23 julio, 2019

Unidad Cooperaria Cololó: una experiencia que aporta aprendizajes hacia la construcción de alternativas para la agricultura familiar

Parte de los integrantes de la UCN° 1

La Unidad Cooperaria Nº1 de Cololó (UCNº 1) es una cooperativa agraria de responsabilidad limitada, asentada en la Colonia Instrucciones del Año XIII (paraje Cololó, departamento de Soriano, en el suroeste del Uruguay).

Se trata de una experiencia de buena práctica que desarrolla un proyecto que aporta alternativas y aprendizajes para la agricultura familiar, haciendo foco en dos elementos claves: la explotación colectiva de la tierra y la cooperación multidimensional.

De tal modo, ha generado conocimiento variado a la hora de pensar prácticas para la producción familiar e incluso a la hora del diseño de políticas públicas, resaltando diversas dimensiones: el individuo, el colectivo y la experiencia cooperativa, la autogestión como desafío constante; el equilibrio de generación de renta y generación-captación de valor agregado y el número de socios; la pertinencia, calidad y posibilidades de articulación con las políticas públicas diferenciadas hacia la AFCI.

Un poco de historia

El proyecto fue liderado por Epimenio Bachini, quien en 1936 había sido promovido como administrador de la Colonia Agraciada (Soriano) en la órbita del Banco Hipotecario del Uruguay (encargado de la colonización en la época).

En 1951 Bachini publicó el libro “La granja orgánica”, que planteaba una transformación del agro uruguayo y de la región a través de experiencias asociativas con un funcionamiento articulado de forma orgánica y que dio sustento al proyecto. Cabe mencionar que desde el comienzo existió un equipo extremadamente calificado en el diseño y planificación del aterrizaje práctico de dicha publicación. La Universidad de la República Oriental del Uruguay (UdelaR) y el Instituto Nacional de Colonización (INC) también participaron activamente.

En ese mismo año se inició en la Sección Juvenil de la Colonia Agraciada, un movimiento formado por jóvenes de las colonias Agraciada y Concordia que se transformó en una Comisión Especial Pro–Granja Orgánica y que se fijó como meta la obtención de los recursos necesarios para la instalación de una propuesta colonizadora, bajo la forma de granja orgánica. Esta comisión estaba encabezada por Epimenio Bachini y contó con el apoyo de la Sociedad de Fomento Rural de la Colonia Agraciada y de la Comisión Nacional de Fomento Rural.

El 14 de setiembre de 1953 se aprobaron los primeros estatutos de la UCN° 1, fecha que se considera su aniversario. Este hecho intensificó las gestiones tendientes a la obtención de tierra y crédito para la instalación de la cooperativa y la preparación del reglamento interno.

El proyecto fue respaldado institucionalmente por dos leyes: una que permitió la expropiación de la tierra donde se montó el emprendimiento (en 1959 el INC entregó la fracción de campo solicitada) y otra que otorgó el crédito para la adquisición del capital inicial para producir.

El principal objetivo que se planteó la UCN° 1 fue la explotación común de la tierra en la forma más intensiva posible; un modelo de colonización agraria en la cual sus integrantes por mutua colaboración participan en forma común del trabajo, en la administración, en la responsabilidad y en los bienes de la sociedad, con la finalidad de lograr un proceso de superación en las situaciones económicas, sociales y culturales de sus miembros.

Desde sus inicios, la estrategia ha sido la cogestión Estado-cooperativa, con distintas etapas, donde el énfasis estaba en un lado u otro. Otro elemento de la estrategia ha sido el conocimiento técnico altamente involucrado y comprometido con el emprendimiento. Además, una alta densidad de relaciones institucionales y organizacionales de soporte en el plano de apoyo a la producción, financiero, gremial y comercial.

Desde el retorno a la democracia en Uruguay, la gestión está en manos de la cooperativa. Desde entonces ha sorteado tres grandes crisis. En estas circunstancias, las estrategias han sido la remoción de integrantes que distorsionan los objetivos, el ingreso de capacidades humanas externas y la renovación y revitalización de la idea originaria, con aplomo económico en las secciones fuertes.

