Yachachiqs en Tamburco: un pequeño proyecto de capacitación productiva

Antecedentes

La región Apurímac se encuentra ubicada en la zona surandina peruana, en cuyo territorio predomina una abrupta geografía que se caracteriza por sus valles estrechos y profundos que configuran frías mesetas altiplánicas, altas cumbres y variados climas que incluyen periodos lluviosos cada vez más irregulares, producto del cambio climático.

A pesar de esas duras condiciones que configuran un alto riesgo, en Apurímac aún sigue predominando la pequeña producción agropecuaria que ejercen mayoritariamente los miles de familias productoras que conforman las más de 470 comunidades campesinas reconocidas oficialmente.

Esta producción que se sustenta en pequeños sistemas de agricultura familiar, es fundamentalmente de sobrevivencia pues en Apurímac como en la mayoría de la región andina, se carece de políticas públicas concretas que apoyen de manera directa a las familias productoras.
Por ello el rol de promoción de la agricultura familiar lo terminan asumiendo las ONG que cuentan con apoyo de la cooperación técnica internacional; o en el mejor de los casos, a través de pequeños proyectos o programas específicos y puntuales de algunas de las municipalidades distritales de la región.

Es en este contexto, en que el Programa Sierra Productiva, una iniciativa promovida por la Confederación Campesina del Perú, CCP, y la Federación Departamental de Campesinos de Puno, FDCC, con el apoyo del Instituto para una Alternativa Agraria, IAA-Cusco, impulsan un proyecto para fortalecer las capacidades de las familias productoras.

El proyecto se denominó “Yachachiqs en Tamburco” y se desarrolló durante ocho meses. Tamburco es una de los distritos la provincia de Abancay, cuya ciudad del mismo nombre es la capital de la región Apurímac.

Allí, 30 familias abrieron sus puertas, sus brazos y sus corazones para que los Yachachiqs, que son los promotores campesinos formados por Sierra Productiva, puedan capacitarlas poniendo en práctica su orientación de “aprendiendo haciendo” con la aspiración de que este proceso pueda ser replicado a más de 80 distritos en siete provincias apurimeñas.

Los primeros encuentros

Los resultados de Sierra Productiva se han venido difundiendo en todo el país y ha despertado el interés tanto de líderes, familias productoras y comunidades campesinas, así como de autoridades locales. Por ello, el primer acercamiento de Sierra Productiva convocó, además de los líderes y lideresas, a alcalde distrital de Tamburco, a sus regidores y al gerente municipal.

Un aspecto que privilegia Sierra Productiva es el carácter participativo de las propuestas; por ello, un siguiente paso fue convocar a una asamblea general en la municipalidad de Tamburco donde las familias productoras pudieron conocer las características y bondades de las 18 tecnologías que ejecuta Sierra Productiva y los impactos que generan su aplicación en la producción familiar.

En esa asamblea, también se anunció la disposición de una entidad cooperante internacional apoye la iniciativa, siempre y cuando se cuente con el compromiso de la municipalidad y sobre todo delas familias campesinas que participen del proyecto.

Asimismo, se fijó el número de 30 familias que inicialmente serian parte del proyecto y se definieron las cinco tecnologías en que capacitarían los Yachachiqs.
Tecnologías novedosas y sostenibles

Consensuados los acuerdos y aprobados los principales compromisos; seleccionadas las 30 familias –que en el transcurso del proyecto aumentaría a 41- y definidas las cinco tecnologías, también se conformó el equipo de Yachachiqs, que se encargaría hacer realidad el proceso de fortalecimiento de capacidades.

Salvador Merma, Alan Bellota, Eloy Berna, Alodia Lazo y María Pinchi, forjados en las canteras iniciales de Sierra Productiva, fueron los Yachachiqs elegidos para esta nueva experiencia en la que una vez más, compartirían con un grupo de familias campesinas la implementación de cinco nuevas tecnologías que les permitirían capacitar haciendo para mejorar sus productividades, derrotar la pobreza y avanzar al progreso.

Las nuevas tecnologías innovadoras sobre las que se impartiría la capacitación fueron la implementación de reservorios unifamiliares, huerto fijo para el cultivo con 13 variedades de hortalizas y 7 plantas aromáticas y medicinales, manejo de suelos a través de la práctica mecánica de terrazas para camas de cultivo de hortalizas y de pastos asociados, elaboración de compost como abono orgánico principal y transformación para crear valor agregado.

En tanto la capacitación se realizaba de manera abierta en cada una de los terrenos de las familias seleccionadas, en el proceso podía sumarse muchas otras familias que luego replicaban estas tecnologías en sus parcelas y podían comprobar los cambios cualitativos y cuantitativos que se producían en su producción.

