AF con los pies sobre el suelo

Producto del cambio climático y la estructura de propiedad de la tierra y el agua, muchos factores impactan en la vida humana y en la preservación del planeta. Nuestro actual proceso de transformación de la sociedad y redacción de la Carta Magna de nuestra nación obliga a todos los sectores a incidir en la agenda pública de los constituyentes para que sus demandas específicas sean reconocidas en el cuerpo legislativo. Enriquece la discusión y la toma de decisiones estar informados de la mejor manera acerca de las variables que inciden en el desarrollo del sector, razón por la cual socializamos documento elaborado por CIPER y el académico Pablo Cornejo Rivas, Ingeniero Agrónomo y Doctor en Biología Agraria.

El mundo rural experimenta como nadie esos cambios. Para mitigar el efecto invernadero algunos proponen una economía verde y energías limpias. Sobre este último aspecto Chile ha hecho importantes avances, pero que, producto de diversas trabas e intereses, no ha logrado avanzar de la misma manera en materia de suelos. Desde la agricultura familiar campesinas muchas voces dirigenciales han reclamado acerca de la inseparabilidad de suelo y agua, como así mismo lograr instalar en el cuerpo legislativo que comienza a redactarse, que el agua sea considerada como bien social.

Tal cual ocurre con el agua, en el caso de los suelos la Constitución actual consagra un “mercado medioambiental”, que permite que los “problemas asociados a este recurso correspondan al derecho de la propiedad privada, favoreciendo su libre apropiabilidad y la libertad de empresa para su uso”- como señala el investigador.

“Llevamos años caminando por los problemas y esperanzas del mundo campesino y la agricultura familiar campesina. Ciertamente que los aportes que hacen el mundo académico a los elementos imprescindibles para que se produzca agricultura son de gran valor. Esto sucede con la cátedra de Agricultura familiar campesina que hace pocos días abrió la Universidad de Chile para las escuelas relacionadas. Por eso, socializamos y sistematizamos para nuestros pares y socios documentos de esta naturaleza”- señaló Orlando Contreras, presidente de MUCECH.

Las plantas nutren todo un mundo de criaturas en el suelo, que a su vez alimentan y protegen. Esta amplia y diversa comunidad de organismos vivos mantiene el suelo sano y fértil. Este vasto mundo constituye la biodiversidad del suelo y determina los principales procesos biogeoquímicos que hacen posible la vida en la Tierra.

La Conferencia de la FAO aprobó unánimemente el Día Mundial del Suelo en junio de 2013 y solicitó su aprobación oficial en la 68ª Asamblea General de la ONU. En diciembre de 2013, la Asamblea General de la ONU respondió al designar el 5 de diciembre de 2014 como el primer Día Mundial del Suelo. Este día fue oficialmente reconocido en memoria del Rey de Tailandia Bhumibol Adulyadej, monarca fallecido en 2016 que autorizó oficialmente el acontecimiento y que fue uno de los grandes promotores de esta idea.

Hace algunos años el Profesor Winfried Blum, presidente de la Sociedad Internacional de la Ciencia del Suelo (IUSS), mencionaba: “El agua se bebe, el aire se respira, pero el suelo no se come; solo intuimos que nos alimenta indirectamente”. Chile es uno de los pocos países de la OCDE que al presente no cuenta con una Ley de Protección de Suelos.

El académico Pablo Cornejo Rivas, Ingeniero Agrónomo y Doctor en Biología Agraria, profesor de la Universidad de La Frontera, director del Centro de Investigación en Micorrizas y Sustentabilidad Agroambiental e Inv. Asociado de CRHIAM, señalaba en el documento “Proteger nuestros suelos: otra tarea pendiente”. El cambio climático y las deficientes prácticas de manejo agrícola y forestal han degradado, erosionado y contaminado vastas superficies de suelos productivos en Chile, lo que nos tiene en una situación tan crítica como ocurre con la escasez hídrica- explica.