Crecimiento gradual y sostenido

Actualmente, se apuesta al incremento gradual y sostenido de las capacidades individuales y colectivas de gestionar el emprendimiento por parte de todos los trabajadores. La estrategia es que todos sean socios, hacer reglas y procurar cumplirlas, reforzar los órganos de conducción colectiva y la participación consciente de todos los socios en los asuntos, el perfeccionamiento de la administración de todas las unidades de negocio, la coordinación quincenal de responsables de sección como espacio de intercambio, la puesta a punto y proyección de cada sección productiva y la formación permanente en asuntos productivos y asociativos.

Estructura productiva

La cooperativa está dividida en secciones, donde los rubros principales son: agricultura (cereales y oleaginosas), lechería (tambo), agroindustria láctea (elaboración de quesos, dulce de leche, manteca, crema doble, yogur, etc.), cría y engorde de suinos, campo de recría (uno de los primeros del país), ganadería (bovinos de carne y ovinos); existe además una sección de trabajo que, si bien no es productiva, integra a todos los rubros y a la infraestructura de la empresa, que es el área de taller y mantenimiento.

Recorrida por el campo de recría

Componente de educación y cultura

Desde 2007 la cooperativa Tierra que Anda gestiona, con base en la UCN° 1, un Centro de Formación Agraria Cooperativa para el desarrollo de la AFCI. Éste se origina a partir de experiencias educativas con sus trabajadores, productores rurales y jóvenes de procedencia rural y urbana de todo el país.

El proceso ha tenido como marco de trabajo un convenio con el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) y la Universidad del Trabajo del Uruguay (CETP-UTU), así como los aportes de una tesis de grado de Facultad de Agronomía (UdelaR) y la labor del equipo técnico-docente interdisciplinario de la cooperativa Tierra que Anda.

Los cursos se realizan considerando el sistema de organización social y productivo de la UCN° 1. De esta forma, los estudiantes aprenden en un contexto real de vida y trabajo colectivos.

Curso de huerta agroecológica dictado por el Centro de Formación Agraria Cooperativa

Principales recursos empleados

Para llevar adelante todo ello, la cooperativa dispone de: 2228 hectáreas de tierra arrendada al INC, un local comercial en Mercedes (capital del departamento de Soriano) arrendado a la intendencia departamental, 25 personas trabajando, numerosas herramientas de trabajo, silo planta entera, silo grano húmedo, silo aéreo con comederos automáticos. Posee además, 400 cabezas de ganado de carne, 500 hembras en recría (a capitalización), 120 novillos a capitalización, 30 yeguas.

Resultados obtenidos

Ramón Gutiérrez, presidente de la UCN° 1, afirma que lo que definitivamente ha resuelto esta experiencia son los problemas de competitividad por déficit de escala, de productividad del trabajo, de tecnología para producción, de disponibilidad de asesoramiento especializado, de aislamiento rural, de falta de servicios esenciales como la educación, de falta de socialización, de dificultad para el descanso y la licencia, de rutinización de las tareas (siempre hay cosas nuevas por hacer, capacidad de rotar entre secciones, etc.).

Beneficiarios de la experiencia

Los beneficiarios son sesenta personas (16 familias) que viven en la comunidad en torno a la cooperativa. En ese espacio, también existe una casa-administración, una escuela primaria, un casco viejo donde viven dos familias y un salón comunal. Se benefician también, dos familias de la ciudad de Mercedes, a través del trabajo de dos compañeras en el local comercial de la cooperativa, además de los profesionales que trabajan en lechería y agricultura.

Croquis de la agrovilla

 

“A través de la UCN° 1 hemos logrado seguridad económica, casa, alimento y proyección. Además, la organización cooperativa permite el descanso y la licencia. Del mismo modo, existen beneficios indirectos como el equipo docente de la cooperativa Tierra que Anda y los jóvenes que realizan los cursos en nuestras instalaciones, lo que involucra unas 100 personas en el año; o los que devienen de la cadena productiva que integramos: Calmer (cooperativa agraria de Mercedes), Molino Santa Rosa, Cooperativa Nacional de Productores de Leche (Conaprole), así como los consumidores de nuestros productos, que se canalizan a través de la economía social y solidaria”, comenta Ramón.

