La pandemia no ha terminado, nuestra preocupación y articulación tampoco

Foto: César Ramos - CONTAG

Ha pasado 1 año y medio desde que el Covid-19 se ha convertido en una enfermedad a escala global, y aún es difícil establecer una perspectiva realista para el fin de la pandemia y de las graves crisis sociales, económicas y políticas desencadenadas en varios países durante este proceso, especialmente en la región del Mercosur Ampliado donde estamos.

Aunque tengamos el éxito de la ciencia en el descubrimiento de una vacuna de inmunización, el nuevo Corona ha demostrado ser un virus muy potente, que eventualmente sufre mutaciones que lo hacen más contagioso y resistente, y esto nos mantiene muy alertas y preocupados por el riesgo de que esto plantea para poblaciones enteras.

En este sentido, la primera gran preocupación es la inminente tercera ola de contagio y el avance de las variantes Delta y Lambda del virus en América del Sur, hecho que ha sido reportado por especialistas en los últimos meses. Los estudios indican que ambas variantes demuestran un alto nivel de contagio, que en una proyección general puede representar un aumento en el número de hospitalizaciones y nuevas sobrecargas para los sistemas de salud pública de los países, como sucedió en períodos anteriores.

Con este problema en mente, es muy importante que se mantengan las medidas de higiene y distanciamiento social y, sobre todo, que los países avancen más en sus campañas de vacunación. En este punto nuestra preocupación aumenta, dada la desigualdad en la tasa de vacunación en nuestra región, y también en todo el mundo, en un momento en el que la inmunización colectiva y rápida es fundamental para prevenir más muertes.

En el Mercosur Ampliado, solo tenemos a Chile y Uruguay con sus campañas más avanzadas, mientras que Paraguay y Brasil avanzan lentamente en la aplicación de las dosis necesarias para la inmunización completa. En una perspectiva global, la desigualdad se hace aún más evidente, cuando vemos que algunos países del hemisferio norte ya están cerca de aplicar una tercera dosis de refuerzo a la población, mientras que países africanos y latinos aún luchan con sus recursos para poder aplicar la primera.

Es importante recordar aquí que la aplicación de vacunas, independientemente del laboratorio y la marca, no garantiza que la persona inmunizada esté totalmente libre de contraer Covid, simplemente disminuyen la letalidad de la acción del virus en el cuerpo. En vista de esto, será importante mantener los cuidados por más tiempo hasta que el número de casos en los países disminuya considerablemente.

La segunda preocupación de COPROFAM y sus gremiales se refiere al aumento de la desigualdad social y la inseguridad alimentaria provocada por la crisis económica que estalló con la pandemia y afectó a la mayoría de los países de nuestra región, dejando un gran rastro de vulnerabilidad, hambre y desnutrición en las poblaciones, con muchos pueblos rurales incluidos en este problema.

Para ayudar a equilibrar y revertir esta situación, COPROFAM insiste en que el sector de producción de alimentos por parte de pequeños(as) agricultores(as), campesinos(as) e indígenas es estratégico y siempre ha estado comprometido con brindar alimentos saludables y nutritivos para todas las personas, incluso siendo uno de los sectores que no paró desde el comienzo de la pandemia. E incluso con todo este esfuerzo, no ha sido ni es valorado por muchos de los gobiernos latinos.

Reforzamos que esta valorización es fundamental para que el sector pueda producir a buena escala y llegar a más personas, y solo se da a través de políticas públicas específicas para incentivar la producción y el acceso a los mercados. Estas políticas dependen no solo de la asignación de recursos financieros públicos, sino también del diálogo entre los equipos de gobierno y las organizaciones representantes de los agricultores familiares, para que el diseño e implementación de estas políticas resuelvan los problemas existentes y generen resultados reales para el desarrollo de los productores locales.

También es de gran importancia la inversión de agencias de cooperación internacional, como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y sus oficinas regionales, en proyectos de desarrollo rural que involucran a gobiernos y otros sectores estratégicos para mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la agricultura familiar. Valoramos la apertura de estas agencias en el diálogo con nuestras organizaciones en la búsqueda de reconocer los problemas más urgentes que enfrenta nuestra AFCI y avanzar en la elaboración de proyectos para mejorar el escenario actual.

Nuestras gremiales afiliadas de los siete países del Mercosur Ampliado y sus organizaciones de base están dispuestos y comprometidos a participar en estos diálogos y hacer propuestas importantes, y necesitan más apertura de los gobiernos para hacerlo. Por eso, seguimos exigiendo que esta escucha se dé en todos los países y avancemos hacia las necesarias transformaciones de nuestros sistemas alimentarios.

Mientras tanto, pedimos a todos que continúen cuidándose con precaución en su entorno y no abandonen las medidas de seguridad indicadas por la Organización Mundial de la Salud hasta que la pandemia realmente retroceda.

Alberto Broch, presidente de COPROFAM