Apostando por la agricultura sustentable desde la innovación y el asociativismo

Por Francisca Eade
La vida en el campo
Hijo de familia campesina y ya casi llegando a la adultez, Raúl Iturrieta formó una pequeña empresa y durante un año tuvo una experiencia asociativa. Se ubica en la provincia de San Felipe en la región de Valparaíso, a unos 110 kilómetros de Santiago. Eso es una ventaja porque está cerca de los principales mercados de Chile que son Santiago y Valparaíso.
“Yo vengo de una familia de agricultores familiares, mi papá se dedicaba a la producción de hortalizas y legumbres que vendía más que nada al mercado del hogar”, comenta Iturrieta. Después, con la introducción de los frutales en la zona se dedicó a la producción de duraznos conserveros y también a la compra y venta de frutas con las que él abastecía a los mercados de Santiago y Valparaíso. Esa es la historia familiar.
Cuando su padre alcanzó una edad avanzada, él y sus hermanos lo relevaron. Raúl comenzó en el año 90 con la producción de hortalizas y legumbres frescas . Luego, en el año 2000 formó una sociedad para producir en forma conjunta orégano, que era una especie con poca producción en Chile. “Nos asociamos con un grupo de agricultores aquí, formamos la “Sociedad de Agricultores de Putaendo” que se dedicó a la producción de orégano y con un convenio con INDAP trabajamos con asesoría técnica. Nos dieron créditos en la planta de proceso”.
Los agricultores eran más de 30: se comercializaba el producto y se exportaba a otros países en Europa Eso duró hasta el año 2006 donde, dada la rentabilidad del orégano, los importadores empezaron a traer orégano de Perú porque era muy barato. En ese momento el negocio del orégano perdió rentabilidad y muchos agricultores dejaron ese cultivo para dedicarse a la fruticultura. Hoy día muchos de esos pequeños agricultores, cuenta, tienen nogales, duraznos, almendros, entre otras cosas. Eso funcionó pero después nuevamente por problemas de mercado la sociedad entró en insolvencia y muchos agricultores dejaron de producir y cambiaron de rubro.
“Finalmente terminé por irme al rubro de las especias y la fruticultura que es lo que hoy tengo”. En el año 2008 formó una sociedad agrícola familiar y desde entonces se dedica a la producción de especias, frutales y legumbres junto a algunos agricultores de la octava región. El trato de Raúl es el siguiente: ellos le venden legumbres y él a cambio les vende huesillo procesado. Comercializa cerca de 16 toneladas al año, lo que se traduce en su ingreso para vivir.
Raúl cuenta con una planta propia, bien equipada, que reúne las condiciones óptimas de funcionamiento: tiene una superficie de 350 m2, se ubica en la categoría de pequeña empresa familiar, está diseñada para cumplir con los requisitos de procesos en línea de productos agrícolas, cuenta con Resolución Sanitaria Servicio Salud, Sello Manos Campesina Indap y se encuentra en fase de Buenas Prácticas de Manufactura, cuenta con una loza que permite el tráfico de camiones y maquinaria.
El Sello Manos Campesinas es un símbolo que acredita que los productos y servicios generados por pequeños productores a lo largo de todo el territorio nacional cumple con estándares de calidad, además de fomentar el desarrollo económico local de familias campesinas y para Raúl, esto es fundamental. Contar con este sello lo distingue de la competencia como un producto bueno y con atributos de buen nivel. 
Con el paso del tiempo este pequeño agricultor logró ingresar a La Vega Central y al Mercado Mayorista Lo Valledor, el gran mercado donde se comercializa para todo Chile. Las ventas en estos lugares son altas, lo que los convierte en un mercado muy atractivo para pequeños emprendedores. Cuenta que sus productos no tienen problemas; las especias se consumen bastante: como el orégano, el tomillo, el laurel o el ciboulette.
