Mary Cañete: Una vida de lucha y compromiso por la tenencia de la tierra

Las Palmas fue un pueblo promisorio. Ubicado en la provincia del Chaco, impulsado por la instalación del ingenio azucarero del mismo nombre, a fines del siglo XIX fue la primera localidad argentina que tuvo electricidad. Sin embargo, la quiebra de dicha planta —que duró más de veinte años— cambió drásticamente la realidad de miles de familias que vivían allí y en La Leonesa (el pueblo vecino), quienes han luchado por sobrevivir y reconvertir sus actividades. Entre ellos destaca la historia de María “Mary” Cañete y su marido, Mario Torres, quien lamentablemente falleció hace pocos meses, viendo cumplido sólo en parte su sueño de contar con los títulos de sus tierras, largamente demorados por el Estado Nacional. Aquí, su historia.

En 1991, cuando se liquidó el ingenio Las Palmas, les propusieron vender parte de las tierras del mismo a los empleados y a los pastajeros (las personas que alquilaban parcelas destinadas a para ganado). Tras tres años de espera, definieron a quién les corresponderían esos recursos. “El ingenio era deficitario. En la época del presidente Menem, contaba con mil obreros. Tuvimos esperanza de que se volviera a poner en marcha, pero apenas asumió el interventor envió a todos de vacaciones. Cuando éstas iban a concluir, enviaron cartas a todos los empleados, para que pasaran a cobrar su indemnización porque cerrarían sus puertas. Luego de la propuesta de entregar tierras, a mi marido le ofrecieron 81 hectáreas por los 26 años de servicio, pagaderas en 16 años. Nosotros de campo no sabíamos nada, pero en familia decidimos aceptar la propuesta porque no teníamos otra salida, y nos fuimos a trabajar al campo”, cuenta Mary.

Junto con esa parcela, le entregaron una suma de dinero que les sirvió para montar un pequeño taller de costura (pues ella era modista), que les permitió venderles uniformes a las fuerzas de seguridad de la zona. “Nos fue bastante bien, porque hasta el día de hoy nos mantiene ese taller. Pero bueno, entonces en esa época hacíamos las dos cosas, cosíamos y los fines de semana nos íbamos a trabajar al campo. Teníamos gallinas, chanchos, ganado, fue creciendo”, prosigue.

Un año después, el Banco Nación de Resistencia puso a remate dos lotes linderos al suyo, que habían quedado excedentes de tierra. Los Torres se presentaron y salieron adjudicados, de modo que pudieron agrandar su tierra con dos nuevos lotes, que pusieron a nombre de Cañete. “Fuimos pagando religiosamente, esos terrenos que pertenecían al Ministerio de Economía de la Nación. En total teníamos 207 hectáreas. En un momento dejamos de recibir la chequera (que era el método a través del cual pagaban las cuotas de las tierras) por lo que no podíamos pagar. Acudimos al Banco Hipotecario de Resistencia y al Banco Nación, y no nos recibían los pagos. Preguntábamos en todos lados y nadie nos recibía el dinero de las cuotas que eran los depósitos que teníamos que realizar. Y quedó en el aire eso, unos buenos años”, relata Mary.

Años después, en 2004, recibieron una carta documento que les informaba que la deuda de Mario, que era de $6000 había ascendido por diversos cargos a $48000; y el de Mary, a $45000. “Era impagable para nosotros y sentíamos que era un mecanismo alevoso. En ese momento nos contaron que existía la Federación Agraria Argentina, que estaba en Villa Ángela y nos sugirieron que recurriéramos allá para pedir ayuda. Nos juntamos 102 productores, chicos y grandes, porque algunos tenían 4 hectáreas y otros hasta 4000 o 5000 hectáreas. A todos nos habían hecho lo mismo”, relata ella.

La familia Torres continuaba con el taller de costura y en el campo habían tenido que contratar a un peón que los ayudara con sus labores, porque ya producían agricultura, con maíz, mandioca, batata y zapallo, para darle de comer a los chanchos y a los lechones. “Apuntábamos a tener lechones ecológicos, les dábamos de comer nosotros con lo que producíamos, que además era más barato darle nuestra producción que vender afuera que no nos daban nada. Llegamos a tener 60 lechones para fin de año, por ejemplo, y venían a pedirnos porque estaban bien alimentados, cuidados, encerrados y sanos. También teníamos gallinas ponedoras y criollas. Así que teníamos varias entradas, necesarias porque también teníamos a los niños que estaban estudiando lejos. Uno ya estaba en la escuela agraria de Corrientes, el otro seguía en el Liceo, y quedaba la nena que estaba en la secundaria. En todo ese tiempo, ellos ayudaban en las labores. Todos hacíamos desmonte, alambrábamos, poníamos en condiciones el lugar. Además, llegamos a tener caballos… íbamos creciendo en familia y en ese momento sumamos un peón porque no llegábamos a hacer todo”, recuerda.

