Alto nivel de corrupción irrita a la ciudadanía a un punto en que las autoridades no pueden ni salir en las calles

Salir a caminar en los lugares públicos; asistir a eventos sociales, culturales, deportivas y de ocio son actividades comunes en la vida de las personas, pero aparentemente estas situaciones normales del día a día están prohibidas a las altas autoridades paraguaya, a raíz del elevado grado de irritación de la sociedad a consecuencias del alto nivel de corrupción, como comprobó el ministro Jefe de Gabinete de la Presidencia de la República, Juan Ernesto Villamayor, durante el pasado fin de semana.

‘‘Quien sabe lo que siembra no teme a lo que cosecha’’ en un dicho popular utilizado por las autoridades del Paraguay, quienes además frecuentemente recurren a pasajes bíblicos para desestimar los reclamos de los ciudadanos principalmente sobre el alto grado de corrupción en el país, afirmando que la mayor parte de la sociedad demuestra aprobación de la gestión realizada por la actual administración y los supuestos hechos de corrupción son invenciones de la oposición que financia a un grupo de agitadores sociales para embaucar a los pobres a participar en manifestaciones con el fin de desestabilizar al gobierno.

Sin embargo, el último sábado (13 de febrero), a vísperas del día de los enamorados, el ministro cuando se preparaba a compartir una cena en un lujoso y exclusivo local gastronómico de Asunción recibió “caricias” por parte del público del lugar, con gritos de ladrón, badulaque, corrupto y antipatriota. El hecho pasó de los insultos a los golpes, entre Villamayor y uno de los presentes, que obligó al ministro a abandonar el local. Lejos de una condena social, la ciudadanía aplaudió la violencia y la persona que aplicó un golpe de puño al ministro convertido en un héroe nacional.

Aunque nada justifica la violencia, más es importante tener en cuenta algunos factores del incidente ocurrido el fin de semana. Es un acontecimiento que afecta a una alta autoridad del país, que administrativamente representa el segundo hombre del Ejecutivo. El lugar supuestamente es frecuentado por la más alta clase, considerada la élite de la sociedad paraguaya. Estos elementos indican que el descontento y el aumento de la irritación, sobre todo por el desesperante nivel de corrupción, son sentimientos presentes en todas las clases sociales.