Un emprendimiento familiar surgido desde la agricultura familiar que promueve la crianza de cuyes y la alimentación saludable en la provincia de Otuzco en la región La Libertad

Las perspectivas y oportunidades de la provincia de Otuzco

Otuzco es una de las doce provincias que conforman la región La Libertad, ubicada en el norte del país. Ubicada en la zona andina del vasto territorio liberteño, esta provincia cuenta con dos importantes cuencas como son las de los ríos Chicama y Moche, que dan vida a la actividad agropecuaria que tiene a la agricultura familiar en su base principal. Sin embargo, pese a sus potencialidades, los productores familiares arrastran los mismos problemas, marginaciones y olvidos que por décadas aqueja a este importante sector productivo de país.

En esta región, que no escapa de las precariedades organizativas que afectan a la sociedad rural, mantiene vigencia la Federación Departamental de Campesinos de La Libertad, FEDECALL, cuyos dirigentes hacen importantes esfuerzos no solo por capacitarse sino por llevar a la práctica sus aprendizajes tanto en lo organizativo como en lo productivo; y lo que es más importante, están imbuidos por ese espíritu emprendedor que los lleva a demostrar las potencialidades de la agricultura familiar.

La capital de la provincia es la ciudad del mismo nombre, Otuzco, una apacible y vistosa población típica andina ubicada en una especie de hondonada rodeada de cerros y campiñas en los que se constituyen diversos caseríos cuyas familias se dedican a la agricultura familiar, así como a la crianza de animales menores. La ciudad de Otuzco, además de su belleza natural, también goza de un prestigio cultural y turístico, popular y religioso que en los últimos años va cobrando mayor acogida no solo para los potenciales visitantes de la zona sino de otras regiones del país.

Son precisamente esas características de la provincia y de la ciudad de Otuzco, las que impulsaron a las familias productoras, muchas de ellas organizadas en asociaciones que dan vida orgánica a la FEDECALL, a plantearse nuevos retos y emprendimientos aprovechando las potencialidades de la asociatividad, de las oportunidades del fortalecimiento de capacidades a través de los cursos de capacitación y las ventajas productivas y turísticas que representa la provincia de Otuzco.

Avanzando de la producción a la transformación complementando la producción familiar con la asociativa

Magaly Díaz de la Cruz, es una de las jóvenes y dinámicas dirigentas que han surgido en el seno de las asociaciones de productores de la provincia de Otuzco. Representa también a la FEDECALL y ha participa activamente en las diversas actividades orgánicas y de capacitación que organiza la Confederación Campesina del Perú, CCP, a la cual está afiliada la FEDECALL. Ella y muchos de sus familiares son parte de la Asociación de Productores Agropecuarios “Santa Bárbara” del caserío de Pango.

Magaly nos resume las limitaciones de las actividades agropecuarias de las familias productoras antes de que se decidieran a afrontar los retos del emprendimiento. “Hasta hace poco nos dedicábamos a la siembra de trigo y cebada, cultivos que eran temporales y no nos daban rentabilidad. Tuvimos que pensar en otras actividades productivas y también en nuevos emprendimientos”, señala la dirigenta de Otuzco.

Una de las actividades en las que identificaron nuevas oportunidades fue la crianza de cuyes, que como indica Magaly, ya la venían realizando algunas asociaciones, aunque lo hacían a la manera tradicional y a menor escala. Por ello, gestionaron apoyo a diversos técnicos y también a algunas instituciones públicas y de la sociedad civil para capacitarse en el mejoramiento de la crianza de cuy.

Para ello, empezaron a mejorar sus cultivos de alfalfa y otros pastos para asegurar la alimentación para los cuyes, tanto en cantidad como en calidad; asimismo, comenzaron con la construcción de galpones familiares para un mejor manejo de estos animales menores, así como a aplicar nuevas prácticas de sanidad para evitar la mortalidad de los cuyes como ocurría cuando la crianza era más tradicional y doméstica.