 

Así, en 2004 los ciento dos productores llegaron a la filial de FAA en Villa Ángela. Se reunieron con la Dra. Arano y con Alicia Tomaszuk (referentes de la zona) quienes les sugirieron formar una filial Las Palmas. De ese modo, el 2 de mayo de 2004 nació la filial FAA Las Palmas. “Hicimos la reunión constitutiva con los 102 productores más otra gente que se sumó. Y logramos que FAA nos acompañara a Buenos Aires para poder negociar. Recuerdo que fue complicado porque para esa época se nos había puesto en contra el que era intendente de La Leonesa, que trataba de entregar todas nuestras tierras a un arrocero amigo suyo. Para eso, había ido a Buenos Aires a mentir sobre nuestra situación en Las Palmas. Por esa falsa denuncia, un funcionario del entonces denominada ONABE (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado, actual agencia – AABE) llamado Salerno vino y se instaló en la zona, para ver qué era lo que pasaba y si era verdad lo que había denunciado el intendente”, relata Mary, con indignación al recordar la lucha que habían dado para pagar las tierras y el modo en el que el Estado y los bancos les habían dado la espalda.

Luego de un mes de trabajo del funcionario nacional con los pobladores de la zona, tiempo durante el que llevaron adelante diversas reuniones, se les hizo una propuesta de refinanciación, quitando conceptos que no correspondían (como el CER, punitorios e intereses), de modo que las deudas reflejaron mejor lo que realmente debían los productores. “De la mano de FAA y con la ayuda del ONABE, pudimos hacer refinanciaciones y planes de pago para estar más cerca de la titulación de la tierra. Nos habían dado ocho años para cancelar las deudas y se habían comprometido que a los treinta días nos entregarían los títulos de las propiedades. FAA de la mano de FAA en aquel entonces hacer la refinanciación. Yo hice semestralmente, mi esposo mensualmente, otro hizo anualmente y así fuimos. Nos dieron otros 8 años más para cancelar, pero nos habían prometido que a los 30 días nos iban a entregar los títulos. Esto era un paso fundamental, para poder vender o disponer libremente de nuestras propiedades el día que termináramos de pagar las deudas. Pero esto nunca ocurrió”, prosigue Mary. Y reflexiona: “Si hubiéramos tenido el título en nuestras manos, hubiéramos podido sacar un crédito grande en algún lado y explotar ese campo, que tiene 1800 metros de río y 1100 metros sobre la calle asfaltada, que ahora terminaron hace poquito. Por ahí pasa el agua, la luz… ¿quién sabe la potencia que habría tenido este campo si no nos hubieran negado todos nuestros derechos por más de 30 años?”.

La escritura de Mary que llegó al momento de hacer esta nota, tras 24 años de lucha
La escritura de Mary que llegó al momento de hacer esta nota, tras 24 años de lucha

El paso del tiempo hizo mella entre la gente. Tantos años de lucha por sus derechos hicieron que algunos se dieran por vencidos y vendieran, otros que no quisieron pagar más los créditos… algunos fallecieron y otros se quedaran sin ganas. “Era pelear gobierno tras gobierno, sin tener respuesta. Yo fui al congreso anual de FAA y pedí que nos ayudaran a llegar a Buenos Aires para buscar alguna solución. En todos estos años yo escribí cartas, peticioné ante todos los funcionarios, hice muchísimas gestiones… muchos se ríen pero en Federación Agraria soy famosa por estar atrás del tema de la posesión de la tierra”, agrega.

