Familia Bergia: Una experiencia de ganadería ovina donde la genética, el trabajo de la familia apoyada por el Estado y la capacitación dan frutos
Esta familia cordobesa realizó un cambio importante en el año 2000. Luego de vender el ganado bovino que tenían se volcaron a la ganadería ovina. En 2009 comenzaron una cabaña donde crían raza texel, en la que mejoran día a día la calidad genética con la que ya cuentan, y mantienen una majada general, de la que comercializan su carne. Sueñan con seguir avanzando: en el primer caso, continuar incorporando genética y participando de ferias y exposiciones; y, en el segundo, mejorar sus circuitos de comercialización. Aquí, la historia de los Bergia.
Carlos Bergia es hijo y nieto de productores agropecuarios. Desde siempre su familia tuvo el campo en el que siguen viviendo y trabajando, el establecimiento “La legua”, ubicado en la localidad de Arroyo Cabral, en el centro de la provincia de Córdoba. “Este es el campo donde se instaló mi bisabuelo, en el año 1901 cuando vino hasta Arroyo Cabral, proveniente de la zona de Santa Fe, donde habían estado un tiempo viviendo. Siempre estuvimos acá dedicados a la producción agropecuaria en general. Hubo épocas en que tuvimos muchos caballos, muchas vacas, ahora eso es casi anecdótico, lo fuerte son las ovejas y algunas cabras, pero seguimos haciendo algo de agricultura”, comienza su relato.
Hace cuarenta años, Carlos se casó con Susana, su compañera de vida. Ella no venía de una familia agropecuaria (su suegro era ferroviario), pero él venía del campo y decidieron armar su proyecto de vida en el lote familiar. Comenzaron a desarrollar la actividad agrícolo-ganadera. “Hasta la fecha, hacemos agricultura tradicional, sobre todo maíz, soja, trigo y algo de maní, porque estamos en una zona manicera. Yo lo doy a sembrar y voy rotando, es chiquita esa parte, porque el foco más importante es la parte ganadera. Hacemos producción ovina a través de la cabaña y la producción de carne”, cuenta Carlos.

Comenzaron teniendo una majada ovina pequeña, para consumo propio mayormente. “Teníamos ganadería bovina hasta el año 2000, cuando tuvimos que vender todo. En esa época yo tenía algunos chivos y ovejas para el consumo habitual de la familia. Y en aquel entonces me contacté con otros productores para hacer la esquila de las ovejas… y ya me empezaron a gustar distintas razas, me empezó a interesar para incorporar esa producción a la agricultura que veníamos haciendo y bueno, ya no paramos más. Siempre hicimos chacra mixta”, recuerda Bergia.
Luego, empezaron a comprar vientres, con el objetivo de producir carne y realizar venta. También fueron adquiriendo algunas cabras, con genética, de raza boer, que es carnicera. “Hacemos un poco de todo, pero lo que más nos identifica es la cabaña ovina, que nació en el 2009 cuando sumamos reproductores y ovejas raza texel”, detalla y precisa: “Entonces seguimos en la producción ovina y a la par de la cabaña hay una majada que es para la producción de carne, cuya producción colocamos en las diferentes localidades de la zona. En el caso de las hembras se venden como majada de reproducción de plantel general”.

En relación con las ovejas texel, el 2009 fue el puntapié inicial de esta actividad, cuando empezaron a hacer genética por absorción, es decir que partieron de una oveja ‘base’, que es la primaria, que luego se fecundó con un carnero puro de pedigree raza texel. Esa primera cruza hizo que la cría fuera cambiando de categoría. Así, pasaron de la base a la preparatoria, hasta llegar a la tercera fase que es la de texel controlada, es decir, un ejemplar puro por cruza. De ese modo llegaron a tener la primera categoría de genética para la venta registrada en la raza.
El nombre de la cabaña es “Pichi Maicono”, que en idioma ranquel significa “pequeña Paloma”, y remite una historia de la zona, que narra el amor entre Dorotea Cabral y el cacique Cañumil, inmortalizada en una canción de Félix Luna y Ariel Ramírez que cantó Mercedes Sosa[1]. El establecimiento está en el campo de la familia. En él trabajan Carlos y Susana junto a Mariano, su hijo menor, que es médico veterinario, y un empleado, Germán Albera, que los ayuda. “Tenemos cuatro hijos: Renato, Melisa, Virginia y Mariano. Todos se criaron acá y hacen actividades relacionadas de algún modo con el sector. Renato hace inspecciones de higiene y seguridad, de hecho, es el que las realiza en nuestro campo; Melisa es Ingeniera Agrónoma; Virginia hace Comercio Exterior y es quien nos ayudó en la gestión de una importación de genética que hicimos, y Mariano es el que está más cotidianamente aquí, ya que es el profesional que está a cargo del control y sanidad de los animales, porque hizo la especialización en pequeños animales. Por eso está habilitado para hacer el control, análisis y todo lo que haga falta aquí”, cuenta Susana y agrega: “Tenemos siete nietos, seis varones y una nena, y está en camino otro bebé, de Mariano”.

