19 junio, 2019

Si los gobiernos no escuchan a los sectores de la sociedad, no alcanzaremos los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Foto: ©FAO/Giulio Napolitano

En 2015, después de no alcanzar las metas que se conocieron como «Objetivos del Milenio», las Naciones Unidas perfeccionaron la pauta anterior y plantearon un nuevo desafío mundial: la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). De 8 pasaron a 17 objetivos, entre los cuales están la erradicación de la pobreza y el hambre, educación, salud, nuevas dinámicas de producción y consumo sostenibles, acciones contra el cambio climático y preservación de los recursos naturales, mejora de la calidad de vida y respeto a los derechos humanos . El Plan de Acción de los ODSs tiene 169 metas prioritarias a ser alcanzadas en los próximos 15 años, denominada Agenda 2030.

El compromiso de alcanzar las metas de la Agenda 2030 viene siendo debatido en las esferas de gobiernos y sectores de la sociedad, y asumido por muchos de ellos. La agricultura familiar tiene un vínculo con 8 de los 17 ODS, y por eso es estratégica e indispensable para que los gobiernos y las sociedades alcancen las metas hasta el año 2030. En este sentido, es fundamental que los gobiernos y la sociedad tengan plena conciencia y fortalezcan ese importante sector con inversiones y políticas públicas necesarias para su desarrollo. Invertir recursos y fortalecer la agricultura familiar es bueno, pues todos ganan: gobiernos, sociedad y, sobre todo, las familias de agricultores/as. Aseguramos la soberanía alimentaria con alimentos saludables, mantenemos la biodiversidad, luchamos contra las desigualdades sociales y promovemos el desarrollo sostenible de los territorios rurales.

El desafío está puesto en marcha y ahora depende de la sociedad y los gobiernos para que esta agenda se cumpla con éxito y las futuras generaciones disfruten de una sociedad más justa y sostenible. Tenemos mucho que hacer.

Mirando hacia América Latina, el desafío es aún mayor. La pobreza y la extrema pobreza todavía asolan a millones de personas, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL -2018), y explica, con datos, que América Latina y el Caribe son regiones en las que la desigualdad es muy fuerte e inaceptable.

Aunque se ha evolucionado en la reducción de la pobreza extrema del 44,5% en 2002 al 29,6% hoy, no hay que enorgullecerse. Principalmente cuando sabemos, que de esa tasa de pobreza extrema se encuentra en el medio rural, entre las familias agricultoras. Eso es más que números y estadísticas, son vidas que necesitan ayuda para vivir con dignidad y buenas condiciones.

Y es ante este y otros escenarios preocupantes de desigualdad, que organizaciones de la sociedad civil, como la COPROFAM – representando a los agricultores familiares de la región, se posicionan para incidir en los espacios de debate y construcción del Plan de Acción de la Década de la Agricultura Familiar como estrategia para avanzar con las metas de la Agenda 2030.

Nosotros estamos en constante contacto con la realidad de los agricultores familiares y podemos comprender sus demandas y necesidades y, como representantes, proponer a los gobernantes medidas y acciones para la solución de sus problemas. Por eso, COPROFAM está intensificando el debate de la Agenda 2030, identificando prioridades y estrategias de acción que vinculan las metas de los ODS con los siete pilares del Decenio de la Agricultura Familiar y así la luz de la realidad y necesidad de los agricultores de cada país, presentar propuestas concretas capaces de asegurar el acceso a los recursos naturales (tierra, agua y territorio), crédito de costeo e inversión para la producción, agregación de valor y comercialización, servicios de información, tecnologías y asistencia técnica apropiadas capaces de generar el aumento de la producción , productividad, renta y bienestar de las familias.

En este proceso, es indispensable la participación efectiva de los jóvenes y de las mujeres, porque son sujetos promotores del cambio y beneficiarios de los resultados del desarrollo rural que deseamos. Por eso, está en nuestras manos hacer que la sociedad y los gobiernos escuchen nuestra voz y que nuestras propuestas sean de hecho recibidas e implementadas en las esferas gubernamentales en los próximos años en que rige la agenda 2030 y la Década de la Agricultura Familiar. Juntos, seremos más fuertes y podemos construir un desarrollo rural sostenible que beneficiará a la presente y futuras generaciones.