Cabe señalar que la ONABE (actual AABE) no cuenta con oficinas en Resistencia (capital del Chaco), y por eso para gestionar debían moverse hasta la Capital Federal, con el gasto económico y de tiempo que ello implicaba. “Yo me desesperaba, porque si bien no tener el título no impedía que ingresáramos al campo, porque teníamos la nota de posesión y el boleto de compraventa, para poder seguir creciendo no teníamos la herramienta legal y éramos muchos los que necesitábamos herramienta legal. Nadie tenía títulos ni respuesta de ningún lado”, sintetiza. Y agrega: “En cada campaña venían y nos prometían soluciones que no llegaban. Inclusive nos ilusionamos porque en el primer mandato del gobernador Capitanich, los pueblos La Leonesa y Las Palmas (ambos formaban parte de las tierras en las que se ubicaba el ingenio) hicieron un compromiso con el ONABE para comprar más de 600 ha de Las Palmas y 450 ha de La Leonesa, todo de zona urbana, de modo que los pueblos se formaran, se pudieran mensurar y entregar los títulos a cada habitante. Entonces cuando el actual gobernador se postuló, hizo que se firmara para que pasara a la provincia este tema, diciendo que él se iba a encargar de regularizar la situación de los pueblos, que iba en paralelo a los campos que antes describía. Pero nunca jamás se avanzó tampoco. Y nos ilusionamos de nuevo cuando fue jefe de gabinete de ministros de la Nación, porque el ONABE dependía de él. Pero no lo hizo”.

En un congreso de FAA le dijo al entonces presidente Príncipe que alguien la acompañara a CABA, entonces se designó a Eliseo Rovetto de la conducción nacional y junto a Martín Spada (director de la zona, productor e hijo de la Dra. Arano) y Mary fueron a la entonces AABE, en la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. “Nos atendió un abogadito, jovencito, diciéndonos que no había solución. Ahí nos enteramos de que habían ‘desaparecido’ los papeles de muchos campos, entre ellos uno de los de los compañeros que habíamos viajado. Así nos dimos cuenta de que hacían desaparecer los papeles para que luego los pudieran comprar los que ellos querían. Era desesperante, porque eliminaban los papeles, entonces si la persona no tenía sus respaldos se quedaba sin campo. Nos volvimos con la esperanza de que algo podría avanzar. Pasaron un montón de años y nada”, recuerda Cañete.

Cuando cambió el gobierno, en 2015, ansiosa por ver si obtenía otro resultado, Mary llamó el 18 de diciembre (sólo ocho días después de la asunción del flamante gobierno) a la AABE para consultar qué harían con los campos del ingenio. Le pidieron que esperara a marzo, porque había nuevas autoridades y debían reorganizarse. “Yo no aguanté y en febrero volví a llamar, para preguntar qué habían hecho y que pedía que viniera un director a la zona a comprometerse con todos nosotros. Spada justo viajaba a Buenos Aires y pudo reunirse en persona, donde le dijeron que no tenían presupuesto, que el director Ramón Lanús estaba dispuesto a trabajar, por lo que nos pedían que nos organizáramos y nos comprometiéramos con ellos que íbamos a hacer los trabajos ad honorem. Así, nos pidieron que dirigiéramos notas de Federación Agraria Filial Las Palmas, con la referencia del campo, para poder tramitar cada caso. Así que en mayo de 2016 viajé a la Capital con mi esposo, y dimos la palabra de que íbamos a colaborar en todo. Volvimos y junto con Martín recorrimos e hicimos las notas, hicimos todos lo que pudimos hacer. Fuimos a las radios para avisarle a la gente. Como resultado de ese trabajo, para octubre, 23 o 24 de octubre, llegaron los primeros 26 títulos. Dentro de esos títulos vino el de mi campo y el de Martín Spada, que ya tenían 24 años de espera. Nosotros siempre agradecemos la gestión del Dr. Lanús por eso”, rememora Mary.

Gracias a las gestiones de los federados y la articulación con esos funcionarios, lograron que se reconociera todo lo que los vecinos ya habían pagado, dejando constancia ahora en sistemas informáticos de todo lo sucedido. “Fue una lucha enorme que implicó ir y venir, tantas veces… yo tuve que hacer de mediadora de todo, confeccionar las notas, hacerlas firmar, hacerles llegar todo. Y les pido que colaboren conmigo para las cosas de catastro, por ejemplo, porque tuvimos que pagar cinco años de impuestos a nombre del Estado Nacional a Rentas del Chaco, pero ese pago es voluntario, hasta que les den el título y llegue a nombre de cada vecino, y a partir de ahí pagan el impuesto al campo con su nombre. Pero en catastro deben sacar mensura por un lado y la cotización en otro lado, y hay que pagarlo. Los planos aprobados también deben pagarlo, y para que firme el agrimensor de catastro que es la copia fiel del original y está al día, también. Entonces les dije que me ayudaran con eso… Y yo me iba con dos o tres carpetas y así comencé, perdiendo días enteros, porque me tenían que entregar un día y no lo encontraban, así que me hacían volver al día siguiente, y así, que venía replanteaba todo, o que faltaban los sucesorios… Traje a un abogado acá en una reunión en 2016, hablé para que les cobrara lo menos posible, porque sale mucho dinero hacer una sucesión, y así logré que la gente pudiera ir avanzando”, describe.