Cuando comenzaron con Pichi Maicono, ya estaba vigente en todo el país la ley ovina nacional 25422[2], que provee de fondos y créditos para que los productores puedan desarrollar la actividad. Cuenta Carlos: “Pudimos acceder a ese aporte, a través de la Unidad Ejecutora Provincial (UEP) de Córdoba; eso nos permitió seguir avanzando tanto en la infraestructura (yo hice galpones y corrales) como en la introducción de genética necesaria para la cabaña. Fue algo muy importante, es una ley muy positiva para la actividad, porque es difícil ir a un banco a pedir un crédito para criar ovejas, porque no te lo va a dar nadie. En cambio, este crédito te permite adquirir infraestructura, pastura, genética, plantel de madres o reproductores”. Y precisa: “Tiene un año de gracia y devolución a 5 años a valor de la producción; es decir que es un crédito accesible, que se puede devolver. A nosotros nos ayudó mucho para empezar. Y ahora tenemos intención de volver a solicitarlo, para la compra de un ecógrafo, que nos permitiría tener un mejoramiento en el manejo de los animales, para detectar previo al parto si es de un cordero o dos corderos y de esa manera hacer un manejo en pastura acorde a la necesidad de la madre”.

Esa política pública les dio el primer empujón que necesitaban para comenzar su emprendimiento. Y con el paso del tiempo, fueron mejorando al capacitarse, siempre en busca de más y mejores oportunidades para su emprendimiento. Lo resume Carlos: “Mariano aportó en virtud de lo que aprendió para obtener su título, en la Universidad de Río Cuarto. Yo asistí permanentemente a cursos de capacitación en la cría del ovino. Por un lado, a través de la cooperativa La Alborada, de Marcos Juárez (asociada a Federación Agraria), que tiene una sección ovina. Allí hemos hecho cursos, también un programa de análisis y parasitosis, que es el problema que genera mortalidad en las ovejas e hicimos un plan de análisis. También tomamos cursos a través del ministerio de Agricultura de Córdoba y otros de esquila, organizados por la secretaría de Ganadería de la provincia”.
Un camino a la excelencia
El proceso el mejoramiento genético que realizan en la cabaña les permitió desde hace cinco años poder comenzar a participar de distintas exposiciones a nivel provincial especialmente. Allí exponen sus ejemplares y continúan tejiendo redes sociales que son de mucha importancia para la familia. “Afortunadamente hemos tenido un muy buen reconocimiento por nuestro trabajo. Hemos obtenido muchos premios, lo que hace que se nos haya dado mucha visibilidad como productores, tanto a nivel provincial como entre cabañeros, a nivel nacional. Además, ese periplo de las exposiciones me ha hecho participar en diferentes encuentros de cabañeros texel, por lo que hoy soy el presidente de la Asociación Argentina de Productores de la raza. Así que nos enorgullece este reconocimiento que confirma que vamos por un buen camino”, relata Carlos.

En el año 2019 consiguieron, a través de la Fundación del Banco de Córdoba, a un crédito de Fondagro[3], que emplearon para la compra de genética del Uruguay, es decir que importaron genética para la cabaña. “Se trata de un crédito corto, que tiene un año de gracia y se devuelve en 12 cuotas sin interés. Nos ayudó porque nos permitió incorporar pedigreé a la cabaña, con la ayuda de mi hija Virginia, que colaboró en los trámites de Comercio Exterior”, detalla Bergia.

