Ferias costumbristas en el mundo rural: Reencuentro con la identidad nacional y la pertenencia

Cada verano las localidades de todo Chile buscan atraer a los turistas con divertidas celebraciones, fiestas y ferias costumbristas. Oportunidad en que rescatan las tradiciones gastronómicas, el canto, los juegos típicos, la artesanía y el atractivo turístico. Los grupos a través de esas acciones reafirman su identidad local y el sentimiento de comunidad. Y buscan una nueva oportunidad de negocios para sus artesanías y productos agrícolas. Las ferias costumbristas, crisol de las culturas, reúnen músicos, cantores, grupos folclóricos, con espíritu de festividad y solidaridad, se promociona el arte y se viven las tradiciones.
La cultura nacional, quizá por su perfil geográfico, tiene un carácter y una historia estrechamente vinculada al campo. Su identidad está más cercana a la tierra que al mar, más al interior que al litoral, más a la agricultura que a la navegación. La noción de patrimonio intangible o inmaterial prácticamente coincide con la de cultura, entendida en sentido amplio como “el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social” y que, “más allá de las artes y de las letras”, engloba los “modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.
Todo lo anterior, sirve para decir que la agricultura se desarrolla en un paisaje geográfico (campo) y en un espacio cultural (tradiciones). Se trata de una forma de vida, muy arraigada en el alma de nuestra identidad, y que tiene sus códigos, símbolos y tradiciones. La relación del hombre con la tierra genera percepciones, historia creencias y fantasías: un conjunto de tradiciones que debaten su vigencia entre los procesos de globalización y modernidad. La identidad de los países reside en sus mundos rurales. En Chile, la artesanía tradicional encuentra sus principales exponentes en los oficios de la textilería, cestería, alfarería, orfebrería, tallado en madera y tallado en piedra, además del bordado.
Las ferias costumbristas de Chiloé muestran faenas campesinas tradicionales, como la esquila de oveja, maja a vara, confección de husillo, molienda y tostadura de trigo, aserradura a brazo, tiradura de casa con yuntas de bueyes. En los módulos gastronómicos de cada fiesta, se encuentran platos típicos de la provincia tales como chancho ahumado con chochoca, cazuelas, milcaos, yoco, empanadas, roscas y también los clásicos asados de cordero y vaquilla. Miel de abejas, papas nativas, ajo negro y deshidratado, pastas de ajo con especias, artesanía en lana y curtiembre, quesos de oveja.
Actividades como la recolección de productos, la alimentación y ordeña de animales, la producción de alimentos, entre otras, demandan un sinnúmero de acciones e intercambios tanto familiares como comunitarios que se facilitan a través de la creación de objetos artesanales y otros propios de la producción de la agricultura familiar campesina que, en las experiencias de turismo rural, los turistas pueden experimentar.
Cuando las familias urbanas, que acceden a vacaciones, salen a redescubrir las regiones, los campesinos abren las puertas de sus casas para que esa fusión se produzca. Y el mundo rural que siempre está en al ADN de todas nuestras culturas, revive con inusual fuerza. “Tenemos muchas tareas pendientes con la agricultura familiar campesina- reflexiona Orlando Contreras, presidente de MUCECH, pero una principal es visibilizar y revalorizar en la sociedad chilena y latinoamericana, la cultura campesina como fuente de identidad nacional y pertenencia, a través de una estrategia de rescate, difusión, y promoción de sus expresiones culturales del mundo rural con el fin de dotar de una mayor integralidad la intervención que el estado y organizaciones como la nuestra, realiza en procura del mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, apostando con ello a la construcción de una sociedad cohesionada, consciente de sus problemas y realidades, que en definitiva alimenten y sean capaz de contribuir a la generación de una ciudadanía rural empoderada, valorada socialmente y de reconocida”.


