El dictador murió sin cumplir su condena ni pedir perdón a los familiares de las víctimas de sus crímenes
Alberto Kenya Fujimori, el dictador que instauró uno de los gobiernos más corruptos de la historia del Perú, condenado por los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, calificados de lesa humanidad, y otros tantos casos de corrupción, murió este miércoles 11 de setiembre, el mismo día y a la misma edad en que también se fue el líder senderista Abimael Guzmán; y como se ha encargado de recordarlo muchas personas, se fue sin cumplir su condena ni pedir perdón por los crímenes por los que fue condenado.

La muerte del ex dictador ha vuelto a reavivar la polarización que ha marcado la vida política peruana en las últimas décadas, en las que ha seguido predominando a través de un partido político, que está siendo investigado por organización criminal y corrupción, siguiendo así la tradición fujimorista, que hoy tiene como cabeza visible a su hija Keiko Fujimori.
Tras ser liberado mediante un indulto considerado ilegal y denunciado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Fujimori dejó de existir luego de haber realizado diversas actividades políticas con la finalidad de pretender volver a ser candidato, tal como se encargó de anunciarlo públicamente la misma Keiko Fujimori.

El gobierno y el parlamento, que solo se mantienen por los intereses políticos del pacto entre el fujimorismo, el partido del cuestionado César Acuña y el resto de lo que encarna el cerronismo, ha decretado que se le rindan honores y tres días de duelo nacional, pretendiendo que la población olvide que fue uno de los políticos más corruptos del mundo.
Por ello, diversas personalidades de la política nacional, así como representantes de las familias víctimas de los crímenes del fujimorismo, se han encargado de recordar lo nefasto que fue el personaje y han criticado que sus aliados políticos en el gobierno y en el parlamento, rindan honores a alguien como Fujimori que fue destituido por incapacidad moral luego de renunciar por fax desde Japón en donde se refugió para evadir la justicia.
De igual manera, se han encargado de recordar, que en el país oriental Fujimori renunció a la nacionalidad peruana, se volvió japonés, juró lealtad a la bandera japonesa, y luego postuló al senado japonés por un partido ultraderechista, objetivo que no logró pues los votantes nipones rechazaron su pretensión.

Adulado por sus incondicionales, pretendió ingresar al Perú utilizando al vecino país de Chile para sus oscuros propósitos, pero ahí fue detenido y luego extraditado al Perú, en donde luego de un juicio público y respetando el debido -que no tuvieron sus víctimas- Fujimori fue condenado a 25 años de prisión.
El poder político corrupto le otorgó un indulto ilegal que fue rechazado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos pero que el Tribunal Constitucional puesto por el fujimorismo que domina el parlamento corrupto, se encargó de validar y lo puso en libertad en diciembre del año pasado.
Lo demás es historia conocida. Fujimori se fue sin terminar de pagar sus deudas con la justicia ni pedir perdón por sus crímenes. Ni los homenajes que le brinda el gobierno y congresos corruptos cambiarán la memoria histórica del pueblo peruano y ha pasado a la historia como un dictador que fue condenado por crímenes horrendos.


