Carmen Carlini: “queda mucho para hacer por las mujeres rurales”
Carmen Carlini es una de las fundadoras de la Asociación de Mujeres Rurales del Uruguay (AMRU) e integra la Cooperativa Artesanas de Juanicó.
Nació y se crió en el medio rural y actualmente, con 70 años de edad, sigue viviendo en el campo, concretamente en Las Violetas, una zona adyacente a la localidad de Juanicó, en el departamento de Canelones.
Los inicios
Carmen cuenta que AMRU se inició con “unas cuantas mujeres que estábamos trabajando ya en grupo. En mi caso, me presentaron en el Grupo del Área Lechera de Canelones (eran mujeres vinculadas a los tambos); en ese momento le cambiaron el nombre al grupo y lo denominaron Grupo de Mujeres del Área Rural de Canelones, porque ya se estaban incorporando otros rubros, por ejemplo, yo me dedico al rubro de la fruticultura y horticultura. En ese entonces ya existía la Cooperativa Artesanas de Juanicó y me integré con la plantación de hongos y elaboración de jalea de manzanas; junto a Jennie Coates formamos un equipo de venta de todos los productos de Artesanas, que se denominó Nexo Campo”.
Y agrega: “empecé a ver las carencias y el aislamiento que tenían las mujeres. Participar en reuniones, estar en contacto con otras mujeres, me hizo ver que había muchas otras a las que les pasaba exactamente lo mismo que a mí”.
Hay un trabajo “porteras adentro y porteras afuera”. Carmen explica que cuando la mujer trabaja porteras adentro está dedicada a la familia, a los hijos y cuando sale porteras afuera ya está más inserta en todo lo político, incluso lo político institucional. “Así fuimos conociendo mujeres de distintas regiones del país y a Rosario García y Santos, que fue la técnica con la que comenzamos juntas el armado de AMRU. Empezamos a reunirnos en Canelones y a juntarnos con mujeres de otros departamentos, hasta que en 1993 en la ciudad de Tacuarembó se concretó la firma de los estatutos de la asociación, con representación nacional”. En ese momento estaban integradas mujeres provenientes de diez departamentos de Uruguay.
La evolución de la mujer rural y de la ruralidad
Carmen destaca que las comunicaciones han contribuido a la evolución de la mujer rural; “pero hay un debe: ahora todo el mundo tiene teléfono celular, se comunica por Whatsapp, pero yo he observado que no es lo mismo la comunicación personal, el encontrarse con esa mujer cara a cara”.
“La ruralidad en nuestro país ha cambiado, no es el campo de la época en que fundamos AMRU, cuando veníamos saliendo de una dictadura y las necesidades eran mucho mayores que hoy. La gente del campo había comenzado a emigrar a los cinturones de pobreza de las grandes ciudades, esa despoblación del campo continúa hasta nuestros días”, reflexiona.
Otro mundo es posible
Después de mucho tiempo, Carmen ha retomado la militancia en la organización, ya que por razones familiares debió retirarse. “Mantener nuestra organización en este momento está resultando muy difícil, pero no imposible; creo que hay mucho para hacer, todavía hay muchas mujeres aisladas y que necesitan saber sus derechos y hay muchas otras que los conocen, pero no los aplican. Ahora hay otros miedos: en Uruguay se está dando mucho la violencia doméstica; el hombre mata a su compañera solo porque opina diferente o porque quiere expandir sus horizontes y no le es permitido. Antes el objetivo era vencer el aislamiento, el acceso a la salud, al transporte, a la vivienda, ahora se ha agregado la violencia y eso sí que es preocupante”.
Como abuela, trasmite a sus seis nietos que otro mundo es posible: cuidando el medio ambiente, plantando ecológicamente, etc. “Estoy convencida que la cuestión va por el lado de los niños, por la educación; ojalá las grandes instituciones que nuclean a pequeñas instituciones logren entender eso y logren incluir en las agendas políticas el tema de la educación. Si bien es cierto que primero tenemos que educar dentro del hogar, también es cierto que cuando hay políticas que ven eso antes, los padres toman conciencia y van ayudando a sus hijos, es mutuo, es una retroalimentación entre los padres y los maestros”.

AMRU se adentra en una nueva etapa
En relación al rol que ha cumplido AMRU, recuerda que fue “impresionante: se venció en gran parte el aislamiento, las mujeres se conocieron entre sí, se armaron exposiciones y ferias donde intercambiaban recetas y vendían sus productos, técnicos del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) brindaron cursos en conservación de alimentos, gestión, marketing, etc. Estos elementos les permitieron a las mujeres crecer hasta llegar a tener una marca en común, que lamentablemente no funcionó por la coyuntura, porque el gobierno no aportó, porque puso “palos en la rueda” generando más impuestos”, comenta.
Actualmente, en esta nueva etapa de AMRU, uno de los planteos es que los gobiernos flexibilicen la carga impositiva, porque se pierden cooperativas que están insertas en poblados con gente que ha ido a vivir allí expulsada del campo y que ha encontrado una forma de vida, de tener un ingreso para llevar a su casa por lo menos lo mínimo indispensable.
Con esperanza y voluntad “voy a aportar lo que puedo para una nueva etapa, pero en los tiempos que corren sería bueno que se acercaran las mujeres que fueron formadas políticamente, que aprendimos mucho con la dirección técnica de Rosario: a movernos políticamente, a saber dónde pedir apoyo, con quién hablar; eso es importante, yo valoro mucho el rol técnico que desarrollan las instituciones. Es un ida y vuelta, las socias tienen que cuidar hasta dónde llega el técnico, hay un límite en el cual cada uno tiene que respetar al otro y nosotros en esa época fuimos muy respetadas, con un liderazgo fuerte y eso fue lo que nos hizo crecer”, finaliza.
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