23 julio, 2019

La caradurez en su máxima expresión: sojeros quieren sacar provechos de la ola de calor y la sequía que castiga al país a costas de los agricultores familiares

El Paraguay, desde hace algunos meses, es castigado por la inestabilidad climática, con graves consecuencias para la economía nacional. El país, a mediados del año pasado, fue muy afectado por una ola de frío y heladas, posteriormente, por las excesivas lluvias, vientos fuertes, granizadas y, en los últimos tiempos, por el calor y la sequía. Los fenómenos climáticos no discriminan entre los ricos y pobres; grandes productores y los agricultores campesinos e indígenas. Todos los sectores de la agricultura y ganadería fueron afectados y perjudicados —por iguales— por el desequilibrio del clima.

No solamente las personas del campo sufrieron perjuicios ocasionados por los fenómenos, igualmente, pobladores de la ciudad fueron afectados. Millares de familias fueron obligadas a abandonar sus viviendas por las inundaciones en varias ciudades, consecuencias de las crecidas de los ríos y arroyos. Así también, cabe destacar que, por las crecidas de los cauces hídricos, fueron perjudicados los pescadores, ya que no podían ejercer su labor impedidos por las fuerzas del agua. Además, podemos nombrar a los dueños de lugares recreativos y turísticos, como casas de retiro, camping y balnearios. Estos emprendimientos son responsables de la creación de muchos puestos de trabajos. Pero, los daños más visibles están entre los grandes productores y agricultores familiares.

Por un lado, están los grandes productores empresariales, principalmente los sojeros, quienes se presentan como el motor y sostén económico del país. Ellos, se auto consideran como el santo protector de la economía paraguaya. Tienes todos los apoyos necesarios del sector público y privado. Al hacer un análisis del sistema de producción encontramos que es totalmente mecanizada, a base de agroquímicos que envenenan a personas y animales y contamina el medio ambiente; no producen alimentos de primera necesidad de los paraguayos; emplea a poca gente; además, no pagan impuestos.

Por otro lado, están los agricultores familiares campesinas e indígenas, quienes, a duras y penas, sobreviven y producen con escasos accesos a la innovación tecnológica. Marginados por la sociedad y por los grandes medios de comunicación. Excluidos de los programas y políticas del gobierno. Emplea el sistema de producción sostenible que demanda trabajos manuales, emplea a muchas personas por lo tanto los ingresos generados son divididos entre pobladores de la comunidad; produce y provee alimentos que los paraguayos consume diariamente y pagan impuestos de 0,5% del precio de los productos en estado natural o animales vivos y 10% de impuesto al valor agregado (IVA).

Ahora bien, desde hace algunos meses, los sojeros hacen campaña y han difundido entre los largos y ancho del territorio nacional que, en 2019, la economía paraguaya estará en crisis, porque el Producto Interno Bruto (PIB) disminuirá entre 1 a 2% por la baja producción de soja, desconociendo la figura y la importancia económica y social de otros sectores y, principalmente, la agricultura familiar campesina. Pretenden imponer la imagen del «pobre agricultor» y como los únicos perjudicados por el calor y la sequía, por lo tanto, necesitan el auxilio estatal. Buscan ganar apoyo despertando el miedo a la población, alegan que la baja producción de soja afectará las finanzas y el modo de vida de las personas corriente y común, entonces, para evitar las consecuencias, es necesario la subvención o ayuda del Estado. Tratar de obtener beneficios de la desgracia de otros sectores y a costas de los agricultores familiares demuestra que la caradurez de los sojeros no tiene límites.