El preocupante retroceso de los temas en los que deberíamos estar progresando
La humanidad participa, en este momento, de una gran carrera que tiene como premio principal un mundo más igualitario y próspero para las sociedades de todos los países, con derechos humanos respetados, patrones de producción y consumo más sostenibles, y muchas otras metas que hacia un futuro más digno para las generaciones presentes y futuras.
Esta carrera se planteó y formalizó en el principal espacio de diálogo político global, la Organización de las Naciones Unidas, en septiembre de 2015, durante la Cumbre de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible. En ese momento, se estableció la Agenda 2030, un plan de acción global que marca 17 grandes objetivos, denominados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y 169 metas a ser alcanzadas por estos países para el año 2030. Lo que nos pone, actualmente, a solo 10 años de cumplir esta misión.
Estos objetivos y metas incluyen principalmente factores como el bienestar de las personas, con la erradicación de la pobreza y el hambre, salud y educación de calidad para todos y la reducción de las desigualdades; además de enfocarse en preservar el medio ambiente y los recursos naturales con el objetivo de obtener energía limpia y asequible, combatir el cambio climático y las dinámicas de producción sostenible. Entre otros temas que apuntan al progreso y desarrollo del planeta en dinámicas más humanitarias que las utilizadas en los últimos siglos.
Cabe mencionar que, entre las estrategias consideradas por la propia ONU para lograr algunos de estos objetivos, se encuentra la Agricultura Familiar que defendemos y representamos, con toda su capacidad de contribuir en aspectos como la reducción del hambre en el mundo y la preservación del medio ambiente. En este sentido, el Decenio de la Agricultura Familiar de las Naciones Unidas, por la que trabajamos intensamente, es una agenda que interactúa directamente con los objetivos de la Agenda 2030, y por tanto busca impulsar la producción familiar a nivel mundial.
Sin embargo, lo que fue un gran optimismo en el lanzamiento de la Agenda 2030, se ha convertido en preocupación y angustia, cuando vemos que tasas que deberían estar progresando en este punto, en realidad están retrocediendo, o incluso empeorando en comparación con donde estaban antes, como datos presentados en el Informe 2020 sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible publicado por la ONU en julio. Entre ellos se encuentran el aumento de la inseguridad alimentaria, con el hambre que afecta a millones de familias, el deterioro del medio ambiente y la persistencia de las desigualdades sociales. Más que preocuparnos, nos avergüenza profundamente este escenario.
Es cierto que el brote de Coronavirus en el mundo fue uno de los factores determinantes para el agravamiento de muchos de estos problemas. Especialmente en nuestra región, que recientemente se convirtió en el epicentro de la contaminación por COVID-19, enfermedad que ya ha lamentablemente provocado muchas muertes en países del Mercosur Ampliado. Además de una crisis de salud sin precedentes, la pandemia provocó una fuerte crisis económica que ha culminado en un aumento del desempleo en muchos países latinos, y la consecuente dificultad para que estos trabajadores y trabajadoras lleven alimentos a sus hogares, así como otras necesidades básicas, hecho que refuerza la desigualdad social.
Pero la pandemia no puede ser una excusa para eximir a los gobiernos de la responsabilidad de actuar para revertir esta situación. Por el contrario, amplía la alerta de emergencia para que efectivamente actúen y brinden la asistencia necesaria para estos temas humanitarios. Tenemos en nuestra región países que están viviendo políticas neoliberales, políticas que han abandonado a la población más pobre que necesita apoyo estatal para que no perezca, y que ya están siendo perjudicados, solo mire los datos de la ONU.
Por nuestra parte, nuestras organizaciones han intensificado sus demandas y propuestas de políticas públicas desde sus gobiernos. Políticas que, orientadas al fortalecimiento de la agricultura familiar local en los países, repercuten también en la seguridad alimentaria de la población en su conjunto, ya que la agricultura familiar conlleva el potencial y la responsabilidad de abastecer a la sociedad de alimentos de calidad a un precio justo. Pero para ello, la agricultura familiar necesita no solo del intenso trabajo de los agricultores y campesinos, sino también del fundamental apoyo financiero y técnico del gobierno para cumplir con esta misión.
Como líderes y organizaciones, no podemos desacreditar que efectivamente es posible lograr los ODS y las metas de la Agenda 2030, ni desalentar del trabajo que tenemos que hacer en insistir en el diálogo y exigir una posición más favorable de los gobiernos de nuestra región para solucionar los problemas ampliamente expuestos por el Informe de la ONU, y como una de estas soluciones estratégicas es la inversión en el sector que produce alimentos y genera ingresos para la población rural. Desde COPROFAM y nuestras capacidades, seguimos comprometidos en trabajar para cambiar esta realidad.
Consulte el Informe 2020 sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible en su totalidad haciendo clic aquí: https://unstats.un.org/sdgs/report/2020/The-Sustainable-Development-Goals-Report-2020_Spanish.pdf
Alberto Broch – presidente de COPROFAM


