Las oportunidades para mejorar verdaderamente los sistemas alimentarios están siendo eclipsadas por otros intereses
La transformación de los sistemas alimentarios del mundo es objeto de debate en varios sectores, especialmente en la sociedad civil, principal interesada en hacer estos sistemas más democráticos y accesibles para todas las personas. En una situación tan complicada como la actual, en la que las tasas de inseguridad alimentaria solo están creciendo en varios países y revelan que millones de familias pasan hambre, el acto de repensar y reorganizar eficazmente las estructuras de producción, transformación y distribución de alimentos se torna absolutamente urgente.
Esta misma sociedad civil se organiza en grupos que representan a diferentes categorías de trabajadores de los más diferentes sectores, y también de diferentes países y continentes, tal como lo hace COPROFAM con los productores familiares en el Mercosur Ampliado. Y estas organizaciones, preocupadas por la situación que ven en sus países y regiones, están hablando interna y colectivamente sobre las demandas existentes en relación al hambre y la desnutrición, con el fin de identificar estrategias que ayuden a revertir esta desastrosa coyuntura.
Por mucho que estas organizaciones de la sociedad civil y sus líderes se esfuercen en pensar estrategias y construir propuestas de políticas públicas para abordar el tema, la sociedad depende del involucramiento de sus gobiernos en este proceso, para que se implementen acciones concretas y la meta de disminuir el hambre se logra en realidad. Cabe recordar aquí que acabar con el hambre es un objetivo establecido en un acuerdo oficial entre las Naciones Unidas, es decir más de 190 países, y está incluido entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una agenda definida por estas naciones para ser alcanzada hasta el año 2030.
La buena noticia es que los gobiernos de estos países conocen los problemas y se están organizando para debatirlo, en intentos como la I Cumbre Mundial de Sistemas Alimentarios de la ONU, programada para los días 23 y 24 de septiembre de 2021, para ser un espacio de encuentro internacional y diálogo que promete mirar los sistemas alimentarios de manera integradora, ya todos los desafíos y problemas que se enfrentan hoy en día en el tema de la alimentación de la población mundial.
La mala noticia es que no sabemos si realmente y concretamente están tratando de solucionarlo, pues el proceso de construcción de esta cumbre se ha cruzado instancias fundamentales en el tema de la alimentación a nivel internacional. Por ejemplo, no se respetó la dinámica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación Y la Agricultura (FAO) y su Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), que es tradicionalmente un importante espacio político de diálogo entre gobiernos y sociedad en todo lo que involucra la alimentación. En la construcción de la Cumbre no se tuvo en cuenta el Mecanismo de la Sociedad Civil, un importante organismo del CSA que precisamente lleva los aportes de la sociedad a los debates, y de hecho se le dio el papel central de la iniciativa a las grandes corporaciones y multinacionales en el sector alimentario.
Previo a la cumbre oficial, se llevó a cabo un programa de diálogos autónomos en las regiones del planeta sobre sistemas alimentarios, que contó con la participación y aportes de diversas organizaciones, incluida la COPROFAM en el diálogo de la región latina. Y el texto oficial de la Cumbre aborda la inclusión de múltiples interesados en la temática, poniendo en pie de igualdad a gobiernos, empresas, científicos y organizaciones. Pero el proceso de consolidación real de la iniciativa no dejó claro cómo se tomarán las decisiones al final y por quién, a pesar de otras señales a lo largo del proceso de construcción que ya indican la fuerte tendencia para la gobernancia corporativa.
Es fácil entender que las grandes empresas no están realmente interesadas en los temas humanos, sino en mantener su hegemonía y lucro en el sector alimentario, y esto refuerza nuestra preocupación por los resultados de la Cumbre Mundial de Sistemas Alimentarios. De hecho, estas empresas son parte del problema de los sistemas alimentarios actuales, como el uso intenso de plaguicidas en la producción, la concentración y extragerización de tierras, la hiperindustrialización que da como resultado alimentos con poco valor nutricional, entre otras estructuras problemáticas que necesitan modificarse en los sistemas alimentarios para hacerlos más sostenibles e inclusivos.
Como representantes de la agricultura familiar, campesina e indígena (AFCI), y sus valores que abordan el uso sostenible de los recursos, la producción de alimentos saludables, la generación de ingresos para los pequeños productores y su permanencia en las zonas rurales con dignidad, la reducción de la desigualdad social, y muchos otros que dialogan mejor con los sistemas alimentarios democráticos que el mundo necesita ahora, este tipo de debate que vuelve a priorizar el capitalismo no nos contempla, y está lejos de presentar soluciones al complejo problema del hambre en el mundo.
Por lo tanto, mismo con el gran potencial de una Cumbre como esta para promover una movilización global precisamente en esta coyuntura de graves crisis económicas y sociales a todos los niveles, COPROFAM piensa que el mundo en realidad está perdiendo una hermosa oportunidad para asumir grandes y reales compromisos para las transformaciones radicales que los sistemas alimentarios necesitan ahora y para el futuro. Y que la Cumbre no impulsará estos cambios como podría, y lo lamentamos.
Y es por ello que COPROFAM se unió a más de 500 organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo, de los más diversos sectores involucrados y preocupados por la soberanía y seguridad alimentaria de los pueblos con garantía de una buena nutrición, en una cumbre paralela denominada “Contramovilización de los pueblos para transformar los sistemas alimentarios corporativos ”, que tuvo lugar en los mismos días que la cumbre oficial de la ONU. Este espacio demuestra que continuaremos en nuestra movilización permanente de lucha por la soberanía y seguridad alimentaria de los pueblos, señalando los caminos que parecen más adecuados para llegar a los sistemas alimentarios democráticos e inclusivos que la sociedad necesita.
Por nuestra parte, creemos que estos caminos incluyen temas profundos y complejos como la redistribución de la tierra y los recursos naturales, la visibilidad y fomento de la AFCI y sus modelos de producción sustentable, la atención a los derechos humanos, entre otros enfoques que necesitan ser trabajado con seriedad y urgencia por parte de los gobiernos. La Década de la Agricultura Familiar, una agenda más de compromiso de las Naciones Unidas, muestra en detalle los pilares que hay que considerar para el fortalecimiento de la AFCI, y debe ser analizada con más atención por las autoridades de los países.
Ya no tenemos tiempo y los que tienen hambre, tienen prisa.
Alberto Broch, presidente de COPROFAM


