Producción de Fibras dietaria y Turberas: su colaboración con la biodiversidad y su aporte a la reducción de carbono

El hombre, para mantenerse como especie necesita disponer de materias primas alimenticias que le aporten nutrientes. Al principio de la historia, la idea de alimentación estaba basada únicamente en este concepto. Más tarde, con los avances de la ciencia y los descubrimientos, la preocupación por su alimentación tuvo un nuevo sentido donde la ingesta de alimentos se relaciona con los componentes dietarios. La función de estos componentes- señala el mundo científico- es prevenir enfermedades crónicas originadas en trastornos fisiológicos, como cáncer, osteoporosis, complicaciones cardiovasculares, trastornos de la función intestinal, diabetes, obesidad, etc. Y teniendo en consideración esos preceptos básicos, la búsqueda de fibras para la alimentación se explora las generadas por las turberas y el Sphagnum que habita en ellas.

Bien sabemos que la investigación científica actúa en las fronteras del conocimiento. En general, las investigaciones sobre fibra se han focalizado en tubérculos, cereales, legumbres, frutas, algas, todas caracterizadas por presentar un elevado contenido de fibra dietaria, baja digestibilidad y reducido valor calórico. “Un ejemplo típico de alimento funcional es la fibra dietética (FD) la que ha sido profusamente investigada tanto en el campo de la nutrición como en el de la ciencia y tecnología de alimentos (14,15). Su consumo habitual se realiza en base a la oferta de numerosos y variados alimentos como barras de granola, galletas, sopas, bebidas extruidos, productos de pastelería, lácteos, comprimidos saciadores de hambre, snacks etc. en los cuales se ha incrementado la cantidad de fibra para prevenir enfermedades crónicas”. Esto lo señala el documento Propiedades funcionales de la fibra del musgo Sphagnum magellanicum y su utilización en la formulación de productos de panadería, elaborado por un conjunto de investigadores de la Universidad de la Frontera, Temuco.

Las turberas son ecosistemas presentes en zonas de bajas temperaturas y abundante precipitación. Su distribución mundial es altamente heterogénea, estando la mayoría en el hemisferio norte, y sólo un 4% en América del Sur principalmente en Chile y Argentina. En Chile se distribuyen entre las regiones de La Araucanía y Magallanes y Antártica Chilena. Muchas de ellas, se formaron algunas se formaron hace miles de años producto del derretimiento de glaciares, acumulando materia orgánica y manteniéndose, hasta el día de hoy, intactas.

Parte importante de las turberas es su vegetación. Quizás uno de los más reconocibles es el musgo Sphagnum magellanicum, pero también se acompaña de especies de hongos y líquenes, entre otros. También es posible encontrar planta carnívora Drosera uniflora, y distintas especies de orquídeas, así como organismos microscópicos que puede que todavía no hayan sido identificados.

Sphagnum es un género de musgos comúnmente llamados musgos de turbera. Los miembros de este género pueden retener grandes cantidades de agua dentro de sus células. Esa es una línea de trabajo de enorme potencial para el mantenimiento de los ecosistemas que sufren estrés hídrico. Existen tanto turberas naturales como antropogénicas. Las primeras, como lo dice su nombre, se formaron naturalmente y son vestigios del pasado. Las segundas son el resultado de alteraciones humanas en el suelo y se conocen más popularmente como “pomponales”.

Las turberas, que han sido analizadas por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, actúan como reservorios de agua y son particularmente importantes en aquellos lugares donde no hay abastecimiento de este recurso a partir de los deshielos de montañas, sino su única fuente de agua proviene del almacenamiento de las aguas lluvias, como ocurre en el Archipiélago de Chiloé. Este tipo de humedales funcionan como verdaderas esponjas de dióxido de carbono y de agua, por lo que tienen un rol fundamental en el almacenamiento de carbono. Sobre la captura de carbono que realizan, no solo son almacenadoras, sino que cumplen un rol como sumideros, porque son capaces de capturar más de lo que son capaces de emitir.