A la fecha, de la cabaña obtienen los reproductores que presentan en exposiciones y los venden como tales, para que otros productores puedan incorporar esa genética en sus campos. “Estamos satisfechos, porque el año pasado en las seis exposiciones que fuimos obtuvimos los seis grandes campeones, es un reconocimiento al trabajo de excelencia que queremos lograr”, cuenta con algarabía.
Pero no todo es genética… otros desafíos de comercialización
Los Bergia siguen haciendo agricultura, que la comercializan a través de la cooperativa. En cuanto a la ganadería, destinan los animales de la majada general a la venta comercial de carne; es decir, de los corderos faenados para el consumo, a través de una cartera de clientes con la que cuentan. “Todavía hay mucho por hacer en este sentido”, cuenta Carlos y detalla: “Estamos trabajando en la posibilidad de hacer faenas en frigorífico y en el abastecimiento de bocas de expendio, pero todavía no está desarrollado para volcar por ese canal la comercialización de carne. Como hay que mejorar la gestión comercial, hicimos gestiones y a través de la secretaría de ganadería del Ministerio de Agricultura de la provincia, desde el año pasado se implementó un sistema de subsidio de fletes para faenar en frigoríficos. Varios productores nos hemos agrupado para llevarlo a cabo, de modo que llevan el animal a un frigorífico que está a unos 300 kilómetros de acá y lo devuelven a cada productor para que después cada uno pueda venderlo. Esa política nos sirvió de apoyatura para avanzar en la formalización, pero hay mucho por hacer por ahora”.

Aún queda por delante articular el trabajo con la implementación de bocas de expendio para comercializarlo a través de un sistema formal.
Exportando lana argentina al mundo
Fue también a través de la cooperativa Alborada que hace unos años junto a un grupo de productores lograron exportar la lana por vía de Uruguay. “Si bien nuestra majada es nutrida para la provincia, si no nos asociamos a través de alguna entidad, como en este caso la Cooperativa Alborada, o como puede ser la cámara de productores ovinos de Córdoba, que también integro, sería muy difícil hacer negocios como este de la lana, porque la producción argentina va prácticamente el 100% a exportación. A través del programa nacional Prolana[4], el Estado te subsidia parte del proceso del lavado y el peinado de la lana, pero después el volumen que se puede colocar en el mercado interno es una parte muy chica de lo que se produce. Por eso exportamos vía Uruguay, que tiene bien aceitado el negocio de la exportación, según sé la envían a China”. Este proceso lo llevan adelante desde hace cuatro años, de manera exitosa. Además, en 2011 también tuvieron otra experiencia de exportación de lana, esta vez a través de la Cooperativa Regional Ovina y de Producciones Alternativas (CROYPA) de Alta Italia, también de FAA. En esa ocasión se reunieron con productores de la localidad de Ing. Jacobacci, provincia de Río Negro.
Otra política pública que los ayudó a crecer: las BPAS de Córdoba
Los Bergia participan desde la primera edición del Programa de Buenas Prácticas Agrícolas de la provincia de Córdoba (BPAS)[5]. “El programa cuenta con un sistema de puntos que se asignan a través de varios ítems y nosotros aplicamos en todos. En cuanto a la producción agropecuaria, hay aspectos como el asociativismo, análisis de suelo, capacitaciones, forestación, rotación y siembra de pasturas, producción pecuaria, todos son ítems que van dando puntaje. Es con toda la producción que hacemos en el emprendimiento. El dinero que nos dieron a través del programa lo usamos como un ingreso y lo aplicamos a rentas generales, es decir no hicimos algo puntual o específico que se pueda detallar, pero nos ayudó en el manejo del emprendimiento, para cubrir las necesidades habituales que tenemos”, detalla Bergia.

El vínculo con Federación Agraria Argentina
Carlos llegó a Federación Agraria Argentina a través de su pertenencia a dos de las entidades de base de la entidad: por un lado, a través de la filial local de FAA, y por otro, por la cooperativa. Con su trabajo allí llegó a ser director nacional de la entidad, a lo largo de diez años. “Ya no soy director, pero a la fecha soy el presidente de la filial de Arroyo Cabral. Además, represento a la entidad en diversos ámbitos como por ejemplo en el caso de la Unidad Ejecutora Provincial Ovina de Córdoba, donde participo. Allí se evalúa cada una de las solicitudes de crédito que se presentan y, si reúne las condiciones, se recomienda su otorgación”, relata el federado.
Asimismo, por su rol en la entidad llegó a integrar el clúster quesero de Villa María, del que es presidente desde hace seis meses. “Esto se vincula directamente con la Cooperativa de Arroyo Cabral, yo asisto en representación de los productores agropecuarios, a las familias del campo. Al clúster llego por FAA; en aquel momento era el director todavía, y recibimos la invitación para conformarlo. Entonces hablé con Buzzi que era el presidente en ese entonces y desde ahí represento a la FAA. Allí buscamos defender la producción láctea en los momentos de crisis del productor, por lo que pretendemos que el clúster pueda guardar en su cámara la producción, para que luego puedan venderla en mejores momentos comerciales. Hemos hecho un desarrollo de infraestructura, hoy está instalado en el parque industrial de Villa María y cuenta con una cámara de maduración de 2200 mts cuadrados, es bastante importante. Pretendemos hacer dos alas más, similares a esa. Apuntamos a que una buena parte de la producción láctea de la provincia de Córdoba pueda volcarse al clúster, ya sea en la cámara de maduración (para estacionar el queso) o para la elaboración de un queso Olayón, que sería la marca propia del clúster, a la que le tenemos que buscar un nicho comercial y aún no lo hemos implementado. Yo no produzco en mi campo leche, pero tengo esa representación”, detalla.
El trabajo cotidiano en el campo
Carlos y Susana trabajan de manera conjunta en el emprendimiento familiar. Por la mañana, él va a la Cooperativa de Arroyo Cabral, a cumplir su rol como tesorero, mientras ella lleva adelante las labores que se necesitan. “También hago todo lo que tiene que ver con el banco, hacer trámites, la parte administrativa, que es algo que me gusta. Pero también ayudo en la cabaña, en especial para prepararnos para las exposiciones y acompañarlos a cada una. Porque siempre se ven cosas nuevas, se tienen nuevas experiencias y se cosechan nuevos amigos”, relata Susana.