Así también, se ha generado la posibilidad de tener escuela, cursos de formación de jóvenes, actividades culturales para socializar, de que los jóvenes accedan a una primera experiencia laboral y, eventualmente, se proyecten en la cooperativa.

La cooperativa aporta más de 60 años de experiencia y aprendizajes obtenidos acerca de estrategias asociativas para la producción familiar y de capitalización de oportunidades brindadas por políticas públicas orientadas al sector, especialmente en lo que refiere al acceso y uso colectivo de tierras y cooperativismo.

Aprendizaje adquirido

A nivel económico, la diversificación de las líneas de negocio de la cooperativa tiene el mismo mérito en la disminución de riesgo empresarial que la diversificación de negocios que realiza el gran capital. El presidente de la UCN° 1 explica que el agronegocio diversifica riesgos, invirtiendo en distintas regiones del mundo (minimiza el azar del clima) y en distintas ramas de la economía (financiera, industrial, agropecuaria, servicios).

“La cooperativa permite combinar especialización y diversificación. Cada rubro posee una escala suficiente para tener un equipo humano especializado, tecnología de avanzada y amortizar debidamente trabajo y herramientas. Pero no nos encandilamos por una suba de un precio y abandonamos el resto de los rubros. Hay una apuesta diversificada a largo plazo”, asegura.

Asimismo, la diversificación es parte de un esquema de sostenibilidad de los recursos, en tanto permite la rotación agrícola forrajera, cuyo equilibrio puede moverse de acuerdo a la situación de mercado. Los rubros se mantienen, pero la superficie que cada uno maneja es parcialmente móvil.

Han aprendido, sin embargo, que diversificación es distinto que hacer un poco de todo. Hacer muchas cosas no es un mérito en sí mismo, el mérito de una diversificación consciente debe demostrarse con mayor estabilidad, equilibrio y sostenibilidad en el tiempo. Es decir, que cada línea de negocio de la cooperativa debe cerrar sus números estructuralmente, si bien en determinado período alguna puede funcionar mejor que otra. Tener una caja única no debe impedir un serio trabajo analítico que permita identificar los problemas económicos de cada sección productiva.

Por otra parte, una cosa es diversificar líneas de negocio de la cooperativa y otra es generar fuentes de trabajo. Así pues, hay líneas económicas que pueden ser incubadas por la cooperativa (artesanales) pero no solventadas: se transforman en emprendimientos comunitarios que facilita la cooperativa con su capital inicial e infraestructura, pero que van a riesgo de quienes los llevan adelante. Esto permite que las familias complementen sus ingresos, sin que la organización sobrecargue sus cuentas internas y mantenga, por tanto, una productividad del trabajo razonable para el contexto de competencia capitalista en el que está inserta. Propicia además, el fortalecimiento de la autoestima y la dignificación de las personas que los desarrollan.

Un ejemplo es el proyecto que lideran algunas mujeres de la comunidad, para intensificar un área de turismo rural cooperativo. El grupo nace a partir de una experiencia previa exitosa de una panadería comunitaria llevada adelante por dos integrantes, incubada por la comisión de trabajo de la cooperativa. La UCN° 1 pone el marco y arriesga recursos, pero las interesadas deben protagonizar el trabajo y generar las condiciones para que sea sostenible como fuente de ingresos.

Por otra parte, reconocen la importancia del estímulo económico por resultado, para trabajar con el fin de que los números cierren. “Los estímulos son múltiples. Sin estímulo ideológico, sin estímulo moral, no tendríamos UCN° 1. Pero el aprendizaje histórico del papel de alienación que le cabe a la propiedad pública como a la propiedad colectiva, nos ha enseñado que la responsabilidad individual sobre lo colectivo debe hacerse consciente también en base a una diferenciación parcial en lo económico. Hemos avanzado en un régimen de compensaciones múltiples que denominamos ‘paritario con estímulos diferenciales’, que reconoce antigüedad, responsabilidad y una compensación fija por resultado, de aproximadamente un 12% de la base. Esto impulsa a que el equipo se autorregule y que cada compañero haga lo suyo, pero también deba velar para que todos hagan su parte. Este sistema no estimula a ser los número uno; podemos ser mediocres pero solventes, o ser los mejores, eso no depende solamente del estímulo económico, sino del amor por lo que se hace, de la formación y la fuerza colectiva que se logra en el equipo. El resultado práctico de nuestra ‘economía laboral y comunitaria’ es una comunidad donde la cooperativa garantiza el techo, la alimentación base, la luz y el agua y donde los ingresos individuales son muy similares, pero se mantiene una diferenciación que estimula (sin generar desigualdad) a la mejora permanente”, relata.

