23 julio, 2019

La agricultura familiar campesina necesita de una política de comercialización

‘El intermediario, la persona que no trabaja, pero es la que obtienen las mayores ganancias en la comercialización de los productos de la agricultura familiar campesina. En el mercado local, si un agricultor quiere vender su producción, infelizmente, necesariamente debes recurrir a un intermediario. Es un sistema inhumano, bien estructurado para aprovecharse del sacrificio de una familia agricultora, ya que se paga una suma ínfima por la producción. La agricultura familiar campesina carece de una política de comercialización en el país’, subrayó Gabino Medina, secretario general de la ONAC.

‘En el país, la comercialización es una materia poco desarrollada, prácticamente está estancada en la época medieval. En cada zona hay un intermediario que controla un área de influencia, con el empleo de varias formas de artimañas y aprovechándose de su capacidad económica adquiere a bajos precios los productos. Es bien sabido que la agricultura familiar campesina está prácticamente abandonada por el Estado. Una familia agricultora, que produce a duras penas en forma primitiva, no tiene condiciones de esperar que los precios suban en el mercado para vender la producción por varios factores como pagar el préstamo contraída con una entidad privada para poder producir’, acrecentó Medina.

En la misma línea, acentuó que la falta de una política para superar al intermediario no se debe al principio del liberalismo de que el Estado no debe intervenir en el mercado. ‘Existen grupos influyentes que se benefician de la situación. Es una práctica común que no solo afecta a la agricultura familiar campesina, sino también a los pequeños y medianos actores de todos los sectores productivos. Es una cadena comercialización en que el agricultor familiar sale con pérdidas y los consumidores finales son los golpeados, ya que son ellos los que pagan un precio super elevado por la producción’, señaló.

A modo de ejemplo, empleó la mandioca al que describió como el producto más barato y a la vez, el más caro. ‘Al agricultor familiar se le paga 240 guaraníes el kilo (4 céntimos de dólares), sin embargo, los consumidores finales pagan 12.000 guaraníes por el kilo de la mandioca (2 dólares), es decir entre el precio pagado al agricultor y el monto final abonado por el consumidor registra un aumento astronómico de 5.000 %. El gran beneficiado con el actual sistema de comercialización es el intermediario’, concluyó.

Por otro lado, añadió que la agricultura familiar campesina siempre ha buscado una manera de comercialización directa. ‘La práctica más común es la feria, pero es una forma de comercialización directa a pequeña escala y limitada a ciertos productos específicos de primera necesidad. Otras de las formas probadas es la venta conjunta entre agricultores mediante la conformación de una asociación. En cuanto al cooperativismo, no existe una política de fomento y apoyo para esta clase de organización. Uno de los medios viables son las compras públicas, aunque tiene varias reglamentaciones, presupuestos destinados hasta ahora no se ha aplicado’, explicó.