La historia federada nos marca que el camino sigue siendo el gremialismo agrario, ¡Vamos a seguir luchando!

En este último mes transitamos un período de mucha actividad gremial. Y en cada acción realizada señalamos que las medidas tomadas en materia agropecuaria no solo no son favorables, sino que queriéndolo o no, perjudican notablemente a los pequeños y medianos productores. En este tiempo, el cierre de las exportaciones de carnes ha sido la gran equivocación de rumbo.

En nuestro país estamos preparados para seguir creciendo, invirtiendo y produciendo mucha más y mejor carne, para los argentinos y para el mundo, bajo un modelo productivo sustentable desde todo punto de vista, ambiental, cultural y social.  Tenemos todos los recursos humanos, culturales y naturales dispuestos para ello; y se trata de un pilar fundamental para el desarrollo argentino. Para los productores, además, es lo que sabemos hacer, lo hacemos bien y sabemos que lo podemos mejorar, así como también agregar más valor, si se nos da la oportunidad.

Desgraciadamente, lejos de fomentar la actividad, y todo lo que ella genera, las medidas de cierre de exportación provocan el efecto contrario: desalientan, retroceden los avances ya logrados; nos hacen perder precio, así como también vientres, calidad productiva y oportunidades. Y eso cuesta mucho recuperarlo. Mucho.

No podemos dejar de señalar, en este escenario, que el panorama se complica más porque las compensaciones a productores de soja que prometió el gobierno nacional, quedaron inconclusas. Esto es, realizaron una partida de pagos, en un primer momento, y luego, sin argumentos fehacientes, la discontinuaron, dejando a miles de productores sin poder acceder a ese beneficio.  Sabemos y lo hemos dicho, que esta medida no soluciona el problema de fondo. Es un parche. Pero para los pequeños y medianos productores es una medida que colabora y resarce un poco algo de toda la injusticia tributaria que recae sobre quienes no tenemos por qué hacernos cargo de esa carga (esencialmente porque no somos los beneficiarios directos ni sujetos alcanzados por la acción de exportar). Porque, como desde hace tantos años venimos diciendo, en este país un tributo a la exportación —que parece obvio deberían pagar los que exportan— lo seguimos cargando los productores.  No tenemos dudas de que esta es una señal más de que se busca la concentración económica y financiera y beneficiar a los que más pueden, en desmedro de los que menos poseemos. Apena ver que esta siga siendo la regla, que nada ha cambiado y tampoco se ven gestos que muestren voluntad de hacerlo.

Aun así, como entidad, estamos convencidos de que el camino es el diálogo, por eso no nos cansamos de llevar y proponer políticas agrarias, promotoras de desarrollo. Los federados queremos y el país necesita que los pequeños productores seamos parte del diseño de esas iniciativas. Somos un actor estratégico para la Argentina, quienes con nuestro trabajo movilizamos al sector. Pero pese a ello, observamos con tremenda preocupación que han comenzado las campañas políticas para las próximas PASO (primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias) y allí faltan propuestas para nuestro sector.

Esperemos que no hagan oídos sordos los que luego ocuparán lugares en el Congreso de la Nación y en las Legislaturas provinciales, por eso les pediremos que escuchen nuestras propuestas.  Estamos convencidos de que se debe avanzar hacia un marco regulatorio que termine con los abusos a que son sometidos los productores por el uso propio de sus semillas; que exista una nueva ley de arrendamiento que traiga previsibilidad a nuestros representados, que permita que el Estado intervenga de manera virtuosa para la promoción del arriendo accesible para los pequeños y medianos. Porque en este contexto, la falta de competitividad frente a los grandes arrendadores (pooles o capitales financieros) saca del circuito comercial a los agricultores de carne y hueso que vivimos en los pueblos.

También se debe reglamentar la ley de reparación histórica de la agricultura familiar que vendría a traernos un marco legal a muchas de nuestras demandas, especialmente en lo inherente a la existencia de los fondos que esa iniciativa prevé para llevar adelante las acciones que ella propone. No necesitamos más expresiones de buenos deseos: se requieren ayudas y acciones concretas. Además, es necesaria la sanción del plan arraigo que contenga a nuestros jóvenes en el interior productivo. Esta propuesta va de la mano con necesidades concretas en materia de infraestructura, porque su falta o los problemas de acceso a la comunicación y a la educación son un verdadero obstáculo para la igualdad en la generación de posibilidades para los jóvenes y niños rurales. En este sentido, también habría que avanzar en los siguientes temas: desarrollo de un plan integral para las economías regionales, la lechería, la trasformación de granos en carnes alternativas; una ley de emergencia con fondos suficientes y un seguro integral o multirriesgo que salvaguarde la inversión productiva para evitar que quebremos económicamente por las deudas adquiridas para producir cada vez que nos afecta una contingencia climática.

Asimismo deberían existir políticas públicas de financiamiento consistentes, con estabilidad, permanencia en el tiempo y con un enfoque orientado a lograr un mejor desempeño productivo, comercial y económico de las unidades familiares. En cuanto a la comercialización, es necesario crear un programa de comercialización y transparencia para productos de la Agricultura Familiar.

Y, por supuesto, se debe avanzar en políticas sobre uso y tenencia de la tierra, porque su tenencia es la base indiscutida para una propuesta integral de desarrollo productivo, social y económico de la agricultura familiar como modelo agropecuario de arraigo en el interior de la Argentina. Para ello hay que generar medios de acceso a ese bien y a condiciones dignas de productividad mediante la creación de un banco de tierras, que vayan de la mano de una buena oferta en cuanto a la vida social y culturalmente digna. Desde nuestra entidad hemos expresado que no podemos permitir que se entreguen tierras para que luego sean moneda corriente del mercado inmobiliario. Esto ya pasó y, si no se controla, va volver a pasar.

