75 por ciento del territorio uruguayo en Emergencia Climática Agropecuaria

Casi doce millones de hectáreas productivas de los dieciséis que conforman el área agropecuaria de Uruguay se encuentran bajo declaratoria de Emergencia Agropecuaria producto de factores cuyo eje es el climático. Desde un profundo déficit hídrico, pasando por incendios forestales de dimensiones históricas para el país, olas de calor agobiante que ha diezmado la cadena avícola, lluvias copiosas que han retrasado la instalación de cultivos hortícolas y otros fenómenos como fuertes vientos que han destruido infraestructura de producción.

 

El verano 2021-22 había sido caracterizado como “Año Niña” por lo cual los pronósticos de lluvias por debajo de lo que indica la climatología circulaban ya en Uruguay en el mes de octubre. Sin embargo, la transición de calendario trajo aparejados serios fenómenos que incluyeron olas de calor históricas, sequía profunda y falta de alimento y agua de calidad para los ganados bovinos e incluso incendios forestales, que en algunos puntos del territorio al oriente del Río Uruguay fueron devastadores.

Déficit hídrico e incendios forestales

La primera ola de calor se inició la última semana del 2021. Las temperaturas por encima de los 35 grados centígrados, altas radiaciones solares y humedad baja, iniciaron incendios forestales que duraron varias jornadas y que pusieron al país en vilo. Los focos se iniciaron en el corazón forestal del Uruguay, departamentos de Paysandú y Río Negro, al centro y noroeste y acabaron con unas 27 mil hectáreas con forestación de eucaliptus para pasta de celulosa, correspondientes a empresas trasnacionales como UPM (Finlandia) y Montes del Plata (Arauco Chile), así como fondos de inversión uruguayos correspondientes a corporaciones de profesionales bancarios y notariales.

La proximidad con centros poblados -como las localidades de Guichón y Algorta, por ejemplo- generó el pánico y la necesidad de desplazamientos masivos temporales en esas localidades, así como la pérdida de campos donde se realizaba ganadería de cría y apicultura, fundamentalmente a escala familiar, a través convenios con las empresas forestales.

La pérdida de las áreas de silvo pastoreo, sumado a la profunda sequía y la falta de pastos naturales, desplazó a pequeños ganaderos familiares de sus áreas de pastoreo, forzando el desplazamiento de animales de rutas y la necesidad de provisión de raciones y otros suplementos.

Los hechos motivaron el llamado a responsabilidad de distintas autoridades y dejó planteadas dudas sobre la inseguridad que conlleva el modelo de forestación extensiva con escaso mantenimiento de seguridad anti incendio y distancias muy acotadas a centros poblados. Un acuerdo voluntario alcanzado con las forestales motivó la liberación por razones de seguridad de un perímetro de 200 metros respecto a centros poblados.

Tras estos fenómenos, el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) de Uruguay activó la declaratoria de Emergencia Agropecuaria, para las áreas directamente impactadas, liberando préstamos bancarios especiales para los productores que vieron trastocados sus ciclos productivos y económicos.

Ola de Calor

Del 11 de enero hasta el 15 de ese mismo mes una ola de calor afectó a todo el territorio de Uruguay y superó marcas históricas de temperatura en el país. En los departamentos de Paysandú y Salto, ambos recostados al Río Uruguay sobre el noroeste del país, las temperaturas fueron de 42,5 grados Centígrados, las mayores desde 1961 de acuerdo a los registros oficiales.

La seguidilla de días tórridos dejó como resultado una gran mortandad de aves tanto de pollos parrilleros como gallinas de postura y reproductoras que afectó duramente a la cadena avícola. Se estima una mortandad en el sector huevo del 20 por ciento de los animales en producción. En Uruguay esta cadena agroindustrial se basa en granjas familiares que alimentan y cuidan a los animales tanto con destino a la producción de carne aviar y huevos de gallina, bajo contrato con empresas de faena y comercialización.

La alta mortandad hizo que la cadena aviar se viera afectada y aunque no se registró desabastecimiento en los mercados, sí se operó un aumento en los precios al consumidor. Aquellos animales como gallinas de postura que sobrevivieron a las condiciones extremas, vieron decaer su productividad, en tanto que las familias de “faconeros” que obtienen sus ingresos por kilo o huevo producido, vieron reducidas sus entradas económicas.

Ante ello el MGAP declaró a la avicultura dentro de la Emergencia Agropecuaria y activó una serie de planes de financiamiento a través de créditos bancarios subsidiados y con plazos de gracia para amortiguar la caída en las economías de las granjas familiares.

Lluvias y temporales

Cuando a mediados de enero finalmente comenzaron a sucederse las lluvias, algunas de ellas se dieron de manera torrencial y anegaron unidades productivas que por tratarse de pleno verano se encontraban en plena producción estival de hortalizas de fruto como tomate, morrón (pimiento) o frutillas y de hoja, como la lechuga y otras de estación.

En algunos casos también se registraron episodios de temporales con fuertes vientos y que dañaron invernaderos, macro túneles y otras instalaciones de producción. Se registró asimismo caída de viñedos, un mes antes de estar listos para cosecha, así como frutas como duraznos, ciruelas y otras, en plena zafra.

La decisión del 4 de febrero pasado del MGAP fue la ampliación a casi doce millones de hectáreas la zona considerada en Emergencia Agropecuaria, lo cual permite la activación del Fondo de Emergencia Agropecuaria que busca generar acciones paliativas. En esta ampliación se incluyó la horticultura protegida, para lo cual también se extenderían líneas de crédito y se extenderían los plazos para el pago de obligaciones como los aportes de seguridad social. No obstante, diversos productores familiares han manifestado que, aun sin recibir daños por vientos violentos, varias chacras han quedado sin producción y por ende sin ingresos producto de la escasez de agua en momentos críticos del cultivo.

Créditos y riesgos de sobre endeudamiento

En todos los casos, la respuesta desde el Estado uruguayo implicó tomar deudas a los productores familiares lo cual se suma a respuestas similares en los dos veranos anteriores, lo cual genera un riesgo de endeudamiento para el sector de la producción Agropecuaria Familiar en Uruguay.