22 julio, 2019

Lluvia causa alivio en el campo y caos en la ciudad

Después de la sequía y la ola de calor, finalmente vino la lluvia. Las precipitaciones afectaron la mayor parte del territorio nacional, si bien significó alivio para unos, pero causó problemas para otros. En Paraguay, se registraba un periodo de más de cuatro meses de sequía, que afectó a la producción de los alimentos de primeras necesidades. La situación se agravó con la llegada del verano y, en los primeros meses del año, el país fue azotado por una ola de calor, en el periodo se registró índice de altas temperaturas nunca alcanzada. El 23 de enero último fue catalogado como el día más caluroso de la historia, la sensación térmica llegó hasta los 48° C en algunas zonas del país.

Los que más necesitaban y los que más festejaron la llegada de la lluvia fueron los agricultores de la agricultura familiar campesina, caracterizado por una forma de producción primitiva y empírica, son totalmente dependientes del clima para producir alimentos. En Paraguay, los agricultores dicen que no existen políticas de Estado de apoyo a la agricultura familiar, quienes no tienen accesos a créditos, asistencias técnicas, infraestructuras y a tecnologías para adecuarse a los nuevos principios de producción que surgen como consecuencias del cambio climático.

Si bien, la lluvia produjo alivio en el campo, sin embargo, en las grandes ciudades provocó caos y perjuicios. En las grandes urbes se registraron inundaciones, hechos comunes en cada lluvia, que originaron inconvenientes en el tráfico, daños materiales y el corte de energía eléctrica. Las poblaciones más afectadas son de las comunidades ribereñas de los ríos y arroyos, que desbordaron por las torrenciales lluvias registradas en los últimos días. Miles de familias fueron obligadas a abandonar sus viviendas y se instalaron, en los espacios públicos principalmente en las plazas, en precarias construcciones erigidos por ellos mismos a base de materiales desechados.

En el interior del país, los efectos de la lluvia se sintieron principalmente en las carreteras, que dificulta el transporte, pero lo que provocó más perjuicios fueron los fuertes vientos, que en algunas regiones incluso llegaron a más de 100 km/h. Las ráfagas causaron la destrucción de varias casas, totalizando más de 300 en todo el territorio nacional. Los agricultores familiares no sufrieron pérdidas en los cultivos, no obstante, en las comunidades rurales los caminos vecinales fueron totalmente destruidos por los raudales, ya que son terraplenada. No se registraron la caída de granizos en ningún parte del país.

En el Chaco paraguayo, caracterizado por la poca infraestructura, varias comunidades están aisladas y sin comunicación. Además, es imposible llegar a los lugares por vía terrestre que agrava la situación de los pobladores, ya que en la región no se producen los alimentos de primeras necesidades, a excepción de los productos cárnicos y sus derivados, porque la zona no es apta para la agricultura. Los más afectados son los indígenas, cuyas comunidades están en los lugares más alejados.