Finalmente, gracias a la gestión de Lanús, durante la presidencia de Mauricio Macri, pudieron dar un paso adelante con los campos. “De a poco, desde octubre de 2016 comenzamos a recibir algunas escrituras de los campos. El mío llegó en esa tanda. Pero en cuanto al título de mi casa, recién lo recibí hace algunas semanas. Lamentablemente, el tiempo hizo que pudiéramos compartir la alegría por el campo con mi marido, pero no puedo decir lo mismo de la casa. No te puedo explicar lo que significa para mí que me lo hayan entregado, después de tanta lucha, y no tener a Mario a mi lado para disfrutar este momento”, se emociona Mary, quien contó que recibió al cartero mientras visitaba la tumba de su marido, fallecido este año luego de una enfermedad, y que le entregó su título y otros cinco. En esa semana recibió en total 43 escrituras de vecinos, gracias a la confianza que tuvieron en ella en la escribanía de la Nación. Al momento lograron obtener 97 títulos. Aún queda por luchar. Pero estas satisfacciones le dan fuerza para seguir: “Para mí haber logrado esto es lo más grande que puede haber. Entonces por un lado estoy triste, pero por el otro estoy feliz por la confianza que me tienen, porque sola no lo hubiera logrado”, comparte.

Paralelamente, gestionando a través de la Federación Agraria Argentina, los vecinos lograron sacar el denominado Plan Arraigo, que a nivel nacional les permitió a los habitantes del pueblo acceder a sus parcelas donde tenían sus casas. “Logramos comprar, pagando de contado en nuestro caso, el lote donde tenemos nuestra casa. Y así sucedió con los 197 vecinos del barrio. Pero tampoco nos daban las escrituras. Y ya no peleaba sólo por los federados, sino por todo. Los vecinos del pueblo y del campo me traían sus papeles, me contaban sus problemas y yo siempre traté de ayudar”, relata Mary y agrega: “En 2019 cuando fui a pelear por el plan arraigo, en febrero, fui a la mesa de reunión y me tuve que poner guasa, estaba el jefe máximo de plan arraigo, estaba el jefe de tierras y estaban todas sus secretarias que eran abogadas, me levanto y miro para un lado y veo la villa de al lado (la 31, de Retiro) con calles, con escuelas, con luces, con todo y agarré y golpeé la mesa y dije una mala palabra, porque sentía que no podía ser. Que a esa gente le habían dado todo y que nosotros, que hacemos patria tan lejos de todo, en el confín del mundo, no nos dieran nuestros títulos casi 30 años después… Se dieron cuenta de mi enojo y mi indignación, y me preguntaron cuántos días me quedaría. Y un día antes de volverme me llamó el director para decirme quién había sido nombrada María José Sotelo para que se implementara la entrega de títulos del Plan Arraigo.

La historia de Mary es la de la lucha de tantos agricultores familiares que, desde sus lugares, dan una pelea injusta, colosal y en desventaja contra un Estado que cuenta con recursos pero no están a disposición de la gente. Desde FAA se ha trabajado para colaborar en su gesta, así como también por visibilizar la enorme necesidad de que se reglamente la ley de agricultura familiar y se avance con las titulaciones en los miles de casos que existen en el país de tenencias precarias de la tierra. “Muchas personas han muerto de la bronca, de la rabia por toda esta situación, el Estado se borra y por acción u omisión, ha permitido que pícaros se abusen. Y esto con dos pueblos del departamento Bermejo. Aún quedan unas 49000 hectáreas sin resolver todavía. Una migaja es lo que pudimos resolver, por situaciones que se murieron las personas, no hay sucesorios, no hay mensuras, una mensura te tarda dos o tres años, y la gente que tenía que haber tenido su solución al principio hace 29 años atrás, ya no están. Muchos han perdido la vida en esta lucha. Y yo entregué y sigo haciéndolo, todo lo que puedo. Se trata de una pelea desigual, que hay que seguir dando”, concluye Mary.

