El dirigente campesino, los procesos de formación y los sueños latinoamericanos: Héctor Turra Paredes
Las grandes gestas históricas de los trabajadores son, casi siempre, el producto de la voluntad de muchos hombres que se han unido en torno a idearios comunes y, con el fin de lograr mejores condiciones de vida. Cuando estos logros se materializan por el progresismo, incluso los sectores conservadores, que se oponían a los cambios, mejoran su condición de vida y engrandecen la condición humana.
Cuando se mira el mapa de los procesos formativos en los diversos niveles que tiene la oferta educativa, podemos encontrar los recintos, los establecimientos, los lugares donde se forman los abogados, los médicos, los profesores en las universidades, los militares en sus escuelas matrices y los deportistas en los centros de alto rendimiento. Pero, ¿Dónde se forman los dirigentes sindicales?
Hubo esfuerzos en esa dirección en los últimos años de la democracia en Chile. Los viejos presidentes traían esa idea: profesionalizar la labor del mundo campesino, pero dada la situación de semi esclavitud o esclavitud e inquilinaje en que vivían hubo que “empezar por el principio”. Por los grandes porcentajes de analfabetismo, los esfuerzos de dignificación del mundo campesino estuvieron orientados a que aprendiera a leer, escribir y desarrollar un pensamiento crítico, analítico, en torno a sus realidades.

Un esfuerzo mayor de sensibilidad social y justicia y se creaba, en ese entonces, con el fin de con el fin de otorgar educación gratuita a los estudiantes pertenecientes a las clases más bajas (hijos de obreros y campesinos en particular) que no podían acceder a la universidad, el Departamento Universitario Obrero y Campesino, DUOC, al año 1968 al alero de la Pontificia Universidad Católica cuando de rector oficiaba Fernando Castillo Velasco, primer rector laico de esa casa de estudios, realidad impensable para los campesinos y para los hijos de campesinos, como nuestro entrevistado de hoy, que como parte de la labor en los fundos donde trabajaba su padre debería ser acompañado por los hijos mayores en las faenas agrícolas y pecuarias.
Don Héctor nació como nacieron miles hijos de campesinos de esa época, como peón “obligado” para cumplir esas labores de ayudante de su padre, que era el único de la familia que recibía salario. La pregunta que intentamos responder es cómo se forman los dirigentes sindicales y en este caso específico, los dirigentes campesinos. Nació en Fresia, que era una comuna pequeña de pocas personas y sin las plataformas de servicios.
Nació en Fresia, X Región. La comuna fue creada en el año 1927 durante el primer gobierno de don Carlos Ibáñez del Campo, quien llevó a la práctica una nueva división político-administrativa del país con el fin de responder a las necesidades de sectores que adquirían importancia paulatinamente. El 30 de diciembre de 1927 el presidente de la República firma el Decreto Supremo N° 8.583, creándose con ese acto la comuna de Fresia, territorio que hasta esa fecha dependía de Maullín. El primer alcalde elegido democráticamente por votación popular fue don Teodoro Schafer en el año 1935. En oleadas sucesivas de emigrantes se iban creando Chile. La primera oleada de alemanes llego antes de la segunda guerra mundial y la segunda oleada, mucho más masiva, recuerda don Héctor fue consecuencia de la huida de la guerra mundial y por los juicios abiertos que la comunidad internacional abría a los alemanes que habían cometido crímenes deleznables.
Don Héctor era uno de quince hermanos, y sólo se criaron diez. Su padre fue campesino, tuvo una temporada en zapatería, pero sus esfuerzos individuales fueron opacados por el auge de la industria, regresando a lo que le gustaba a y sabía hacer: el campo. Fueron dependientes de esa familia de latifundistas. Vivían fuera del fundo, en la ciudad misma donde pudo asistir a la escuela hasta el sexto año que era el ciclo denominado escuela primaria obligatoria. Conoció de cerca los sistemas de explotación que tenían los dueños del fundo y teniendo como objetivo central mejorar su calidad y mayores ingresos, no le importaba mayormente el sufrimiento de quienes hacían posible ese logro: los campesinos fueron los productores de esa riqueza que no disfrutaban. A pesar del gran número de hermanos, sus padres generaban los recursos necesarios para que pudiesen subsistir de la mejor manera posible. Atesora recuerdos hermosos de su familia.
En la iglesia católica entraban aires nuevos, recuerda, producto del Concilio Vaticano II y las nuevas formas de celebrar misa. Ahora no eran latín sino en el idioma o lengua de las comunidades donde la iglesia llegaba con su afán misionero. A pesar de estar tan lejos de los centros decisionales del país y de los centros urbanos donde se tomaban las decisiones políticas, ese soplo también llegó al sur y congregaciones religiosas ampliaron la oferta educacional abriendo nuevos espacios de formación. Estudió en la Escuela de Fresia hasta sexto año de preparatoria. Tiene buenos recuerdos de la religiosa Carmen Angela Dayer. Uno de sus hermanos mayores encontró en esa iglesia nueva respuesta a las inquietudes de su espíritu e ingresó al seminario. Se hizo religioso y cuando estaba a punto de consagrarse como sacerdotes, celebrando sus votos sacerdotales perpetuos, abandono el camino.
