Para evitar una crisis alimentaria, la agricultura familiar necesita incentivos de los gobiernos para seguir produciendo
Vivimos en un momento difícil y único en la historia reciente de la humanidad. La llegada del COVID-19 a casi todos los países del mundo en las últimas semanas, incluidos los siete países de nuestras organizaciones afiliadas, está causando una gran inseguridad para las poblaciones e incertidumbre para todos los sectores económicos.
La velocidad a la que el virus se está propagando, causando nuevos contagios y cientos de muertes cada día, está llevando a las autoridades de los países a detener todas las actividades y adoptar decretos de aislamiento de la población, como una forma de contenerlo.
Pero sabemos que la agricultura familiar no puede parar, especialmente en tiempos de emergencia como este. La producción de alimentos es una prioridad permanente para la sociedad y los gobiernos deben considerarla como tal, para que la actual crisis de salud no se convierta tambien en una crisis alimentaria.
En un momento en el cual los Estados del mundo están dirigiendo una serie de medidas y contribuciones económicas a sectores clave para hacer frente a la crisis del Coronavirus, como la salud pública, la agricultura familiar debe verse como una de ellas, en su capacidad para prevenir la escasez de alimento.
Y si los gobernantes no recuerdan esto, es nuestro papel reafirmarles firmemente lo que nuestros agricultores familiares, campesinos y comunidades indígenas necesitan para continuar produciendo comida con calidad en sus territorios.
En primer lugar, necesitan salud. No hay trabajo sin trabajadores sanos, por lo que la prioridad es contar con asistencia médica en las zonas rurales, adecuada para hacer frente a la posible llegada del virus a estas regiones.
Las medidas de abastecimiento de alimentos en los casos en que la producción no sea suficiente para alimentar a las familias también deben tenerse en cuenta en el cuidado inmediato de estas poblaciones. Por ejemplo, en lugares donde el cambio climático está dañando seriamente la producción.
Preservadas las vidas, es necesario ofrecer más apoyo a la producción, tanto con políticas públicas que brinden a los productores y productoras acceso a recursos naturales, infraestructura, créditos e insumos esenciales para la actividad, como la inserción de productos agrícolas familiares en el mercado. Las dinámicas de compra pública, por ejemplo, son estrategicas de generación de ingresos para las familias campesinas y acceso de la población a alimentos saludables
En el mismo sentido, en vista del impacto económico de la crisis de Covid-19, que ya muestra signos de llevar a la economía mundial a una recesión, es importante que en este momento haya reevaluación y flexibilidad en el pago de las deudas contraídas para la producción, siguiendo el que muchos países han hecho para minimizar los impactos directos en la economía de los ciudadanos comunes en sus actividades más diversas.
El trabajo de los líderes sindicales no puede detenerse, ya que nuestro compromiso con el bienestar de las familias que se ganan la vida produciendo alimentos en el campo es permanente, con o sin crisis. Es importante en este momento que los líderes recomienden a sus bases que traten de ser observadores y participativos.
La formación de comités para debatir y enfrentar la crisis en este momento es estratégica, tanto para monitorear y trabajar con las demandas de salud de la población rural, como para lidiar con alternativas para mantener la actividad de producir alimentos para las comunidades en los lugares donde viven.
Prestemos atención a nuestros territorios rurales y dialoguemos con los gobiernos, con la esperanza de que podamos resistir la situación actual y salir de la misma, en un futuro próximo, más fortalecidos.
Alberto Broch – Presidente de COPROFAM