Y como nuevo resultado de esta pelea, el 18 de septiembre pasado, Cañete junto a Spada, entregaron los 43 títulos recibidos por Correo Argentino, resultado de las gestiones realizadas, a las familias que les correspondían.

Mary cuenta en una entrevista periodística a Chacra TV sobre la entrega de títulos:

En ese momento recibieron la noticia de que uno de los propietarios decidió dar en usufructo con cargo a FAA Filial Las Palmas un predio, para que funcione allí la sede de la entidad.

 

Sobre Mario, su eterno compañero de lucha, los sueños que no fueron y el anhelo para el futuro

Mario y Mary tienen tres hijos. En el 2016, él se enfermó y tuvo su primera cirugía de corazón. “Tuvimos que vender todo, porque él se quería ir al campo a trabajar, pero no podía. Así que decidimos en familia deshacernos de la producción y prestarle los campos a un vecino lindero, para que pudiera poner su ganado ahí. En estos años, Mario tuvo otras cuatro cirugías. La última se lo llevó”, relata ella.

“En marzo de 2021, cuando le avisaron que se iba a tener que operar de nuevo con alto riesgo (que al final, por la pandemia, se pasó a julio), Mario le pidió a un escribano que hiciera los trámites para trasladar el campo a nuestros tres hijos. Y una semana antes de ir a cirugía, pudo completar el trámite. Esa fue la grandeza más grande que pudo haber hecho mi marido… dijo ‘yo no le voy a dar de comer a ningún abogado más. Nosotros en vida le vamos a ceder el campo a nuestros hijos’. Y fue así, en partes iguales para los tres. El día que firmó se le cayeron las lágrimas. Yo firmé a la par de él… y con eso yo estoy tranquila”, cuenta conmovida hasta las lágrimas.

“Esta lucha de toda nuestra vida, termina siendo por hacer valer un único derecho. Yo tenía intenciones en 2019 de poner una granja ecológica, cuando mi marido se puso bien, pensé en hacerlo. Como acá tenemos que comprar agua potable consecuencia de que por la arrocera de la zona está todo contaminado, también quería hacer agua ozonizada en la entrada del campo. Y con el residuo que quedaba de esa agua lo íbamos a tirar para el fondo para hacer una granja ecológica, para que de la escuela vinieran a visitarnos los chicos, a conocer la producción, la huerta, los animales y todo lo que haríamos. Ese era el plan mío en ese entonces. Pero después se puso grave de vuelta mi esposo y quedó todo trunco”, cuenta, conmovida.

Su sueño, ahora en soledad, sigue intacto. Tanto como su fuerza y su empuje. Escuchándola y viendo su testimonio de vida, no hay dudas de que podrá lograr lo que se proponga. Instalar la planta de agua ozonizada y dar trabajo a 25 personas en ese emprendimiento. O emprender para generar 200 puestos laborales produciendo jugo de los pomelos y las guayabas que existen en la zona. La huerta orgánica. O la idea que tiene ahora, de hacer plantines de morinda para forraje, que permitirían alimentar a los animales de la zona luego del impacto de la seca. Es cuestión de tiempo. Y de que el Estado apoye con políticas diferenciadas, que le den el último empujón que hace falta, aún con el ímpetu que tiene esta agricultora familiar y luchadora.

Para comprobarlo, sólo basta retomar lo que cuenta de su marido: “Mario fue siempre mi compañero. Calladito, taciturno, pero él siempre estuvo acompañando, esperando, en reuniones, en todos lados. Casi no hablaba, pero siempre estuvo presente en todo. Y en FAA cuando estábamos en los congresos o en las reuniones, se reían porque yo andaba siempre con mi ‘carguita’ a cuestas. Él siempre escuchando, viendo y acompañando. Pero por sobre todo, dándole fuerza a la gente. Les decía: ‘esto va a salir, esta (por mí) lo va a lograr… es una loca, pero loca buena’, no tengo palabras para darle las gracias a mi marido, por el acompañamiento que tuvo conmigo. Y la gente que me acompaña sabe todo lo que él hizo”. No hay dudas de que, lo que se proponga, Mary lo va a lograr.

 

Caso escrito por Vanina Fujiwara – Corresponsal de COPROFAM en Argentina