DEMANDA MUNDIAL DE ASAÍ (Euterpe precatoria) DESTRUYE LOS BOSQUES DE LA AMAZONÍA BOLIVIANA

La Paz, 14 de febrero de 2022.

El aumento del consumo del asaí en Cobija, La Paz y Santa Cruz y del mercado internacional ha provocado la pérdida de biodiversidad y cambios estructurales en los bosques de la desembocadura del río Acre, madre de Dios de Bolivia.

Durante los últimos diez años, las exportaciones de asaí en Bolivia han aumentado significativamente; Pando es responsable del 95 % de la producción nacional.

El asai, siempre ha formado parte de la dieta amazónica. El fruto redondo de color púrpura, que crece en racimos de palmera (Euterpe precatoria), es consumido prácticamente todos los días por los habitantes de la región. Pero a mediados de la década del noventa, entró de moda en los gimnasios de Puerto Rico y Cobija. La fama de sus beneficios nutricionales –como el hecho de tener gran cantidad de antioxidantes, fibra y alto valor energético– conquistó rápidamente a los consumidores de la región norte de Bolivia.

Con el mundo globalizado en el que vivimos, el ASAI, no tardó en llegar también al mercado internacional. Según los técnicos de IPDSA, en los últimos diez años hubo un aumento significativo en las exportaciones de asaí. Hace una década se vendían al exterior algo más de 5 toneladas. El año pasado, este número pasó a 62 toneladas. Solo entre 2020 y 2021, el sector saltó un 51 %.

Cobija, La Paz y Santa Cruz es el mayor consumidor nacional y también el mayor exportador de la fruta (en forma de pulpa congelada): el 95 % de la producción boliviana proviene de este estado. Para atender la gigantesca demanda interna y externa, el área sembrada, tanto en tierra firme como bajo manejo de llanuras aluviales, pasó de 71 mil a 128 mil hectáreas en diez años.

Sin embargo, toda esta demanda tuvo serios impactos en los bosques de ribera donde se cultiva el asaí, según reveló un artículo científico divulgado en la publicación Biological Conservation. El estudio, que tiene como autor principal al biólogo Madson Freitas, de cobija, cuenta con el aporte de investigadores de instituciones de Bolivia como el IPDSA y otros países, analizó 47 áreas de llanuras aluviales en la región de la desembocadura del río Acre y madre de Dios, en Cobija, donde el manejo del asaí se lleva a cabo.

La investigación señala que, con la tala de árboles nativos en los bosques de ribera para expandir el cultivo de asaí, hubo una reducción en el número de especies y funciones en este ecosistema amazónico, caracterizado por bosques que crecen en las márgenes de ríos fangosos. “Notamos la ausencia de especies típicas de árboles de llanura de inundación en ambientes con monocultivos, principalmente plantas de sombra, que ayudan en el ciclo de nutrientes y albergan especies de fauna como aves e insectos”, cuenta Freitas.

El biólogo explica que la palmera del asaí es una planta acostumbrada a mucho sol y agua, ya que crece en las llanuras aluviales, que sufren inundaciones cada seis horas. Sus raíces son superficiales y necesitan una gran cantidad de nutrientes, garantizados precisamente por la diversidad de especies del bosque y por el ir y venir del río, que trae materia orgánica a la tierra.

“Al eliminar la vegetación alrededor de las palmeras, los ribereños impactan la productividad del bosque. Y sin él, por ejemplo, el número de insectos polinizadores, imprescindibles para la producción de asaí, también disminuye, como ya se ha comprobado en otro estudio de 2018”, añade.

Lo que se hace evidente para los investigadores es la relación causal entre el aumento del manejo para satisfacer la demanda del mercado y el cambio florístico y estructural en el bosque de ribera.

“Los productores comenzaron a ignorar la biodiversidad local. Otras plantas de la llanura aluvial desaparecieron y esto compromete la funcionalidad del bosque en su conjunto. En algunas zonas se tiene prácticamente un monocultivo de asaí, cuando lo normal sería tener hasta 70 especies diferentes de árboles y palmeras por hectárea”, explica Ing. Salvador Villalta.