Por ello, muchas nuevas familias que participaban voluntariamente de la capacitación no solo se interesaban y pedían incorporarse el proyecto, pero las limitaciones económicas del mismo, no permitían disponer de los materiales e insumos que se requerían para la implementación progresiva de las cinco tecnologías.

Sin embargo, once nuevas familias tomaron la decisión de aportar sus propios equipos, semillas, y otros insumos que se requerían para participar de manera activa en el proceso de fortalecimiento de capacidades y replicar todas las tecnologías, por lo fueron incorporadas formalmente al proyecto con lo que se pasó de 30 a 41 familias beneficiarias.

Fueron 7 meses de arduo trabajo de acompañamiento a las 41 familias en los que Yachachiqs, en base a la metodología “de campesino a campesino” contribuyeron a mejorar la disposición de agua, a comprobar las ventajas de un huerto fijo cuando se maneja que una adecuada cédula de cultivo; la importancia de ganar nuevos terrenos aplicando prácticas mecánicas, las ventajas de disponer de abonos orgánicos aprovechando todos los insumos que dispone la propia familia reduciendo su dependencia externa y las mejoras de los ingresos familiares con la transformación y el valor agregado de sus productos lácteos.

La participación y el compromiso de actores solidarios

La experiencia del programa Sierra Productiva en otras regiones del país ha dejado lecciones claras: salir de la pobreza y avanzar al progreso no es una tarea sencilla, sobre todo en un país en el que la agricultura familiar y campesina, y en general el agro orientado al mercado nacional, carece de políticas públicas que impulsen su desarrollo.

Por ello, desde el inicio del proyecto se buscó involucrar a diversos actores tanto públicos como de la cooperación técnica, para que sumados al esfuerzo y compromiso de Sierra Productiva y sobre todo de las familias de Tamburco, constituyan la sinergia necesaria para lograr los resultados previstos.

Un porcentaje importante de los recursos para implementar el proyecto lo facilitó una institución de cooperación de Alemania, la Fundación Internacional Siemens Siftung, cuyo espíritu solidario con este tipo de iniciativas se resume en su misión institucional: apoyar a personas que enfrentan los desafíos de nuestro tiempo de manera y proactiva y responsable.

La participación de la municipalidad distrital de Tamburco fue decisiva tanto en asumir su rol de promotor del desarrollo como gobierno local como en apoyar con la logística que demandaban determinadas acciones previas a la implementación del proyecto como la ejecución de diagnóstico rápido de las fuentes de agua del distrito.

Asimismo, fue importante el liderazgo que la municipalidad asumió en la convocatoria a las familias productoras y la identificación con el proyecto. Tanto el alcalde, los regidores, así como los principales funcionarios como el Gerente Municipal, acompañaron con visitas frecuentes las actividades desarrolladas por las familias del proyecto.

Sin duda que los actores principales y sin los cuales no hubiera sido posible el proyecto, han sido las 41 familias que se comprometieron y creyeron en la iniciativa, sumándose con dedicación y compromiso a todo el proceso de capacitación, llevando a la práctica todas las tecnologías y compartirlas entusiasta y solidariamente con las restantes familias productoras del distrito de Tamburco.

A todos estos actores se sumaron la experiencia, la solidaridad y el compromiso, y sobre todo las ganas enormes del equipo de los cinco Yachachiqs que Sierra Productiva asumieron una vez el reto de compartir solidariamente toda esa sabiduría acumulada a lo largo de muchos años con familias ávidas de nuevos conocimientos y nuevas prácticas.

Los primeros logros

La familia de Luis Condori, antes del proyecto producía unos 20 litros de leche fresca que vendía a una pequeña planta procesadora local. Con la instalación del riego por aspersión pudo incrementar sus pastos asociados lo que mejoró la alimentación de sus vacas. Al concluir el proceso, Luis duplicó su producción de leche, y con la capacitación para transformar y dar valor agregado, empezó a producir yogurt que comercializó en la feria semanal de la ciudad de Abancay cada fin de semana.

Tomasa López, quien disponía de dos vacas mejoradas de raza Holstein, tenía que comprar todos los días el pasto para asegurar una mejor producción de leche. Con las nuevas tecnologías que incorporó en su parcela, a partir del riego tecnificado, pudo cultivar los pastos mejorados necesarios. Sus vacas mejoraron la producción de leche y ella dejó de gastar en compra de pastos.

Cecilio Chipana, antes del proyecto tenía apenas nueve cuyes que criaba artesanalmente. Con las innovaciones del proyecto, pudo construir un galpón para crianza tecnificada de cuyes, aumentó su producción a 43 y su objetivo era ampliar a una camada de 100 cuyes hembras en producción para lograr a una saca programada que le permita incrementar sus ingresos familiares.

