19 febrero, 2019

Parece África, pero es Paraguay: la desnutrición grave se vuelve “normal” en el país

Durante los últimos días, el país está conmocionado por las imágenes publicadas en las redes sociales y noticias difundidas en los medios de comunicación, que al principio se suponía que son cosas que suceden en África, lejos de nuestras realidades. Ciertamente, nadie imaginaba que esté pasando en el país que produce alimentos para más de 70 millones de personas, es decir, diez veces más que su población, sin embargo, la noticia o la imagen —mejor dicho— de dos niñas en estado de desnutrición severa dejaron en estado de shock y causó vergüenza a los connacionales y foráneos con conciencia.

No obstante, la imagen que nos provoca vergüenza y pena, cada día se vuelve como algo normal, ya que unos días atrás una mujer falleció de hambre, en estado de desnutrición grave. Muchos factores pueden ser considerados como las causas del aumento del hambre, en contrapartida a los planes de erradicar ese mal del país. La ausencia del Estado en las zonas alejadas de Asunción, la falta de políticas públicas para la producción de alimentos, concentración de tierras en manos de pocas personas, la pérdida del territorio de la agricultura familiar campesina e indígena, el aumento de la desigualdad entre ricos y pobres, sumados a estas causas están la corrupción y los clanes políticos territoriales de partidos tradicionales.

Para combatir y erradicar definitivamente el hambre y la desnutrición de nuestras realidades será indispensable la colaboración y acción coordinada entre todos los sectores y actores sociales. Pero, fundamental y necesario que haya la voluntad política de los gobernantes; ya no pueden excusarse, en la actualidad, ya está como un hecho real y en proceso de instalarse como normal. Como personas conscientes no podemos actuar indiferente y aceptar como hechos corrientes y comunes y que naturalmente deben ocurrir en las colectividades humanas modernas.

Pero, por otro lado, está el sistema capitalista que busca el acaparamiento del sistema de producción y distribución de alimentos. Igualmente, busca controlar la demanda mediante la promoción de nuevos comportamientos socialmente aceptados basados en el consumismo; según estas reglas de conducta la persona para alcanzar un estatus debe ser un individuo activo en el mercado, en donde ellos —los capitalistas— controlan la oferta. Entonces, el aparato estatal debe funcionar para atender las necesidades de las personas que son consumidores, ya que son las bases del sistema.

Por lo tanto, las clases que no son compradores —autosuficientes—son rechazadas, marginadas y discriminadas por los sujetos de su misma clase —idiota útil— utilizados por el sistema y, por ende, excluidas de los programas o políticas públicas del Estado. La Organización Nacional Campesina (ONAC) siempre ha buscado que el Estado paraguayo sea incluyente y considera que el aparato estatal no puede estar bajo control de un sistema que excluyen a las personas que no pueden explotar o a las que no estén a su servicio, como los agricultores familiares campesino e indígena. Podemos citar o buscar varias causas, pero ya se tiene a vistas las consecuencias del sometimiento estatal al capitalismo salvaje, que finalmente resulta en la causante de los males sociales.