“Antes del boom del asaí, siempre hubo producción doméstica para satisfacer la demanda local. Hasta entonces, este símbolo de la tradición alimentaria amazónica tenía poco impacto, pero cuando uno gana fama y demanda, la situación cambia”, enfatiza Tuco.

La cantidad no aumenta la productividad.

Una Instrucción Normativa de 2013 de la Secretaría de Medio Ambiente de Cobija determina el número máximo de tallos (troncos) de la palmera de asaí que se pueden cosechar por unidad de área, con el fin de asegurar una producción continua y “no comprometer la población de la especie en los bosques de ribera”. Según la legislación, los pequeños productores deben extraer un máximo de 200 tallos y manejar un máximo de 400 grumos (conjunto de plantas) por hectárea.

Sin embargo, esto no es lo que sucede en la realidad. La investigación dirigida por Madson Freitas encontró hasta más de mil grumos por hectárea en algunas propiedades. Por falta de orientación, muchos agricultores creen que una mayor cantidad de árboles de asaí garantizará una mejor cosecha, aunque no funciona así. “Cuando se conserva parte del bosque, los servicios ambientales funcionan adecuadamente y el volumen y la calidad de los frutos son mejores”, garantizo el biólogo.

En su primer estudio, publicado en 2015, el biólogo demostró que manejar más de 400 grumos o plantas por hectárea reduce al menos el 60 % de las especies de la llanura aluvial. Por ello, la recomendación que se hace en el artículo en Biological Conservation es revisar la instrucción normativa del estado y desarrollar un programa de recuperación forestal con la resiembra de especies nativas. El texto también sugiere que se intensifique la fiscalización y se renegocie el reglamento de manejo entre el gobierno, productores y especialistas.

Alternativa sostenible

En algunas partes de la Amazonía, el manejo sostenible que propone el artículo ya es realidad. Una de las iniciativas que apuestan por esta alternativa es la Institución Publica Desconcentrada para la Soberanía Alimentaria – IPD-SA, en COBIJA, programa en desarro por el Ministerio de Desarrollo Rurral y Tierra – MDRyT

Desde 2019, el programa FRUTOS AMAZONICOS promueve la capacitación de agricultores ribereños en técnicas de producción de asaí de bajo impacto. Los talleres ya se han realizado en más de setenta comunidades de la región y han capacitado entre 1000 y 1500 habitantes. Después del curso, algunos se convierten en multiplicadores de lo que aprenden.

“El manejo sostenible es el más viable y correcto”, declara Herlin Tuco, coordinador de ZONA I y vecino de la comunidad ribereña de Cobija, en el municipio de Santo Mercado, Nueva Esperanza.

“Con él pudimos incrementar la productividad y obtener un fruto de mejor calidad. Pero la gente tiene que valorar más este producto, porque es mucho trabajo y las empresas que compran también deben tener un compromiso social con nuestras comunidades”.

Tuco dice que, en la cosecha de asaí, que se realiza entre mayo y agosto, logra recolectar 5600 kg del fruto por hectárea. Datos del Programa Frutos amazónicos, indican que en las plantaciones de asaí sin manejo sostenible, la productividad ronda los 4500 kg de frutos por ha.

Tuco defiende la mejora de las prácticas de manejo, pero advierte que cualquier discurso sobre sostenibilidad debe tener en cuenta que casi toda la producción de asaí en las llanuras aluviales de cobija la realizan familias de agricultores ribereños.

“Desde el punto de vista económico y social, la alta demanda ha mejorado mucho la vida de los ribereños, sin duda alguna, por lo que cualquier política pública debe de ser cuidadosa”, señala Tuco. “Intentar conciliar la conservación forestal y el desarrollo local mediante el incremento de la producción de mercancías forestales que no sean madera en la Amazonía puede resultar en acciones infructuosas debido a la comprensión limitada de la complejidad de los factores que afectan esta producción”.

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