[Audio] CNFR investiga sobre variedades apropiadas para los productores familiares

Uruguay es uno de los Estados parte del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), un acuerdo internacional promovido por la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En este marco, Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR), la Red de Agroecología del Uruguay (RAU), y la Red de Semillas Nativas y Criollas del Uruguay ejecutan en el país un proyecto que, como explica Marcello Rachetti, responsable técnico por CNFR de su ejecución, “tiene varios objetivos, pero el principal es facilitar el acceso a determinados materiales fitogenéticos a los productores vinculados a nuestras organizaciones”. El proyecto es financiado en el marco de la 4° convocatoria del Fondo de Distribución de Beneficios del TIRFAA (BSF 4).

El técnico agregó que se apunta a identificar variedades que se desempeñen mejor en los sistemas productivos familiares; que presenten mejores características de adaptación a los efectos del cambio climático; y que resistan mejor la disminución en el uso de agroquímicos para el control de plagas y enfermedades, pensando en sistemas de producción agroecológica u orgánica.

El proyecto evalúa diferentes tipos de cultivos. En este sentido, Rachetti informó que en fruticultura se investiga en “manzanas; peras; duraznos; y ciruelas, buscando identificar materiales que sean más resistentes al cambio climático y mejor adaptadas a la producción agroecológica”. El fuerte del trabajo se lleva adelante en los departamentos de Montevideo, Canelones y Colonia, las zonas de mayor producción de frutales de hoja caduca del país.

Por otra parte, y en lo que tiene que ver con especies forrajeras, se trabaja con festuca y lotus. En este caso la investigación se lleva a cabo en predios de productores vinculados a la SFR Migues y a la Red de Agroecología, ubicados en su mayoría en el noreste de Canelones.

Por otra parte, la Red de Semillas Criollas trabaja en la instalación “de lo que ellos llaman Centros Regionales de Apoyo a la Biodiversidad, un banco de germoplasma de material genético vivo, dinámico, basado en intercambio de semillas que no tienen propiedad porque son semillas criollas. Están interesados en definir cuatro sitios, uno de ellos está definido y creado, se hizo en el primer año del proyecto y permite tener un espacio físico para la conservación de los materiales que los mismos productores intercambian”.

El proyecto culminará en julio de 2022, lo que complejiza la obtención de resultados, fundamentalmente en cultivos de ciclo largo, como la fruticultura. En este sentido, Rachetti destacó la coordinación lograda con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), que ha facilitado el acceso a resultados de investigaciones propias, o ha incluido a esta iniciativa en procesos de investigación que están en curso, con las cuales se viene articulando activamente. También se articulan apoyos de organismos como el MGAP y las intendencias departamentales, entre otros.

Rachetti destacó que “le vamos a buscar la vuelta para poder continuar con este proceso, porque las plantas van a seguir en el campo y nuestra intención es poder hacer una evaluación de más largo plazo. Si en esta etapa hacemos las cosas bien creo que tendremos mucha más chances para poder continuar”. El técnico agrego que en cuanto a las forrajeras, “tenemos la esperanza de que si plantamos este año, a fines del 2021 vamos a tener una primera cosecha de semilla. Vamos a tener una idea de cómo se comportan en dos años esas especies, pero también es de interés que esto dure más tiempo”.

El técnico de CNFR señaló que “hay un producto clave de este proyecto, que es la generación de un acuerdo o un protocolo de facilitación del acceso de este tipo de materiales a las organizaciones de productores”. En este sentido, el equipo técnico coordinador del proyecto participa en las sesiones del Comité Nacional Sobre Recursos Fitogenéticos, una instancia interinstitucional que tiene entre sus cometidos proponer al Gobierno estrategias destinadas a la implementación en el país del Plan de Acción Mundial para la Conservación y Utilización Sostenible de los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura de la FAO; y además, proponer base legislativa en el país en relación al acceso a los recursos fitogenéticos nacionales.

Marcello Rachetti anunció que “ya hemos seleccionado algunos productores viveristas interesados en hacer la multiplicación comercial” de los materiales genéticos que mejor se evalúen, “a través de la utilización de las correspondientes licencias y los protocolos de producción comercial de semillas que rigen en el Instituto Nacional de Semillas (INASE). Tenemos que respetar la legislación vigente de Uruguay para la producción y acceso a materiales de multiplicación -semillas o materiales de propagación vegetativa- pero lo que más nos importa es que si un productor quiere plantar una festuca rizomatosa y no la consigue en la casa comercial de la zona, en la medida que nosotros veamos que es un material de interés podremos ir generando tanto los acuerdos de acceso como las condiciones de multiplicación dentro de los marcos legales que nos permita que los productores puedan acceder a esos materiales de aquí a un tiempo, no de un día para otro, pero la intención es que esos materiales tan promisorios y que muchos productores pueden estar necesitando, estén disponibles en no muy largo plazo”.


Marco internacional

El Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA), fue adoptado durante la trigésimo primera sesión de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el 3 de noviembre de 2001.

El tratado tiene como objetivos generales:
– reconocer la enorme contribución de agricultores de todas las regiones del mundo a la diversidad de los cultivos que alimentan el mundo;
– establecer un sistema mundial para proporcionar a los agricultores, fitomejoradores y científicos acceso gratuito y fácil a los materiales fitogenéticos;
– garantizar que los usuarios compartan los beneficios que obtienen de los germoplasmas utilizados en la mejora de las plantas o en la biotecnología con las regiones de donde son originarios.

Su propósito es la conservación y el uso sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura; y la distribución equitativa de los beneficios derivados de su utilización, incluyendo los beneficios generados por el comercio. También reconoce el derecho de los agricultores y establece un sistema multilateral de acceso y distribución de beneficios derivados de cultivos afectados por el tratado.

El Sistema Multilateral -una solución realmente innovadora del Tratado para el acceso y la distribución de beneficios- se aplica a 64 de los cultivos más importantes incluidos en el Anexo 1, que en conjunto representan el 80% de los alimentos de origen vegetal, en un fondo mundial fácilmente accesible de recursos genéticos que está disponible de forma gratuita para los usuarios potenciales en las naciones que ratificaron el Tratado para algunos usos.

Historia: evolución del Tratado
La conservación y la utilización sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura son elementos fundamentales para garantizar una producción de alimentos mundial suficiente para alimentar en el futuro a una población siempre en aumento. En 1983 se creó la Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura y se aprobó el Compromiso Internacional Recursos Fitogenéticos, de carácter voluntario.

En 1996 tuvo lugar otro avance importante: la aprobación del Plan de Acción Mundial en la Conferencia Técnica Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos, celebrada en Leipzig (Alemania). Todo este trabajo tuvo su culminación en 2001 con la aprobación histórica del Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, que entró en vigor el 29 de junio de 2004.