“El fuego, para calentar, debe ir siempre por abajo”, decía el Martín Fierro
Abril fue un mes de muchas incongruencias desde el punto de vista de las políticas agropecuarias. Tuvo la retórica de un plan pergeñado para desgastar, con la explicación de funcionarios del Gobierno que, cuando se los interroga para que expliquen el porqué de ciertas medidas (vale remarcar, todas inconsultas), aseguran que son para controlar la evasión y/o desarticular a empresas fantasmas. En nuestras palabras, defienden medidas cuyo único sustento es retórico, que parecieran querer apuntalar prejuicios errados pero presentes entre la masa de posibles votantes, que nada hacen para el desarrollo del país, al tiempo que perjudican al sector que siempre han tomado como enemigo.
Tomando lo anteriormente dicho voy a citar un ejemplo. La versión oficial indica que las nuevas medidas impuestas para la exportación de carne, granos y lácteos fueron para el control de empresas que evaden o funcionan contrariamente a la ley. Dejemos claro que el contralor corresponde y está dispuesto entre distintos organismos del mismo Estado, desde mucho antes de esta normativa, pero como la coordinación entre organismos nacionales es lenta y mala, generan nuevas medidas y trabas burocráticas, supuestamente para evitar que esto siga sucediendo, en lugar de hacer actuar a dichos organismos de manera adecuada. Desde el punto de vista de un productor, al que ante el mínimo problema con AFIP, o cualquier organismo de control le caen rápidamente con multas, le inhabilitan el CUIT o le dan de baja en los Registros, es difícil pensar que esos argumentos de los funcionarios sean reales o ciertos. Por el contrario, esas explicaciones les parecen, como mínimo, jocosas.
Desde la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias alzamos nuestra voz de alarma y, sin perder nuestra vocación de diálogo, pedimos audiencias con los ministros con injerencia en el tema: de Agricultura; Desarrollo Productivo y de Economía y Hacienda. Estas solicitudes se sustentaban en la promesa realizada por el presidente de la Nación durante el último encuentro que tuvimos, cuando aseguró que antes de tomar cualquier medida de alto impacto para el sector se conversaría con nosotros. Al momento, no sólo no hubo respuestas de parte de los funcionarios sino que, contradiciendo su compromiso una vez más, el Gobierno publicó en el Boletín Oficial la puesta en marcha de esas medidas: la declaración Jurada y una serie de resoluciones y cumplimientos para quienes deseen realizar operaciones de exportaciones de carne, lácteos y granos. Estas definiciones indudablemente nos recordaron a todos los productores a los tan perjudiciales ROE, por medio de los cuales se restringieron y direccionaron discrecionalmente las exportaciones de bienes de origen agropecuario, y causaron un daño irreparable a la producción.
Desde la CEEA dijimos: “Todo esto demuestra que no existe un compromiso real de diálogo ni tampoco se busca articular consensos por parte del Gobierno nacional en pos de generar desarrollo productivo, social y económico. Por el contrario, evidencia que aquellas promesas fueron sólo una puesta en escena para confundir a la opinión pública, traduciendo nuestra vocación en un esfuerzo inconducente”.
Por ello nos reunimos el Consejo Directivo Central de FAA en conjunto con la Comisión interna de Ganadería de la entidad y decidimos mantenernos en estado de alerta y monitoreo permanente ante las reiteradas declaraciones contradictorias y poco claras que generan malestar en los productores. En ese encuentro se dijo: “ya muchas veces ha sucedido que los anuncios vayan en una dirección y las aplicaciones concretas de las medidas, en otra, resultando siempre los mismos perjudicados: los pequeños y medianos productores”.
Funcionarios de este gobierno trabajan día a día pregonando ante la sociedad que los productores somos “todo lo malo”, con falacias y mentiras; apoyados por el aparato publicitario para transmitir mensajes que nada tienen que ver con un desarrollo equitativo, que valore el trabajo y la inversión que los productores ponemos día tras día. Tristemente, a veces esos comentarios los hacen personas que son o fueron productores, que estuvieron más o menos cerca de nuestra querida entidad, y eso nos da aún más pesar. Nosotros ponemos el cuerpo, la vida, la familia, las inversiones y asumimos los riesgos para seguir produciendo y desarrollando el interior y toda la Argentina. Ellos lo saben. Sin embargo, recibimos como recompensa el mal uso de paradigmas y analogías que solo hacen ensanchar la grieta, sin un debate serio sobre lo que somos hoy como país y hacia dónde vamos en materia agroexportadora y de desarrollo en plazos no menores a 20 años, como política de estado y no como políticos de turno.
Utilizan escabrosos métodos para confundir a la sociedad y dejarnos en posiciones incómodas. Cuando los precios de los commodities van al alza, se desesperan por seguir sacando lonja del mismo cuero; pero cuando tenemos inclemencias climáticas que nos dejan “con las ruedas para arriba”. No se nos arriman ni para preguntar cómo estamos.