En tiempos de ayudantes de su padre en el fundo, mantenía relaciones cordiales con otros campesinos. Y lo que parecían ser sufrimientos, carencias y menoscabos, de su familia y sólo suyos, también eran de toda la comunidad. Eran una comunidad de iguales que vivían bajo los signos de la opresión política, cultural, social y económica. Mis hermanas trabajaron como empleadas domésticas en clases particulares y mi otro hermano, que me sigue, terminó el cuarto medio, también sintió que no terminaba en sí mismo, como dice el poema de Neruda, y también aceptó el camino de la dirigencia sindical. Nuestra formación de dirigentes era una necesidad imperiosa de servir a los otros que estaban viviendo situaciones similares donde el sello principal era la marginalidad.
“A través de mi propia experiencia me fui empapando de toda la realidad que vivía el mundo campesino, del año 30 en adelante. Los mineros del norte trajeron la motivación de liberación que, en verdad, eran los campesinos que fueron enganchados para las labores mineras y que ahora regresaban con un pensamiento nuevo, una nueva forma de estar en el mundo”.
La ola de los cambios sociales que venían como un aire fresco en la iglesia, también eran un depositario de esperanzas para los más humildes. Allende, que era nuestro líder nacional, había fracasado en su carrera presidencia en dos oportunidades y en esta oportunidad logro lo que parecía imposible: acceder a la primera magistratura de la nación. Fue una fiesta enorme. A ese triunfo habíamos contribuido creando conciencia de estos nuevos tiempos que avecinaban y que los campesinos teníamos la dignidad, como cualquier ser humano, para tocar cualquier puerta y cumplir cualquier sueño. Esa conciencia recorría los campos del sur y cuando estuvo, en ese entonces, candidato Allende, en la plaza de Fresia sintió el afecto del mundo campesino, de los postergados del campo.
A causa de nuestro trabajo de dirigentes, fuimos detenidos el año 1973, pocos días después del golpe de estado, junto a mi padre y hermano sancionados por ser activistas en asentamientos. Mi hermano tuvo más de un año detenido. Lo tuvieron en un campo de concentración en el norte de Chile. Yo estuve detenido cuatro meses y seis meses, hospitalizado para recuperarme de las torturas infringidas- cuenta. Lo motivó ingresar al proceso de reforma agraria, tener la propia tierra, coincidió con el ascenso del movimiento social como dirigentes sociales. En Fresia dos familias fueron fuertemente afectadas por la represión la familia Espinoza, el diputado fue muerto le aplicaron la ley de fuga.
Cuando, años más tarde, el diputado socialista Fidel Espinoza levantó el lienzo que decía “Pinochet mató a mi padre” todos los recuerdos del asesinato de su progenitor, de su detención a manos de efectivos de Carabineros y la Fach que hoy están en retiro, volvieron velozmente a su mente. En el emblemático homenaje, que involucró indirectamente a los miles de familiares de víctimas de la dictadura, revelaba su actitud y la de su madre y hermanos, de exigir justicia y reabrir el proceso de Luis Uberlindo Espinoza, militante socialista y exdiputado por Puerto Montt que murió fusilado. Era dirigente del PS. También fue asesinado Abraham Oliva Espinoza, un dirigente campesino de la zona, al que la dictadura sindicó en la época como integrante de un grupo de individuos armados que atacaron la patrulla en la oscuridad de la noche.
Muchos de nosotros acompañamos el caminar del mundo campesino desde nuestros lugares y, cuando se dio la oportunidad, nos unimos a la resistencia. La represión fue muy fuerte, sobre todo en los sectores agrarias, fue una venganza muy terrible. Los dueños de fundos se disfrazaban de policías portando armas de fuego y detenían, ellos mismos, a los dirigentes campesinos, junto con los militares. Deben existir múltiples interpretaciones acerca del golpe de estado en Chile, pero para nosotros el golpe de estado fue una clara intervención del imperialismo norteamericano, orquestado por la CIA como consecuencia de la nacionalización de nuestras riquezas básicas y, principalmente, por la nacionalización del cobre.
El año 1990. Recibimos ese tiempo de la democracia con mucha ilusión, con mucha alegría, pero nos hicimos demasiadas expectativas. Antes que las organizaciones políticas pudieran establecer pactos y acuerdos, nosotros, los dirigentes sindicales, habíamos gestado esa unidad que, como decía el Cardenal Raúl Silva Henríquez, era una unidad en la acción.
