctimas reafirmamos el compromiso de lucha por mantener y fortalecer la democracia y resistir a cualquier movimiento autoritario.