FICAFE 2025: ¿Una inyección de capital o un café con sabor a deuda social en la Amazonía?

Escribe Nelson Yupanqui Gómez, desde el VRAEM

La IX Feria Internacional de Cafés Especiales (FICAFE) 2025, celebrada en Chachapoyas, Amazonas, del 6 al 9 de noviembre, se ha posicionado, una vez más, como la vitrina más importante para el café peruano. Con proyecciones ambiciosas de generar negocios por más de S/ 53 millones y atraer a más de 25 mil visitantes, el evento es celebrado como un dinamizador de la economía regional y una plataforma clave para la internacionalización de nuestros cafés de alta calidad. Sin embargo, un análisis reflexivo obliga a ir más allá de las cifras de negocio para evaluar su verdadero impacto en el tejido social y económico de la Amazonía.

El enfoque en cafés especiales, aquellos con una puntuación superior en calidad y trazabilidad, es el acierto estratégico de FICAFE. Este segmento es el que genera mayor valor agregado y permite a los pequeños productores acceder a mercados más exigentes y precios más justos, distanciándose de la volatilidad del commodity.

La proyección de S/ 53 millones en negocios (ruedas nacionales e internacionales) y el impacto local de más de S/ 1 millón en Chachapoyas (turismo, gastronomía, transporte) son datos palpables que representan un respiro económico para la región anfitriona. Al reunir a productores, exportadores, baristas y compradores internacionales, el FICAFE facilita el intercambio tecnológico y promueve la adopción de buenas prácticas agrícolas, esenciales para la mejora continua de la calidad. El evento cumple un rol dual, no solo impulsa el café, sino también el turismo en Amazonas, región que alberga atractivos como Kuélap y Gocta. La visibilidad mediática posiciona a la Amazonía como un destino de “ruta del café”.

A pesar de su indiscutible éxito logístico y comercial, el FICAFE no puede ser visto como una panacea, sino como un síntoma de desafíos estructurales aún pendientes en la Amazonía peruana.

Si bien el evento destaca a los cafés de especialidad, el grueso de los 225 mil productores de café en Perú, muchos de ellos en la Amazonía, todavía enfrentan problemas de baja productividad, falta de acceso a financiamiento oportuno, plagas y, sobre todo, la vulnerabilidad ante el cambio climático.

Los caficultores nos preguntamos ¿Los S/ 53 millones en negocios benefician realmente a la base de la pirámide productiva o consolidan el éxito de un grupo ya avanzado de cooperativas? La trazabilidad y el comercio justo son términos que deben traducirse en inversión estatal sostenida en infraestructura (carreteras, electrificación), asistencia técnica permanente y un sistema de seguros agrarios eficiente, no solo en cuatro días de feria al año.

Esta es la euforia económica que generan los eventos como FICAFE corre el riesgo de ser un efecto temporal, un boom que no se sostiene. El verdadero termómetro del desarrollo es la capacidad instalada y la resiliencia económica de la región después de que se desmantelen los stands. ¿Se han implementado mecanismos para que los pequeños productores de Amazonas sigan articulando negocios de forma directa y sostenible fuera de las ruedas de negocios de la feria? La falta de infraestructura logística y el alto costo de transporte continúan siendo barreras cotidianas que limitan su competitividad.

La presencia de organizaciones promovidas por DEVIDA (Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas) subraya el rol del café como pilar del desarrollo alternativo en zonas ex cocaleras. Este es un mensaje potente a nivel internacional. La consolidación de la cadena de valor del café especial es crucial para dar sostenibilidad económica a la paz social y disuadir el retorno a cultivos ilícitos. Sin embargo, esto requiere un compromiso financiero y político de largo plazo que trascienda los ciclos de gobierno. La feria es la celebración, pero el trabajo real está en el campo.

El FICAFE 2025 es un triunfo de la organización y un impulso comercial para el café peruano, reafirmando su potencial en el nicho de cafés especiales. Es una inyección de adrenalina económica que visibiliza la riqueza de la Amazonía.

No obstante, la reflexión nos recuerda que el éxito de cuatro días de feria no puede ocultar las deficiencias estructurales que afectan a la mayoría de los caficultores. El gran desafío es canalizar el entusiasmo y las promesas de negocio generadas en FICAFE para impulsar una política agraria integral que garantice: acceso a tecnología, infraestructura vial y financiación a largo plazo. Solo así el aroma del café especial dejará de ser solo el aroma del triunfo para un selecto grupo, y se convertirá en el perfume del desarrollo sostenible para toda la Amazonía cafetalera.