Según cifras de Greenpeace, las turberas ocupan el 3% de la superficie del planeta, pero fijan el 30% del carbono presente en los suelos terrestres. Chile alberga cerca de 3,1 millones de hectáreas de turberas, las que desde la última glaciación han almacenado cerca de 1,2 billones de toneladas de carbono, equivalentes a lo que Chile emitiría durante 99 años, considerando las emisiones totales del país.

Las funciones medioambientales o servicios ecosistémicos, descritas para los humedales en la Convención de Ramsar, son tan diversas como relevantes: y van desde el control de inundaciones, recarga de napas subterráneas, estabilización de costas y protección contra marejadas, retención y exportación de sedimentos y nutrientes; hasta la mitigación del cambio climático, depuración de aguas, recreación y turismo, valor cultural, reservorio de diversidad biológica, entre otros.

En el territorio nacional- Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, ODEPA- la Región de Magallanes presenta la mayor superficie de turberas. El 17% del territorio regional (2.270.126 ha) está cubierto por turberas. De éstas, el 83% se encuentra en el Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado (SNASPE). Dentro de la región, la distribución de las turberas según provincia es la siguiente: Última Esperanza, 55%; Magallanes, 25%; Tierra del Fuego, 4%, y Antártica chilena, 16%.

Estas esponjas naturales que colaboran con la biodiversidad y su permanencia reduce la huella de carbono. “Esta característica podría ser de mucha utilidad para la preservación de la vida amenazada por el cambio climático y el efecto invernadero, pero, además, dado que esta estructura puede albergar agua, también produce ciertos niveles de equilibrios respecto a las temperaturas e incluso los vientos de algunas zonas puntuales”, sostiene Eduardo Acuña, cofundador de la Red Plurinacional de Humedales.

“Las turberas son consideradas como un fósil viviente y están mal catalogadas dentro de esa estructura y son explotadas. Por lo general, la turbera la muelen y la ocupan como sustrato, e incluso en algunas partes las han usado como aislantes térmicos”, dice Eduardo Acuña. Su rol ecosistémico la hacen muy apreciable y las aplicaciones que tiene el sphagmun son múltiples, también se puede utilizar como acondicionador de suelo, utilizándose como elemento de drenaje y absorción de humedad excesiva de los suelos, otorgando una mejor absorción del agua y mejoramiento de la estructura del suelo.

Se estudia como alimento capaz de absorber grasas en el organismo. Por su alto porcentaje (77%) de fibra dietaria, superior al contenido encontrado en fríjol (20%) y la avena (15%) (28). se transforma en una excelente fuente de fibra que puede ser incorporada en alimentos de consumo frecuente con evidentes ventajas para la población.

Los investigadores de la Universidad de la Frontera señalan que: “la naturaleza química y la estructura de la fibra dietética son las características principales que determinan su comportamiento en el lumen intestinal. Las propiedades funcionales de la FD son las principales responsables de los aspectos fisiológicos desarrollados por la fibra en el tracto gastrointestinal. Entre éstas podemos citar las siguientes: regulación de la función intestinal, disminución de la absorción de la glucosa, menor demanda de insulina, prevención del cáncer de colon, regulación del nivel de colesterol y reducción de ingesta calórica entre otras.

Para el Movimiento Unitario de Campesinos y Etnias de Chile en voz de su presidente Orlando Contreras, “tienen singular importancia estos cultivos para la agricultura familiar campesina. Muchas comunidades viven de este recurso y, a pesar de los años que demora en restituirse, en muchas ocasiones las comunidades del sur han restituido a la vida una turbera que ha sido explotadas de manera irracional. Desde ese punto de vista la AFC tiene especial cuidado por ser una agricultura sustentable y capaz de mantener relaciones estables y armónicas con el medio ambiente”. El grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC) consideró la conservación de turberas como clave para la mitigación y adaptación al cambio climático, con efectos inmediatos por su alto contenido de carbono. Así también, se ha considerado su conservación como una “solución basada en la naturaleza”.

 

 

Para profundizar en la flora de turberas y su botánica, este link que nos lleva a un libro de Erwin Domínguez ayuda a ampliar horizontes.

https://web.inia.cl/wp-content/uploads/2019/04/Erwin-Dom%c3%adnguez-Flora-de-Turberas-2019.pdf