Solo para dar un ejemplo de cómo funciona “la cosa” en otros países, quisiera señalar lo que sucedió a principios de abril de este año en Francia. Una helada negra quemó la producción de vid, frutales y demás cultivos. Y en no más de dos semanas del hecho, el primer ministro francés, Jean Castex, anunció la creación de un fondo de emergencia de 1.000 millones de euros para los agricultores afectados por las heladas y dijo “En una situación excepcional hay que tomar medidas excepcionales”. Sin preámbulos: eso es un ejemplo claro de política pública y visión de futuro. En todas partes del mundo protegen de cierta forma al que produce, excepto en nuestro país, donde los gobiernos no salen en ningún momento de su “modo recaudador y en constante campaña política”.
Esos mismos funcionarios y políticos nos quieren hablar a los productores de solidaridad. Y lo que no logran asumir es que somos solidarios, desde el momento que decimos amar esta actividad y con ella desarrollarnos junto a nuestra familia. Somos solidarios de hecho, al afrontar impuestos cada vez más leoninos que carecen de progresividad alguna (excepto honrosas excepciones de algunos impuestos provinciales). No solo eso; también somos los grandes perdedores en un sistema perverso, cada vez más concentrador, en el que todo nuestro esfuerzo y dedicación termina en un cuello de botella que beneficia siempre a los grandes.
Que a nadie le quepa ninguna duda de nuestra voluntad de buscar consenso y del diálogo con este y todos los Gobiernos. Porque, como siempre hemos dicho, estamos convencidos de que sólo en coordinación entre el Estado y los privados se crean las mejores políticas públicas. Pero estamos frente a gente que no quiere oírnos. Y así lo expresamos desde la comisión de lechería de nuestra entidad, donde ante el hartazgo de plantear las necesidades y no recibir respuestas, se afirmó: “no hay peor sordo que el que no quiere oír”, sumado a que “con los precios actuales la actividad lechera se desploma”. Y, con problemática similar, dijimos desde Tucumán: “Si no se toman medidas, nos vamos a quedar sin productores chicos de caña de azúcar en la provincia”. Y podría seguir durante muchos párrafos enumerando la situación particular de cada provincia, pero ese no es el espíritu del mensaje; ya que en cada lugar del país tenemos situaciones parecidas. Está claro que el problema no es una producción, sino la escala. Por eso es necesario que se implementen políticas públicas segmentadas para frenar la concentración, de otra forma nos sacarán de la cancha.
Es mi deber informar en primera persona que estamos frente a una gran amenaza, por omisión, torpeza, negligencia o malas intenciones. Pero estoy convencido de que así lo es. Estamos frente a un gobierno que tiene un relato que va por un camino, que parece lleno de buenas intenciones, que dice querer escucharnos, pero las reuniones son estériles… y podría dar más ejemplos. Pero en la práctica, anda con el cuchillo abajo del poncho permanente.
Se avecinan tiempos complejos y necesitamos una entidad fuerte. Y, para eso, debemos encontrar filiales enérgicas, socios activos, mujeres, hombres y jóvenes decididos a defender unidos y con solidaridad a cada federado, ya que desde ahí nace nuestra única posibilidad genuina de accionar gremial, porque como decía el Martín Fierro: “el fuego pa’ calentar debe ir siempre por abajo!”
La Federación Agraria Argentina la constituimos todos los que le ponemos ideas, lucha y el cuerpo día a día sin descanso. FAA es cada uno de nosotros que estamos haciendo patria en nuestras tierras, luchando para mejorar las condiciones de vida para darles un futuro mejor a nuestros hijos y, en definitiva, desarrollo a todo el país. No de quienes buscan que desaparezcamos y diluir nuestra lucha. Y por eso seguiremos luchando, para que no cumplan su cometido.
Indudablemente los problemas que tenemos son muchos, y las iniciativas de quienes nos gobiernan no solo no los resuelven sino, por el contrario, resultan incluso profundizadoras o contraproducentes. Por ello, los invito a que sigamos de pie, luchando por nuestros derechos, nuestro futuro y el de nuestros hijos. Y esa lucha no puede ser individual. Para avanzar necesitamos estar juntos y, como presidente de la entidad, necesito de cada una y uno de ustedes. Estamos frente a un gobierno arbitrario y demagogo, donde pone a disposición mesas de diálogo por todos lados, para luego hacer lo que se le place, sin consensuar las políticas que aplican. Parece que sólo buscan una foto para luego hacer y deshacer como quieren.
En el caso de la producción y los exportadores, sea por casualidad, impericia, o a propósito, siempre los únicos perjudicados somos los productores, y siempre la variable de ajuste cae sobre nosotros. Para ejemplificar esté caso veamos lo que pasó con las nuevas medidas ante las exportaciones de carne: el solo anuncio hizo que bajara el precio en pie, por lo que nos afectó directamente a los productores de menor escala. Tenemos un gobierno que, por cada inconveniente que se le presenta, inventa uno aún mayor para nuestro sector, como si fuéramos la raíz de cada problema.
Somos la Federación Agraria Argentina y la fuerza de nuestra historia nos llevará a encarnar una nueva lucha con la convicción clara y la frente en alto, pues sabemos que lo que hacemos es por nuestros principios, por nuestra dignidad, por nuestra tierra en la que producimos y en la que forjamos el futuro de nuestra familia y de los pueblos del interior… Así que nunca claudicaremos. Basta de estar tranquilos tranqueras adentro ante tanta intranquilidad. Es hora de hacernos escuchar.
Nota de opinión de Carlos Achetoni, presidente de FAA.