Para mostrar en profundidad el problema señala:

  • Para el 2050 se estima que la superficie disponible de suelo se reducirá a la mitad, con lo que se hace imposible producir alimentos para una población proyectada de 9.000 millones de personas (FAO-ONU). La única alternativa es incrementar significativamente los rendimientos de los cultivos, que en suelos cada vez más empobrecidos es prácticamente imposible. O buscar otro planeta.
  • Los cambios en las dietas de la sociedad contemporánea exigen un uso muy intensivo del suelo, principalmente por el aumento de la demanda de carne y productos lácteos, que se traduce en incrementos de más de 1.000 millones de toneladas de cereales y 200 millones de toneladas de productos ganaderos para el 2050.
  • Finalmente, la inequidad sobre el acceso al suelo no resulta ser muy distinta a la que se observa para las riquezas financieras, ya que mientras el quintil más acaudalado de la población dispone del equivalente a productos generados por más de 5,5 hectáreas para cada persona, el resto del mundo sólo dispone de 1 a 2 ha/persona. Esto se ha visto ejemplificado en nuestro país en la acumulación de suelos por pocos inversores, que se puede llegar a convertir en un monopolio u oligopolio debido a intereses urbanísticos.

A partir de los antecedentes de su estudio, su mirada en torno a los suelos es realmente preocupante. Señala que “en Chile, la situación es especialmente preocupante, dadas las múltiples falencias en su protección, incluso con políticas de fomento —como, por ejemplo, la Ley de Fomento Forestal— que no han sido efectivas. En 2015 se realizó en Santiago el Taller de la Alianza Sudamericana por el Suelo (FAO), donde participaron representantes de distintas reparticiones gubernamentales, de la Sociedad Civil y de la Academia, quienes concluyeron que las 5 principales problemáticas relacionadas a la conservación y uso del suelo eran, en orden creciente: i) la pérdida de suelo productivo por avance urbano (sellamiento); ii) la contaminación por elementos tóxicos y compuestos orgánicos persistentes; la iii) falta de concientización, conocimiento y educación en temas relacionados al suelo; iv) la ausencia de un cuerpo legal y de políticas públicas orientadas a la protección del suelo; y v) la más relevante, su actual estado de degradación física, química y biológica”.

Y enmarca en lo que denomina el mercado del ambiente, suelos y agua, entendiendo que la propiedad del agua en Chile es privada.  Esta limitación ha sido una piedra de tope para cualquier avance en materia de suelos. No obstante, la comisión de medio ambiente del senado de Chile, puso de manifiesto la inseparabilidad existente entre el manejo del agua respecto del manejo del suelo. En otro párrafo identifica que la institucionalidad encargada del manejo y protección de los suelos radica en algunos ministerios, destacando entre las propuestas que más impacto han tenido el Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios (SIRSD-S, MINAGRI), que surge con el objetivo de mitigar los efectos adversos para la producción agropecuaria a través del subsidio de diversas prácticas sustentables.

El mundo campesino, a través de su organización mira con preocupación con la degradación de los suelos y sus efectos en la economía agraria, en la agricultura de sustentación, pero sobre todo en la sostenibilidad de la vida del planeta. El suelo es un elemento que alberga más del 25% de la biodiversidad del planeta.

Concluye que “#debemos como sociedad ser capaces de entender y asumir que la salud del ambiente y de la tierra en su totalidad dependen de poder contar con suelos sanos, que es especialmente importante en el próximo proceso constituyente, pero de forma global como una de las alternativas más importantes para hacer frente a los estragos que el cambio climático global está provocando”.

Hay cambios que no pueden esperar y hay urgencia de revertir los procesos de degradación de los suelos. “La velocidad actual de pérdida de terrenos cultivables hará posible que lleguemos a un momento en que no exista una superficie de suelos suficiente para alimentar a una población creciente y cada vez más demandante, tanto en cantidad como en calidad de alimentos”.