Rebeca Azurín: de víctima de la violencia política a luchadora por la agricultura familiar y los derechos de la mujer

Rebeca Azurín Cáceres, aún tiene fresco el recuerdo de aquel día de 1987, en que, con apenas 15 años, tuvo que abandonar su comunidad, para marchar a un destino incierto en Lima, pues era la única forma de evitar que fuera reclutada por la fuerza por las huestes de Sendero Luminoso para hacerla partícipe de la guerra interna que asolaba el país.

Rebeca nació en la comunidad campesina de Matara, en el distrito de Lambrama, provincia de Abancay, capital de la región Apurímac, una de las más golpeadas por la violencia política después de Ayacucho y Huancavelica. Tuvo que pasar varios años en la capital peruana para lograr ser parte de los miles de retornantes que volvieron a sus comunidades para rehacer sus vidas, esperanzados en promesas gubernamentales que casi nunca se hicieron realidad.

Entonces comprendió que nada sería fácil en adelante; Rebeca, junto a cientos de víctimas de la violencia tuvieron que organizarse en una asociación para ser escuchadas por autoridades muchas veces sordas a sus justos reclamos. Ese liderazgo le valió luego para ser elegida dirigenta de la Federación Provincial de Mujeres de Abancay, FEPROMA; y de la Federación de Mujeres de la Región Apurímac, FEMURA, base de la Confederación Campesina del Perú, CCP.

En estas organizaciones no solo se involucró con la defensa de la equidad de género, sino que comprendió que este era un tema que abarcaba también los ámbitos familiares, comunales y productivos. Y por ello asumió el reto, además de ser parte de la junta directiva de su comunidad de Matara, ser incorporada al Comité Ejecutivo Nacional de la CCP.
Y desde ese cargo, ha asumido el compromiso de seguir luchando por mejorar las condiciones de vida de las familias campesinas de su comunidad, y entiende que la Agricultura Familiar es una oportunidad para ello. “Como mujeres tenemos un rol muy importante, no solo producimos, sino que nosotras nos encargamos de comercializar, de llevar al mercado nuestros productos y vemos como los precios que nos pagan son muy bajos”, afirma Rebeca.

Agrega que “ahora con el Decenio del Agricultura Familiar tenemos una oportunidad para mejorar nuestra producción, sobre todo nuestros sistemas de riego. Para ello, vamos a hacer incidencia también con el gobierno local y regional porque hay que sensibilizarlos para que nos apoyen, para que nos consideren en el presupuesto participativo”.

Sin embargo, tiene claro también que los productores deben mejorar su organización. “Solo con una organización fuerte vamos a poder exigir, solos las autoridades no nos van a escuchar; y yo como dirigenta voy a tocar puertas para buscar mayor apoyo, tal como ha ofrecido el gobierno”, remarca la dirigenta apurimeña, quien ha transitado de la defensa de sus derechos frente a la violencia política a luchar por el desarrollo de la agricultura familiar y campesina.