Referido a este tema, este mes hemos expresado nuestra más profunda preocupación ante los avances legislativos que intentan expropiar tierras del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria en distintos puntos del país. Si esto se lleva a cabo, se trataría de un nuevo atentado a nuestro sector. Porque en el mismo acto en que vacían al INTA, golpeando seriamente nuestra soberanía tecnológica, nos dejan desprotegidos a miles de pequeños y medianos productores de todo el país, que necesitamos de la tecnología y los desarrollos del INTA para ser competitivos y desarrollar la actividad y la vida rural. Por supuesto, también pondrían en riesgo las fuentes de trabajo de profesionales del instituto.

Al respecto, señalamos que ingresó a la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley del diputado Selva del FDT de CABA, que propone expropiar tierras del INTA de Salta. Paralelamente, en el mismo sentido, el senador Mera (del mismo partido) presentó una iniciativa para hacer lo mismo con tierras de Catamarca. Esta con el agravante de que la iniciativa tuvo sanción en la Cámara Alta, y llegó en revisión a Diputados. Como entidad, dijimos claramente que no nos vamos a quedar de brazos cruzados. Dijimos NO a la expropiación de tierras del INTA. No queremos que Instituto se achique ni se partidice. Queremos y necesitamos una institución técnica, fuerte y autónoma; como su propia historia lo reivindica y que tanto ha colaborado con nuestros productores y en nuestra vida cotidiana. Vemos un avance desmedido y carente de institucionalidad en espacios estratégicos. Por eso decimos que es necesario que los lugares de decisión y de generación de ideas, tecnología y elaboración de políticas sean ocupados por personas idóneas, con trayectoria y con responsabilidad social. Y también que quienes nos gobiernan, desde todos los poderes del Estado, no se hagan más los distraídos ante las necesidades cada vez más imperiosas de tantos compatriotas, vinculadas con la educación y capacitación que se necesitan para volver a la cultura del trabajo. Hasta el momento la única herramienta que se les “ocurre” parece ser la asistencia económica indefinida, cuyos resultados saltan a la vista. Para cambiar este destino de tantos compatriotas, será necesario repensar estrategia que generen trabajo y recursos, que se enfoquen en la inclusión y el desarrollo, para que puedan salir de la pobreza, no desde el asistencialismo sino con una planificación estratégica que les permita superarse.

Estamos convencidos de que el país se saca adelante con trabajo y educación.  Y el campo es un motor de empleo, sobre todo las economías regionales que son tan demandantes de mano de obra, pero lamentablemente sus productores están fundidos por políticas adversas como las actuales que los lleva a la desaparición. El campo que nosotros habitamos y en el que trabajamos es mucho más que un recurso natural productivo. Es una fuente de cultura de trabajo, de esfuerzo, de vínculos con el ambiente natural y de la necesidad de conservar el mundo que le dejaremos a las generaciones futuras. Nuestra tierra es fuente de educación y arraigo, y la familia agraria es el sujeto central que toda política pública debería proteger.

Retomando lo que planteé al principio, en relación con el cierre de exportaciones de carne, no queremos que el gobierno siga tomando decisiones de manera unilateral e inconsulta. Porque con ellas complican no sólo nuestro crítico presente, sino que también ponen en peligro el futuro de cientos de miles de familias del interior, que por medidas intempestivas e inentendibles ven en serio riesgo su continuidad como productores.

Convencidos de la importancia de generar más instancias de diálogo para modificar esa situación, en este mes nos reunimos con los gobernadores de Salta y San Luis en conjunto con la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias, para expresarles nuestra preocupación ante tan errada medida y también ante esta manera de proceder. Estos encuentros se sumaron a las que mantuvimos el mes anterior con los primeros mandatarios de Chaco y Corrientes. A todos les solicitamos su intervención.

Finalmente, el 9 de julio, conmemorando el día de la Independencia argentina, fuimos convocados a participar de una asamblea multisectorial, que tuvo una convocatoria extraordinaria, de casi 70 mil personas. Allí, todos los presentes expresaron su preocupación y malestar ante tanto destrato a los sectores productivos, y a todos a quienes trabajamos día a día para que nuestra Argentina pueda ser más equitativa e inclusiva. Se mostró allí un gran malestar con un gobierno que no se preocupa por los que trabajan y solo les pone piedras en el camino diariamente. Esto expresé en un fragmento del discurso que di ante esa multitud: “vengo de una provincia muy emblemática donde San Martín preparó las tropas para generar la preservación, la consolidación de la libertad en la Argentina, libertando a Chile y a Perú. Y él, si bien a sus allegados les decía que ‘hay algo que no me deja dormir y no es enfrentar a las tropas reales, sino atravesar al macizo de la Cordillera de los Andes’. Pero a sus filas, les decía ‘Mírenlos son imponentes, pero si estamos de rodillas se ven aún más imponentes todavía’. Eso es lo que el pueblo argentino tiene que hacer… levantarse, no estar de rodillas… buscar que la libertad se consolide para todos los argentinos, para que todos, cada uno en su rubro, pueda desarrollarse”.

Debemos continuar comprometidos como hasta ahora por un mejor futuro para nuestro país. Ante tanta inmoralidad política, debemos defendernos y luchar por las políticas públicas que necesitamos; como la historia de nuestra entidad nos lo demanda, estoy seguro que triunfaremos.

 

Por Carlos Achetoni, presidente de Federación Agraria Argentina.