Una mujer campesina es un amor de persona y no merece sufrir ningún tipo de violencia
La violencia es un fenómeno recurrente en todas los estratos sociales de la sociedad paraguaya, que se presenta y se materializa de diferentes formas, puede ser física, psicológica o verbal, pero el resultado es el mismo. La violencia causa dolor a la víctima; provoca sufrimiento en el ámbito familiar y produce el rompimiento de la vida armónica en una comunidad. En áreas rurales, la violencia mayoritariamente tiene como víctima a la mujer campesina.
Todas las personas deben ser feliz en su vida, pero ninguna persona puede gozar de felicidad viviendo en medio de la violencia. La razón de la convivencia humana en sociedad es la búsqueda del desarrollo comunitario para el bien estar personal, más la violencia hace imposible lograr tales objetivos. Cualquier tipo de violencia es destructiva a la sociedad, impide el desarrollo a la comunidad y a las personas le roba la felicidad.
Un país esta formada por una población, dividida en clases o sectores. En Paraguay, entre las clases sociales se resalta el sector campesino, que corresponde a poco más del 39% de la población. La base de este segmento de la población es la mujer campesina por las funciones que desempeña en la familia, en la comunidad, en la economía, en lo político, social y cultural. No obstante, la sociedad paraguaya en general todavía se resiste a reconocer el papel que desempeña y el aporte de la mujer campesina para el desarrollo del país.
En las comunidades rurales, la mujer realiza todas las actividades al igual que los hombres: cuida de los animales y de las plantaciones desde la siembra hasta la cosecha, la venta de la producción, además recae sobre ella el cuidado del hogar, la crianza de los hijos, un trabajo que inicia en horas de madrugada y termina a altas horas de la noche durante los siete días de la semana y 365 días del año. A pesar de todo, muchas mujeres campesinas también tienen que soportar mal trato, acoso y violencia física en su día a día.
Es inadmisible, inaceptable, intolerable e incomprensible cualquier tipo de violencia hacia una mujer campesina paraguaya, que, por su dedicación al trabajo, a la familia, a la comunidad y por su aporte para el desarrollo del país, demuestra ser un amor de persona. Pero, la mayor parte de la sociedad paraguaya, caracterizada por un sistema patriarcal rígido, no está lista para esta conversación y todavía prefiere dar la espalda; cerrar los ojos y oídos a este problema social.