Con mucha preocupación miro el tiempo que estamos viviendo, reconociendo logros y avances significativos en el proceso de profundización de la democracia. Hay un interés popular muy grande en provocar transformaciones estructurales a este modelo de dominación, también tienen ese propósito los trabajadores y el mundo social en general, destacando como siempre a la juventud que después de treinta o cuarenta años sin cambios reales impulsa desde los territorios esa necesidad social, política y cultura. Esa ansiedad lleva a cometer errores, y quizás nosotros, cuando jóvenes, también cometimos.
La derecha política nunca ha dejado de tener el fuego que tiene. En este período la convención constituyente, que es un gran logro colectivo de los agentes sociales que plasme rápidamente en sus articulados de la Carta Fundamental esta nueva forma de contrato social que tendremos, mientras más rápido menos serán las dificultades que tendrá con su implementación. Nuestro querido mundo campesino durante todo el proceso de la democracia, ha sido el niño pobre. Pese a todas las luchas que dimos los dirigentes campesinos, hemos recibido migajas y es tan preocupante porque nuestra lucha de ayer y de hoy es procurar la alimentación de nuestro pueblo. Y eso de traer consigo la mejor calidad de vida de la agricultura familiar campesina, pero el objetivo que nos mueve es potenciar la seguridad alimentaria de nuestro país.
En la Convención, se produce una situación particular. La mayoría son personas jóvenes, y muchas compañeras mujeres, que producto del descontento coyuntural materializado en la movilización del 19 de octubre y en muchas mujeres se logró este acuerdo país. Como es lógico, los electores para las votaciones de los convencionales se inclinaron a ese segmento y liderazgo espontáneo.
Uno de los grandes logros para Chile y para el movimiento campesino, es que el agua se transforme en uso público. Ese fue el gran daño a la pequeña y mediana agricultura por el sector empresarial. Se tiene tierra y no se tiene agua. Es el sector que produce la alimentación. Una política real en apoyo de la AFC. En tiempos de represión, aunque resulte extraño, hubo mayor solidaridad entre las víctimas, más conexión del uno con el otro, producto que tuvimos que protegernos mucho para trabajar en clandestinidad.
“Lo que yo espero de esta nueva constitución, es que se integre a los territorios rurales y se consideren sus tradiciones y costumbres, que muchas veces no son entendidas por la gente de la ciudad, pero que es parte de nuestra identidad”.

Estoy un poco retirado por vejez y enfermedad. Fui dirigente campesino a los 19 años y dirigente nacional en Nehuen, ex Ranquil y uno de los fundadores del Movimiento Unitario Campesino y Etnias de Chile MUCECH. Los dirigentes sindicales y campesinos, mi amigo, se hacen ejercitando el amor social que es una forma de vivir en el otro. Entendiendo que los procesos sociales requieren de grandes compromisos y una unidad de voluntades que trabajen con propósitos tan hermosos como no querer que la gente sufra. Y que pueda ejercer libremente sus derechos humanos, consagrados en la Declaración Universal.
Durante muchos años, hemos balbuceado la unidad de Latinoamérica, con ese fin he tenido la oportunidad de salir muchas veces fuera de nuestro país a reunirme con otros dirigentes campesinos y el pensamiento que comparten tiene esa misma matriz y el quehacer de sus organizaciones, con más o menos dificultades, es el mismo. Nuestra unidad evitará que las grandes compañías transnacionales ocupen nuestros territorios, y transformen el medio ambiente, bosques y ríos en mercancía transable en los mercados, destruyendo la agricultura básica incluso con variedades genéticamente modificadas.
Lo que deseo como viejo dirigente, al que le negaron el derecho a tierra por la Reforma agraria durante la dictadura, pues se me aplicó el Decreto Ley 208, por ser dirigente campesino es llegar a tener la oportunidad de vivir esa unión de las diferentes agriculturas para paliar el hambre del mundo. Hoy vivo con mi esposa, y una hija mayor, rodeado de mis hijos. Logré comprar un pequeño terreno en El Monte, que queda cerca de Santiago, y viven por aquí cerca mis hijos. Sin lugar a duda y sin temor a equivocarme la reserva moral de Chile son los campesinos, y hago esfuerzos para que no nos perdamos porque tenemos la autoridad moral de tocar la puerta en cualquier lado. Esa ha sido mi escuela de formación como dirigente.
El aparato burocrático y administrativo nos desechó a los viejos en la gran negociación para sacar a la dictadura. No salimos de Chile exiliados, fuimos marginados de los procesos políticos. No es necesario estar en la cúpula para trabajar en tu organización social.
Para terminar, quisiera decir que, hoy por hoy, Salvador Allende, sigue siendo el hombre digno que ofrendó a Chile un proyecto social lleno de posibilidades y que es bueno que los jóvenes puedan acercarse a su pensamiento coherente con la historia y con sus propios postulados. A nosotros como generación, nos marcó mucho esa frase suya donde nos invitaba a construir el socialismo a la chilena. No fue un político soberbio, sino muy inteligente y sencillo. Muchos dirigentes campesinos lo piensan y yo también que su pensamiento seguirá vigente por muchos años.