“Respecto a lo social, se aplica el principio de membresía abierta. Un trabajador permanente puede ser socio y existe una responsabilidad compartida en el proceso de madurez, que implica la transición de trabajador a socio-cooperario y la consecuente apropiación general del emprendimiento y sus responsabilidades de gestión. Ser cooperativista encierra una obligación moral de promoción de los principios cooperativos, que primero deben ser respetados hacia adentro”, cuenta Ramón.

Y agrega: “toda cooperativa necesita abastecerse de cuadros dirigentes que se hayan ganado por trayectoria y honradez el lugar de representación del interés general. Esos cuadros no titubean al exponerse frente a los asociados a la hora de hacer valer las reglas de juego fijadas por la asamblea. Se precisa abonar la cultura de la participación y la honestidad frente a los problemas y conflictos que surgen, colocándolos arriba de la mesa sin personalizarlos. Aprendizaje social entonces: la formación permanente de los socios y dirigentes para poder asumir los roles de dirección y llevar con ecuanimidad y sabiduría las tensiones internas, cuidando siempre el proyecto colectivo.”

“Por otro lado, nuestra cooperativa limita el número de socios por cada núcleo familiar (dos socios plenos máximo), para que una misma familia no concentre demasiado poder. Esto no significa que una familia pueda tener más miembros trabajando; tenemos familias con cuatro trabajadores, todos pueden acceder a los mismos derechos de participación y retribución económica que los socios, pero solo dos pueden ejercer el voto. Esto asegura que se mantenga el equilibrio de intereses y perfiles, evitando confusiones entre el interés familiar y el interés colectivo”, explica.

Así también, se intenta que el conocimiento especializado se integre a la cooperativa como uno más, sin privilegios y permitiendo que su circulación sea mayor que el asesoramiento tradicional. Se trata que vivan en la comunidad profesionales que ayuden a amalgamar el proceso colectivo, siendo conscientes que la densidad de saberes técnicos, actitudinales y emocionales que implica un emprendimiento de estas características es enorme. Los profesionales se someten a las mismas reglas de retribución que los demás socios, sin preferencias.

Otra buena práctica es la vida en comunidad (asentamiento rural nucleado), que permite un sinnúmero de actividades sociales. Los niños se crían juntos, con una escuela en su propia casa y la contención y ayuda mutua es mayor.

La vinculación de la UCNº 1 con el entorno permite la circulación de un conjunto de personas e instituciones que enriquecen y oxigenan la vida cotidiana y les permiten ir mejorando. Por ejemplo, UdelaR, Comisión Nacional de Fomento Rural, Calmer, mesas de desarrollo rural, escuelas, liceos, grupos de productores y asalariados, etc.

En cuanto a la formación, el Centro de Formación Agraria Cooperativa permite la circulación de grupos de jóvenes estudiantes entre 10 a 15 días al mes en la UCN° 1, generando un movimiento cultural de jóvenes, educadores, docentes y artistas que enriquece la vida cotidiana del territorio, contribuyendo además a la formación de socios y trabajadores en general. Este movimiento posibilita también el acceso directo a formas del arte que en general son sumamente restringidas en el medio rural.

En relación a lo organizacional, se ha establecido una reglamentación para atender los conflictos de interés naturales que surgen en los emprendimientos colectivos.

Para la UCN° 1 es fundamental también que cada órgano tenga vitalidad. Cada socio cooperativista vota de forma secreta varias cosas; para integrar las comisiones puede votar y ser votado, sin lista prearmada. La comisión fiscal comienza ahora a tener un papel más activo en la fiscalización de todos los núcleos duros de la organización y la economía, de modo de acostumbrarse al control colectivo de la propiedad común. La comisión de educación, por otro lado, es la encargada de las becas para estudiantes de secundaria y los cursos de formación para socios y trabajadores.