La inflación pesó en el bolsillo de los brasileños en 2021
El año 2021 estuvo marcado por el regreso de la inflación, que llegó a 10,06% en nuestro país. Alimentos y bebidas se inflaron 7,9%, luego de llegar a 14% en agosto.
El aumento de precios contribuyó al crecimiento de la pobreza, y sus efectos deberían perdurar en 2022, pese a la proyección de un índice menor por parte del mercado, que habla de 5,3% según el Banco Central. Aun así, el índice debería estar por encima de la meta de 3,75%, lo que llevará al Banco Central a mantener el endurecimiento monetario con la suba de la tasa de interés Selic.
El alza de las tasas de interés, a su vez, debería contribuir negativamente al crecimiento del país, así lo señala un informe del Banco Central, que estima un crecimiento del PIB para 2022 cercano a cero (0,28%).
El mercado laboral también debería sentir los efectos del bajo crecimiento, con un desempleo que se mantiene por encima del 10%, pocos empleos formales creados y una caída de los ingresos erosionada por la inflación.
La tasa de desempleo hasta octubre de 2021 era del 12,1% y el país tenía unos 13 millones de desempleados. Una situación grave para un país que pasó de 2006 a 2015 con tasas por debajo del 10%, habiendo llegado a un mínimo del 6,2% a finales de 2013.
El desempleo y la inflación castigan principalmente a los brasileños más pobres que no tienen un trabajo estable y tienen una renta inferior a la media de Brasil, que hoy es de R$ 2.449, prácticamente el doble del salario mínimo, que en 2022 será de R$ 1.212.
La inflación también influyó en el valor de la electricidad, que duplicó la tarifa general (21%) el año pasado. Pero el gran villano fue el precio del combustible y del gas para cocinar, influenciado por la suba del dólar.
Los precios de alimentos y bebidas, que habían aumentado significativamente a fines de 2020, se enfriaron con el fin de las ayudas de emergencia y la caída de los ingresos de la población.
Entre los 12 rubros que integran el Índice Amplio de Precios al Consumidor (IPCA) y que presentaron mayores incrementos se encuentran el café molido, la yuca, el azúcar, el pimiento, la papaya, la harina de maíz y las carnes.
Ante el continuo y generalizado alza de precios en el país y el hambre que se extiende y acecha nuevamente a las familias brasileñas, es necesario que el gobierno federal piense en una política económica que tenga en cuenta a quienes se encuentran en peor situación y a quienes los más afectados, para que estos ciudadanos brasileños con menor poder adquisitivo puedan tener acceso a alimentos y servicios básicos, como electricidad, agua tratada, saneamiento e incluso internet. Solo desde esta sensibilidad podemos evitar el aumento de la desigualdad y la pobreza que llama cada día a nuestras puertas.
FUENTE: Subsección del Dieese/CONTAG