En paralelo comercializa con la industria alimentaria tanto en seco como en fresco. “He logrado cubrir todo El mercado: el más convencional que es La Vega, Lo Valledor y el mercado más agroalimentario y exigente que son las empresas envasadoras”.
Cuenta con una marca que se llama “Aconcagua Naturals” la cual da cuenta de todo lo que es el Valle Aconcagua. Se considera un innovador: “Yo creo que una de las características que tiene que tener la agricultura familiar es que tiene que ser muy innovadora y emprendedora . Innovar en cuanto a procesos, a incorporar tecnología”. Por esta razón planea postular a un programa de INDAP para financiamiento de riego tecnificado aunque, eso sí, va a proponer su propio proyecto.

INDAP es su principal socio y de él ha podido rescatar créditos a bajo precio y asesoría técnica para postular a distintos programas. Sin embargo, para seguir expandiendo su trabajo necesito hoy más apoyo que nunca: “Hoy tengo un problema de agua, de tecnificación, eso necesito… hay necesidades que tienen que tienen que ser adaptadas a los requerimientos de cada productor”. Prontamente va a postular al proyecto de riego de INDAP. En temas de innovación con FIA (Fundación para la Innovación Agraria) tuvo un programa de producción de especias y logró instalar un rubro que no estaba en la pequeña agricultura.
En FIA trabajan “para impulsar la innovación en el sector silvoagropecuario y la cadena agroalimentaria asociada. Entendemos que cuando los y las productores agregan valor a lo que hacen, aumentan su competitividad, lo que impacta directamente en su calidad de vida. Buscamos que la innovación tenga un impacto real en ellos. Para nosotros, la innovación son nuevos o mejorados productos y/o procesos que entregan soluciones a problemas u oportunidades concretas del sector. Estas son soluciones novedosas que difieren significativamente de lo que ya existe y que son puestas a disposición de los usuarios”.
Proyectos
En estos minutos se encuentra trabajando con centros tecnológicos para darle valor agregado al durazno. Esto permitiría hacer un vino espumante, vinagre y utilizar el cuezco de durazno con el fin de convertirlo en un alimento para que no se pierda nada del fruto. 
También trabaja un proyecto ligado a los aceites esenciales. “Hoy hay un mercado bastante amplio de la medicina naturista y tenemos la idea de poder introducir más variedades de especies condimentarias, medicinales, aromáticas como pueden ser la salvia, la menta, introducirlos y darle este valor agregado y convertirlos en aceites esenciales y también que ese espacio la gente pueda visitarlos y conocer cómo se producen y los efectos que tienen en la salud humana”. En el campo ya hay cultivo, Raúl, de hecho, tiene un vivero de especias. Eso está caminando, pero primero tienen que inscribir una máquina que permita la ventilación de los aceites.
Dentro de los desafíos que el agricultor menciona está la búsqueda de un desarrollo de la AFC. Esto es relevante porque todo lo que se produce tiene un impacto en la familia y en el entorno. Para Raúl el objetivo de la AFC debe ser generar calidad de vida: “los productores somos cuidadores del ambiente y los recursos naturales”, señala.
En paralelo menciona la necesidad de contar con asesorías técnicas especializadas con el fin de que cada territorio tenga su expertis productiva de tal manera que los productores puedan adaptarse a las condiciones de agua, clima y tierra para tomar las mejores decisiones productivas.
Otra de las propuestas que Raúl tiene es el tema de la inocuidad y calidad alimentaria. “Hoy los mercados son muy exigentes en cómo somos capaces de tener trazabilidad de nuestros productos”.
Otro desafío es cómo somos capaces de desarrollar modelos comerciales más asociativos, hoy el modelo individualista es el que manda. para eso se requieren programas del gobierno que potencien la asociatividad. “Hoy día no hay ninguna diferencia entre un productor que va y recibe todos los recursos de forma individual y otros que se asocian. no hay incentivos para asociarse”, explica. De acuerdo a él, hay programas muy acotados que potencien esto.

