FAA presente en el Seminario Internacional REAF Mercosur Ampliado
El día 25 de marzo, la secretaria de Igualdad de Género, Oportunidades y Derechos Humanos de Federación Agraria Argentina, Marta Aicardi, participó del Seminario Internacional de la REAF Mercosur. El mismo se hizo bajo el título: “Fortalecimiento de Políticas Públicas para las Mujeres Rurales de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena”. Durante el encuentro se expusieron datos sobre la realidad de la mujer rural.
“Se estima que si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, aumentarían el rendimiento de sus explotaciones agrícolas entre un 20 y un 30 por ciento, sacando de 100 a 150 millones de personas del hambre”, se dijo allí.
Las mujeres representan alrededor del 50% de la fuerza formal de producción de alimentos den el mundo y ocupan un rol predominante en la producción de alimentos a pequeña escala, la preservación de la biodiversidad y la recuperación de las prácticas agroecológicas. Según Naciones Unidas en América Latina solo un 30% de las mujeres poseen tierra y apenas el 5% tiene acceso a asistencia técnica. Esto expresa que la brecha más importante en el modelo agropecuario hoy en nuestros países es la brecha de género.
Si bien las mujeres rurales participan de las distintas actividades que competen a la agricultura familiar campesina e indígena, el trabajo de las mismas se encuentra doblemente invisibilizado. El aporte de las mismas se encuentra dividido entre lo que se considera trabajo “productivo” y trabajo “reproductivo”, asociado a las tareas de cuidado y alimentación de las familias campesinas.
Hay una coincidencia en la ausencia de salario para ambas actividades, lo que supone un lugar de pérdida de derechos para las mujeres rurales. Al no ser dueñas de la tierra que trabajan, ni de los bienes inmuebles, también incide en su falta de acceso al crédito al no contar con las garantías tradicionales requeridas. El patrimonio rural en general entonces esta desigualmente distribuido entre hombres y mujeres en la agricultura familiar campesina e indígena.
El trabajo femenino rural tiene escaso o ningún reconocimiento como trabajo en sí mismo y además queda invisiblizado como trabajo valorado dentro de las estructuras de prestigio. La desigualdad retributiva de la valoración económica y social del trabajo femenino es pronunciada en el mundo agropecuario. La dependencia económica de las mujeres rurales con respecto a los hombres se incluye como elemento constitutivo del género en el imaginario en nuestros países.
El modelo agropecuario predominante en la región está atravesado por un fuerte orden de género orientado a la asimetría en la posición entre hombres y mujeres en la generación, circulación, distribución y apropiación de los recursos materiales y simbólicos disponibles. Esto significa un acceso diferencial a la tecnología, el crédito, la maquinaria, la renta, el capital y fundamentalmente la propiedad rural.
Existen estudios que refieren a la relación entre la participación de las mujeres con el nivel de tecnología e intensidad del trabajo usados en la agricultura: los sistemas que solo disponen de herramientas muy elementales son sistemas feminizados (mayor participación femenina). La falta de acceso de las mujeres a la propiedad de la tierra, el régimen económico del matrimonio, los sistemas de herencia y las prácticas culturales explican también la forma y participación de las mujeres en la producción agraria. La situación de vulnerabilidad social, económica y habitacional de gran parte de las familias campesinas hace más intensa la participación de las mujeres (incluso de niños y niñas) en los procesos productivos de producción y reproducción.
La modernización de la agricultura en América Latina ha reducido las alternativas para las mujeres, que no tienen otras alternativas más que elegir entre proletarizarse o emigrar. Solo ven solicitada su intervención donde se valoran los dedos delicados: recolección, selección y empaquetado de frutas, hortalizas y flores; a destajo y solo durante un periodo.
En líneas generales se puede afirmar que el trabajo de las mujeres en la agricultura latinoamericana se concentra en los dos extremos de los sistemas agrarios: explotaciones familiares de subsistencia (indígenas en gran parte) y cultivos comerciales intensivos, que requieren gran cantidad de mano de obra (frutas, hortalizas y flores).
La herencia colonial es en gran parte responsable del dominio de los sistemas “masculinos” con escasa participación de las mujeres, esto es válido en especial para los países templados con agricultura cerealista muy mecanizada con grandes explotaciones como Argentina. La tecnificación y mecanización de la explotación agropecuaria extensiva supusieron la eliminación de la mano de obra “poco calificada”, que generalmente es la femenina. Este proceso explica la emigración rural de las mujeres haya sido elevada.
Las mujeres retienen algunos trabajos agrícolas manuales (como la siembra), la cría de ganado y el almacenaje de alimentos, e incluso el transporte y comercialización de los excedentes de productos alimenticios de primera necesidad hacia los mercados locales. Los hombres por su parte realizan los trabajos relacionados con el arado, controlan y venden los productos destinados a los mercados nacionales o internacionales.
La falta de oportunidades de empleo para las mujeres rurales en los sistemas productivos extensivos y altamente mecanizados ha concentrado la mayor participación femenina en el agro en la agricultura familiar campesina e indígena. Las mujeres perciben una minina parte de los beneficios monetarios, al vincularse a productos poco o nada comercializados. Bajos salarios se benefician de la idea tradicional de que el salario percibido por las mujeres es “suplementario” del salario masculino.
Las mujeres por lo tanto son un factor central en la producción de alimentos, elemento central para el desarrollo de políticas orientadas al plan de lucha contra el hambre y la soberanía alimentaria.
Gran parte de las mujeres de la agricultura familiar, campesina e indígena generan, dirigen y gestionan proyectos propios y asociativos de agregado de valor a sus producciones primarias, tanto en la elaboración de alimentos como en artesanías y otras actividades derivadas.
Tenemos un desafío, poder lograr en este 30 aniversario del Mercosur, una nueva etapa donde las mujeres seamos protagonistas de la integración regional, y donde las campesinas productoras rurales sean protagonistas de la producción de alimentos sanos y seguros para nuestros pueblos. Generar políticas públicas coordinadas entre los países que permitan no solo mejorar la situación de las mujeres de la agricultura familiar, sino también transformar los modelos productivos agropecuarios de nuestros países en modelos más justos y eficientes.
El Seminario Internacional REAF MERCOSUR Ampliado conto con un programa muy interesante.
El mismo conto con la apertura de la primera dama de la República Argentina, Fabiola Yañez, la jefa de Gabinete del Ministerio de Agricultura de la Nación Sra. Diana Guillen.
Luego las disertaciones se dividieron en bloques, en el primero se habló de panorama internacional. Brechas, Derechos y Acceso a Políticas Públicas moderado por Susana Marquez (MAGyP). Como invitadas referentes participaron la Maria Noel Vaeza, Directora Regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe; Rossana Carla Polastri, Directora Regional para América Latina y el Caribe del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA); Claudia Brito Bruno, Oficial de Política, experta en Género e Instituciones Sociales de la FAO RLC.
El segundo bloque se aborda la temática de Políticas, Prácticas y Experiencias, Integración de casos en Políticas Públicas junto a Testimonios de las OAF de Mujeres Rurales. En mismo, se realizó una Introducción al evento REAF e IICA, encuadre y articulación con la Plataforma de Mujeres Rurales, se realizó la presentación del estudio “Brechas de Genero en Instituciones de Ciencia y Tecnología Agropecuaria en América Latina y el Caribe” y luego para finalizar presentación de experiencias por país, que estuvo a cargo de referentes de Organizaciones de Mujeres Rurales y de Gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile y Colombia.
El encuentro finalizó con una síntesis y espacio de participación de las delegaciones.