Y añade Carlos: “Nos dividimos los trabajos, así como también la relación con nuestro empleado, que es el que se dedica exclusivamente al cuidado de los animales, al que está atento en el momento de los partos, en la preparación para las exposiciones, entre otros temas. Sin dudas, también es muy importante el rol de nuestro hijo en la parte profesional y sanitaria de los animales”.
Por su parte, Mariano precisa sus funciones, que se han modificado un poco en el marco de la pandemia: “Por un lado, me dedico a la parte de redes sociales y la difusión. Estoy pendiente de publicar, promocionar, trata de vender mediante las redes. Esto porque ahora estoy trabajando en Santa Fe y con el aislamiento dispuesto por el Covid-19 puedo volver poco a Córdoba”.

Y continúa: “Por lo general hago el seguimiento sanitario de los animales, reviso el estatus sanitario libre del establecimiento, tanto de brucelosis, tuberculosis; llevo controles de parásitos que permiten saber cuándo es el momento óptimo para desparasitar, por ejemplo. En cuanto a lo genético, es un trabajo en conjunto que hacemos con mi padre y hasta con mi madre, para ir seleccionando las hembras para la reposición que van a quedar en el establecimiento. O también en el momento de la compra de algún macho, vemos qué necesitamos en la cabaña para mejorar lo que tenemos. También hago el seguimiento de los animales y trato de capacitar al empleado para que pueda manejarse. Esto ha sido muy importante en estos tiempos, cuando uno no puede estar tan seguido, porque permite que él esté capacitado para responder ante un parto dificultoso, algún prolapso no tan grave o ante otros inconvenientes. Eso implica un trabajo adicional, pero finalmente facilita mucho las cosas”.
Sobre el futuro y las expectativas
Apenas realizada esta consulta, Carlos esboza una mirada muy interesante: “Para los que tenemos 63 años, quizá el futuro no sea de tantos años, pero lo que siempre aspiramos es al desarrollo del sector agropecuario, de los pueblos del interior, a través de las políticas públicas. Por eso es importante la participación del Estado en cada una de las políticas, que pretendemos que sirvan para el desarrollo del país, que nos permitan brindarle un mejor bienestar a nuestros hijos, pero también a todos los argentinos. En lo personal, yo ratifico mi compromiso de seguir en esta producción que tiene un alto sentido social, porque eso es lo que está detrás de lo que hacemos: querer alimentar al ser humano en el mundo”.

Cuando se le pide especificar en relación con su emprendimiento, reflexiona y agrega: “Varias cosas ya las expresé, como poder comprar el ecógrafo, mejorar los canales de comercialización, pero en general aspiramos a tener un producto de excelencia. Creo que también lo hacemos para que la gente pueda ver en esta producción una oportunidad de desarrollo de su actividad. Aspiramos a que haya un crecimiento, porque a los que nos gusta la ganadería estamos ante una excelente oportunidad para desarrollar esta actividad, quedarse en sus pueblos, para que podamos tener un país federal, una calidad de vida a través del trabajo en el interior. Esta es una actividad que se puede desarrollar, porque no es de las más caras en la inversión, es decir que se puede iniciar, genera mano de obra, genera arraigo y eso va a permitir tener una Argentina más justa y menos concentrada”.
Mariano agrega: “En esta época de pandemia, la principal expectativa es que todo pase, para volver a la normalidad. En cuanto a la cabaña, esperamos seguir creciendo, trabajando fuerte como venimos haciendo, a pasos lentos pero firmes. Porque no es un trabajo tan fácil, tener buenos animales requiere mucho tiempo, pero en ese camino estamos… Pensar en el futuro es interesante porque creo que la genética uruguaya que incorporamos hace poco nos va a dar un golpe genético importante, tanto a nosotros como cabaña como para realizar un trabajo conjunto con otros cabañeros y seguir peleando por la raza texel, para que siga creciendo y conquistando el corazón de otros productores. Así, apostamos a crecer nosotros y a seguir conquistando a otros productores, para que la raza logre en Argentina estar a la altura de otros países de la región, como Brasil o Uruguay, que la vienen trabajando bien y tienen excelentes animales”.

