Ejecutar las políticas diplomáticas a base de ideología perjudica al Paraguay y el costo paga los pobres

Los dirigentes políticos y el sector empresarial del Paraguay todavía se encuentran con pensamiento de la época de la Guerra Fría, periodo cuando la ideología política marcaba las pautas de las relaciones internacionales y comerciales. Con el pretexto de defender la democracia y los derechos humanos, la dirigencia política y económica del país deciden el destino de la nación basados en principios ideológicos, aunque eso conlleva un alto costo para la población. Un sistema totalmente ultrapasado en un mundo globalizado, donde la economía marca el camino a seguir a los países, sin importar ideología política.

Los principios del actual sistema político y económico vigente en el país datan desde los inicios de la década del 50 del siglo pasado, durante el gobierno del sanguinario dictador Alfredo Stroessner, quien sentó las bases de las relaciones diplomáticas y empresariales del Paraguay con los demás países del mundo bajo el lema de “democracia sin comunismo”. Gracias a este sistema de unidad ideológica, en el contexto de la Guerra Fría, a pesar de la violación sistemática de los principios democráticos y de los derechos humanos, Stroessner obtuvo respaldo necesario para permanecer en el poder durante 34 años y 172 días, desde el 15 de agosto de 1.954 hasta el 3 de febrero de 1.989.

A pesar de que el gobierno totalitario de Stroessner llegó a su fin hace más de 32 años, sin embargo, la manera de pensar del extinto dictador a la hora de entablar relaciones bilaterales o realizar negocios todavía persisten en la clase política y empresarial dominante del país. El transcurso del tiempo de una manera dolorosa demuestra que, mezclar relaciones internacionales y/o negocios con cuestiones ideológicas, tiene un alto costo económico y social para el Paraguay, pero las consecuencias no pagan los políticos o los empresarios sino el alto precio paga la gente corriente y común.

Hace muy poco tiempo atrás, la importación a crédito de combustible de Venezuela permitió a Paraguay estabilizar a un precio muy competitivo la gasolina y el diésel, más supuestamente por la defensa de la democracia y los derechos humanos, el gobierno rompió relaciones bilaterales con el gobierno del país caribeño y canceló el negocio. El resultado: el precio que se paga en la actualidad tanto de la gasolina como del diésel corresponde prácticamente al doble de la época. La suba de los combustibles generó un efecto dominó; primero en el incremento del valor del pasaje a los trabajadores y segundo en el aumento del precio final de los alimentos a los consumidores.

Otro ejemplo de la mala jugada en la arena internacional del Paraguay de tinte ideológica es la alta apuesta por el Foro para el Progreso e Integración de América del Sur (Prosur), presentado y fomentado como bloque de la derecha democrática para eliminar la izquierda comunista del MERCOSUR. Con la llegada de la pandemia, el gobierno intentó apoyarse en el bloque recurriendo a la unidad ideológica de las autoridades de turno de los países miembros para la adquisición de la vacuna contra el Covid, dejando de lado al MERCOSUR que es una organización con mucha trayectoria, consolidada y reconocida. Un tiro que salió por la culata, ya que en gran medida por esta razón el gobierno todavía no pudo concretar la compra de los biológicos.