Productores de Canelones consolidan exportación de calabacín a Europa
Un grupo de productores integrantes de la Sociedad de Fomento Rural Los Arenales, en el departamento de Canelones, han apostado a la exportación de calabacín a Europa. Este plan de trabajo comenzó a ejecutarse hace varios años y contó desde sus inicios con una gran participación de jóvenes gremialistas.
Yanina Curbelo, directiva de la SFR, contó que la propuesta surgió hace nueve años, cuando, a través de un ingeniero agrónomo que asesoraba a esta entidad de base de Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR) se enteraron del interés de una empresa exportadora por contactar a grupos de productores que quisieran producir calabacín con destino al mercado exterior. A partir de ese momento se le propone a un grupo de jóvenes comenzar a trabajar en ese sentido, junto a otros productores de la zona.
“Esa experiencia fue muy positiva en aquellas épocas y a partir de ahí llevamos nueve zafras ininterrumpidas, donde año a año ese grupo va teniendo algunas rotaciones, no son siempre los mismos productores los que participan y hay un número de productores que se mantiene año tras año. Siempre se hace un llamado abierto a todos los socios que quieran participar”, explica Curbelo.
Una vez que se sabe cuántos productores van a participar se hace una estimación de qué superficie se quiere producir, y cuál pudría ser el volumen disponible. Se acuerda con la exportadora, que releva las posibilidades de colocación y negocia en el mercado europeo el producto que se cosechará. De acuerdo a la información proporcionada por Curbelo, hace tres años se empezó a armar un plan de negocios que ha ayudado al trabajo de los productores, mejorando los resultados. Para viabilizar esta iniciativa, en el plan de negocios se incluye un componente de subsidio, otorgado por la Dirección General de la Granja (Digegra), lo que ha representado “un gran apoyo, y la verdad que un cambio importante, que se ve en la parte económica”.
“La posibilidad de poder sacar un determinado volumen de producción en una determinada época”, sin tener que preocuparse por el almacenamiento y la conservación del producto, generó el interés de los productores, afirmó la dirigente gremial, considerando además las dificultades de colocación de mercadería en el mercado interno.
Respecto a los precios, Curbelo enfatizó que el plan de negocios y el subsidio del gobierno hacen que el negocio sea viable. Aunque el precio obtenido por el producto exportado no siempre sea mejor que el que conseguirían en el mercado interno, el abatimiento de los costos logísticos y de comercialización, son un diferencial muy importante.
A nivel de predios, sostener y consolidar el canal exportador implicó incorporar tecnología y promover un sistema productivo que permitieran obtener un producto homogéneo y de excelente calidad. En este sentido, Curbelo informó que en la última zafra obtuvieron un importante volumen, “más de diez camiones con zorra (acoplado)”, de los cuales, el 90% tenía calidad exportable. Este dato permitiría definir como muy buena a la última zafra, considerando que otros años –por razones climáticas fundamentalmente- el porcentaje de producto exportable fue de apenas el 50%.
La mercadería remanente se destina al mercado interno y se comercializa mayoritariamente en el Parque Agroalimentario (ex Mercado Modelo), a través de comisionistas. No obstante, la organización de productores se plantea consolidar un canal comercial alternativo, que genere más rédito que el convencional.
Aunque aún no se tienen los precios definitivos para el producto exportable en 2021, Curbelo consignó que es esperable que cada productor perciba un ingreso bruto de entre siete y ocho pesos por kilo (unos 16 a 18 centavos de dólar americano por kilo). El monto del subsidio otorgado por la Digegra no es fijo, aunque puede afirmarse que oscila en el eje de los 7 pesos por kilo. En resumen, el precio obtenido por kilo de calabacín se sitúa ente los 14 y los 15 pesos. A esta cifra se le deben descontar todos los costos productivos y el flete hasta el packing para calcular lo que finalmente será la ganancia del productor.
Sobre la organización y ejecución de las tareas cotidianas, Curbelo remarcó el trabajo colectivo y la disposición de los productores a ayudarse, “cuando algo se nos complica hay uno al lado”, y recordó algunas anécdotas que validan la afirmación precedente. Entre ellas, evocó una ocasión en que la cosecha en un predio fue realizada por todos los integrantes del colectivo, porque por un quebranto de salud el productor no podía realizarla.
Uno de los aspectos a destacar, es que esta iniciativa fue generada y desarrollada esencialmente por los propios productores agrupados, sin recibir más que en ocasiones puntuales, el apoyo del gobierno departamental o del nacional.
En cuanto a los desafíos para afrontar en los próximos tiempos, la dirigente gremial sostuvo que se pretende potenciar esta experiencia, incorporando nuevos rubros a la oferta exportadora. De hecho, narró, este año se enviarán muestras de otra variedad de zapallo, a ver cómo la evalúan los compradores. Sin embargo, la idea no es restringirse a este solo canal de comercialización hacia el exterior, o al menos al destino europeo. Los productores integrantes del grupo anhelan colocar frutas y hortalizas también en el ámbito regional.
Zapallos en Uruguay
En Uruguay se cultivan y comercializan varias especies o tipos de zapallo, todas pertenecientes a la familia de las Cucurbitáceas y al género Cucurbita. Tanto el zapallo criollo como el calabacín tienen su origen en América Central y del Norte. El Kabutiá es un híbrido obtenido a partir de dos especies (C. Máxima y C. Moschata), también de origen americano, pero desarrollado en Japón.
El cultivar más importante en el país es el de kabituá, que representa más del 60% de la producción, seguido por el calabacín (casi 30%), ocupando el tercer lugar el criollo, con alrededor del 10% del total producido.
Los calabacines más apreciados en el mercado local son aquellos de forma cilíndrica, con un diámetro levemente inferior en la mitad más próxima al pedúnculo. Su color debe ser anaranjado uniforme, sin zonas verdes o blancas.
En castellano también se conoce al calabacín como coreanito o anquito; en portugués se lo denomina moranga, no habiendo término guaraní para identificarlo.
Etiqueta:CNFR, comercialización, exportación