Juan Carbajal y su esposa, es una pareja de adultos mayores que pertenecen al programa Social “Pensión 65” que antes del proyecto tenían un huerto en el que solo producía lechuga y acelga para su alimentación familiar. Con la innovación de huerto fijo con riego tecnificado, llegaron a producir hasta 13 especies de hortalizas, que no solamente ha mejorado su alimentación sino también mejorar sus ingresos con la venta en los mercados de la ciudad de Abancay.

Por su parte, Germán Peña y Maricruz, son una pareja de jóvenes convivientes que disponían de un terreno que estaba prácticamente abandonado. Cuando fueron seleccionados para el proyecto, lograron instalar el riego tecnificado e iniciaron el cultivo de flores como gladiolos y margaritas, que también comercializaron en Abancay, mejorando notablemente sus ingresos.

Son algunas de las historias de familias que no solo creyeron en las posibilidades de las novedosas tecnologías de un pequeño proyecto, sino que pusieron empeño, sacrificio y mucha fe en sus potencialidades, y asumieron el compromiso de ser partícipes de una experiencia que ha abierto muchas esperazas a otras familias no solo de su distrito sino de la región Apurímac.

La esperanza de grandes resultados

Este pequeño proyecto aspiraba a desencadenar grandes cambios e impactos en la región Apurímac. Los primeros resultados del proceso de capacitación se han ido traduciendo en algunos cambios que han incidido en mejorar, por ejemplo, la transformación de lácteos, superando algunas prácticas inadecuadas.

En el actual contexto de cambio climático el mejorar la disposición de agua es fundamental para las familias productoras. Por ello, este ha sido uno de los resultados que hay que resaltar del proyecto, pues se cuentan con 41 nuevos reservorios unifamiliares que les permiten acumular un volumen de 1,560 m3 de agua por año, que se utilizan de manera eficiente a través del riego tecnificado.

El proyecto a través de la metodología “De campesino a campesino”, ha posibilitado también ampliar el área de terrenos destinados a la producción de pastos cultivados en una extensión total de 8 hectáreas, que además contribuyen a retener agua de lluvia para inyectarla al subsuelo y repotenciar los manantiales o puquiales con lo cual mejora la disponibilidad de agua no solo para uso productivo sino también para consumo humano.

Esta metodología de capacitación de “aprender haciendo” aplicada a la transformación para crear valor agregado, tuvo su mejor expresión en la producción de queso, en la que de manera práctica y participativa, se detectó y superó una práctica inadecuada aplicada por las familias en el uso de uno de los insumos (el cuajo), que les permitió incrementar notablemente la producción de queso. Se pasó de usar 20 litros de leche y obtener un queso de medio kilo a obtener tres kilos de queso.

Sin embargo, a estos logros concretos hay que sumar otros resultados imprevistos y las promesas y ofrecimientos de replicar el proyecto en otras provincias de la región Apurímac, que se espera que se hagan realidad, superada la actual situación de emergencia sanitaria y las dificultades que implica conseguir los recursos financieros.

Visto el impacto de los talleres de capacitación para mejorar la transformación de queso, la municipalidad distrital de Tamburco financió un curso de cuatro días dirigido a 500 señoras de los programas sociales Vaso de Leche, Comedores Populares y otras asociaciones vecinales. Asimismo, el proyecto fue visitado por delegaciones de cinco de las siete provincias apurimeñas en pasantías integradas por lideresas, autoridades locales y representantes de otras instituciones de la sociedad civil.

La Corporación Financiera Internacional, IFC, del Banco Mundial tomó como referencia este proyecto para la convocatoria a un proyecto en comunidades de dos provincias apurimeñas –Cotabambas y Grau, ubicadas en el entorno de la zona del proyecto minero Las Bambas, el más grande del país.

De igual manera, el proyecto aprovechó la oportunidad de capacitar a las familias protagonistas en cultivos con certificación ecológica y 18 de ellas fueron seleccionadas para recibir la certificación que otorga el Sistema de Garantías Participativas, SGP, mediante la Municipalidad Distrital de Tamburco y un instituto especializado en el tema.

Así se ejecutó “Yachachiqs en Tamburco”, un pequeño proyecto en un emprendedor distrito de la provincia de Abancay, en la región Apurímac, que encarna la esperanza de un modelo para una política pública que promueva la agricultura familiar; un esfuerzo conjunto que aspira a grandes resultados y que ha impulsado nuevas iniciativas, muchas de ellas aún a la espera de su realización…para continuar aprendiendo haciendo…para derrotar la pobreza y avanzar al progreso.