Posteriormente añade: “Pensando en general, también tengo la expectativa de que se vayan elaborando y aprobando protocolos vinculados con el tema de la importación de material genético, ya sea embriones o semen. Porque hoy hay muchas limitaciones, por el estatus sanitario de algunos países, entonces sería importante avanzar con esto para poder ir abriendo más mercados, para no quedar encerrados en la genética propia e ir abriendo nuevas líneas genéticas, que sirvan para otros productores. Esto creo que es un poco lo que venimos haciendo en este emprendimiento familiar”.
Por su parte, agrega Susana: “En particular, cuando vamos a las exposiciones conocemos mucha gente, se logran relaciones humanas muy lindas a través del trabajo con el ovino, con los visitantes, con los otros cabañeros. Hay todo un mundo de mucha camaradería, mucha solidaridad entre los productores, y eso hace al mejoramiento de las relaciones humanas. Porque cuando estás solo trabajando en el campo no podés desarrollar esto, pero esta actividad, cuando salís a mostrarla, te abre muchísimas puertas a nivel humano”.

Y sintetiza con pocas palabras el espíritu que estuvo presente a lo largo de todo el relato de la historia de los Bergia: “Ojalá podamos llegar a tener en la cabaña cada vez más animales de muy buena calidad, y poder seguir trabajando todos en familia, como lo venimos haciendo hasta ahora. Ese es el principal sueño que tenemos”.

Caso escrito por Vanina Fujiwara, corresponsal de COPROFAM en Argentina
[1]Dorotea la cautiva https://www.youtube.com/watch?v=gdF3yQj3Jyc
[2] La norma fue sancionada el 4/4/2001. Según establece la ley en su art. 1, está “destinada a lograr la adecuación y modernización de los sistemas productivos ovinos que permita su sostenibilidad a través del tiempo y consecuentemente, permita mantener e incrementar las fuentes de trabajo y la radicación de la población”. Ley completa: http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/verNorma.do?id=66876.
[3] El Fondagro “tiene como objetivo incentivar, fomentar y desarrollar, a través de las acciones que se consideren más eficientes, el sector agroindustrial; la sanidad y calidad vegetal, animal y alimentaria; el desarrollo territorial y la agricultura familiar; la investigación pura y aplicada y su extensión en materia agropecuaria y pesquera; y las producciones regionales y/o provinciales en las diversas zonas del país”. Fuente: https://www.argentina.gob.ar/agricultura/fondagro
[4] “El PROLANA es un Programa nacional creado con el propósito de asistir al productor lanero de todo el país para el mejoramiento de la calidad de la lana, de su presentación y condiciones de venta. Ha sido desarrollado por organismos públicos y privados, nacionales y provinciales, y se instrumentó a través de la resolución 1139/94 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación (SAGPyA) en diciembre de 1994”. Fuente: https://prolana.magyp.gob.ar/
[5] “El Programa Provincial de Buenas Prácticas Agropecuarias tiene como objetivo incentivar a los productores agropecuarios para que implementen prácticas que fortalezcan la sostenibilidad del sistema agroalimentario. Asimismo, posicionar a la Provincia de Córdoba como una referencia en la adopción regular y sistémica de BPAs en el sistema de producción, contribuyendo al desarrollo sostenible”. Fuente: https://www.cba.gov.ar/programa-provincial-de-buenas-practicas-agropecuarias-bpas/
Etiqueta:agricultores familiares, boer, bpas, cabaña, caprinos, casos de éxito, cluster lechero, córdoba, FAA, Federación Agraria Argentina, genética, lana, ovinos, pequeños y medianos, pequeños y medianos productores, políticas diferenciadas, políticas públicas, productores caprinos, productores ovinos, texel


