La Amazonía necesita soluciones urgentes

La semana pasada se celebró, en el día 5, el Día de la Amazonía. Pero la coyuntura que encontramos hoy no nos deja espacio para celebrar. Lo que tenemos son muchas preocupaciones sobre el presente y el futuro de este bioma, que es fundamental para la vida en la Tierra. La Amazonía es un espacio donde se producen fenómenos naturales que son muy importantes para el equilibrio climático del planeta, y aún alberga miles de especies distintas de animales y plantas, así como comunidades indígenas y ribereñas que han estado allí durante muchos años contribuyendo a la preservación de bosque y sus recursos naturales.

La riqueza biológica de la Amazonía siempre ha atraído la mirada codiciosa de aquellos que están dispuestos a todo por dinero. La tierra fértil, los bosques con arboles de maderas nobles, los minerales ocultos, los agentes biotecnológicos, toda la biodiversidad actual y otras riquezas naturales corren un gran peligro cuando estas personas y compañías codiciosas intentan apropiarse de ellas, y para eso practican la deforestación de grandes extensiones de tierra. Todo para establecer estructuras para los agronegocios, sacar minerales con prácticas mineras, vender troncos de árboles talados, entre otras actividades que causan daños irreversibles a la Selva Amazónica, que originalmente tiene 5,5 millones de kilómetros.

Los hechos recientes han alertado sobre los problemas que enfrenta la Amazonía en la actualidad. La gran cantidad de incendios identificados en el último mes, que están fuera del promedio considerado natural para la sequía de la temporada, ha llamado la atención del mundo y arrojó luz sobre las prácticas criminales de los madereros, las empresas mineras y las granjas que explotan la región de manera inadecuada. Hace veinte años no existía una situación tan caótica, que es el resultado de una cadena de eventos políticos hasta que alcanzó el escenario actual, especialmente en Brasil, que alberga el 60% del bosque.

Eventos como los recortes en los presupuestos públicos para las entidades que trabajan con la inspección de las actividades ilícitas, los recortes en los fondos internacionales y el desmantelamiento de las políticas ambientales existentes han llevado a la relajación de los estándares de preservación establecidos, que no han pasado desapercibidos para los sectores interesados en la deforestación con fines de lucro. El resultado de estas acciones son desastrosos para la naturaleza, especialmente en los incendios intensos y difíciles de controlar que han sido criminales y han estado quemando el bosque durante varios días.

Esta situación de negligencia política tiene consecuencias ambientales y sociales muy graves para la Amazonía, que van más allá de los recientes incendios y nos preocupan profundamente. Exigimos que los gobiernos asuman más responsabilidad por las políticas ambientales, trabajen más para encontrar soluciones para combatir incendios y frenar la explotación irregular, y escuchen más a los movimientos y organizaciones de la sociedad civil que luchan por más políticas públicas que contemplen la preservación del patrimonio en armonía con el desarrollo económico y social de las comunidades que viven en la Amazonía. Organizaciones como COPROFAM creen en la gestión sostenible de los recursos forestales y el respeto por las personas que merecen tener una vida digna y paz en sus territorios. El Amazonas es un patrimonio natural de la humanidad y sus gerentes deben respetarlo como tal.