Magaly Díaz explica que, junto a estas actividades productivas, también tuvieron que empezar a ver cómo se mejoraba la parte organizativa, pues si bien se contaba ya con algunas asociaciones, estas todavía mostraban algunas debilidades en su funcionamiento, tanto porque muchos de los socios no veían mejores resultados o porque estas asociaciones carecían de algunas formalidades necesarias para un adecuado funcionamiento.

Hay otro aspecto que también estaba presente en las iniciativas de varios de los dirigentes de las asociaciones que, junto con Magaly, asumieron el reto de mejorar la producción, y era el tema de la transformación, pues estaban convencidos de que, dándole un valor agregado a su producción, mejorarían también sus ingresos.

Para ello, vieron que era importante también involucrar a otras asociaciones con presencia en los caseríos del distrito y de la provincia, como una asociación de artesanos, asociaciones culturales y grupos artísticos, que sin duda serían un gran aporte al momento de plantearse los nuevos emprendimientos aprovechando las potencialidades culturales, populares, religiosas y culinarias de la provincia.

“Por ello decidimos articularnos con las asociaciones de los caseríos que se dedicaban a la crianza de animales menores sobre todo de cuyes, con las asociaciones de artesanos que se dedican producir utensilios, así como con grupos que buscan rescatar nuestras costumbres ancestrales como los grupos de danza típicas y asociaciones artísticas de la provincia”, remarca Magaly Díaz.

Señala también que varios de los dirigentes de las asociaciones participaron en diversas actividades de capacitación en los que abordaban los temas productivos, la asociatividad y el emprendimiento, como la Confederación Campesina del Perú, el programa Sierra Productiva, FONCODES, entre otros, que contribuyeron a fortalecer sus iniciativas productivas y asociativas orientadas a nuevos emprendimientos.

Un emprendimiento alimentario y turístico en base a platos típicos con carne de cuy

Magaly Díaz de la Cruz, ha venido participando en diversos cursos de capacitación representando a la Confederación Campesina del Perú, CCP. Uno de ellos fue el curso de Cooperativismo y Asociatividad que organizó COPROFAM y el IICA, y ello le ha servido de mucho para el emprendimiento familiar que impulsó a partir de la asociación que representaba.

“Este emprendimiento surgió de una idea de negocio, inspirada en las posibilidades de mercado que presentaba la provincia de Otuzco para promover la comida y platos típicos a base de cuy, que es también una manera de transformar la carne y darles valor agregado a nuestras crianzas. Tomamos como base nuestra Asociación de Productores Agropecuarios “Santa Bárbara” del Caserío de Pango y decidimos impulsar un recreo campestre al que denominamos “Súper Complejo Otuzco”, comenta Magaly.

En este recreo se ofrecen los platos típicos como cuy guisado y cuy frito, que cada vez tienen una gran demanda en el mercado local por la presencia de turistas que acuden a conocer la provincia. “Al principio tuvimos muchos problemas y dificultades para formalizarnos. Luego estaba el tema de la competencia, pues en las zonas urbanas también existen buenos restaurantes y nosotros veníamos de la zona rural, con nuestras costumbres y nuestra forma de vivir; y el reto era competir y posesionarnos en el mercado local”, agrega.

Y así, poco a poco, se fue asentando el negocio que ha resultado atractivo, no solo por el crecimiento de la demanda de los platos típicos, sino porque también se sabe aprovechar algunas fechas claves en las que se conmemoran fiestas populares y religiosas como la Virgen de la Puerta, Patrona de Otuzco, que genera una gran afluencia de turistas y mejoran los ingresos familiares. De esa manera, también crece la demanda de carne cuy que beneficia a las asociaciones de productores de animales menores, y también a las asociaciones de artesanos que producen utensilios tanto para los restaurantes como para los turistas.

Junto a la Asociación “San Bárbara”, otras asociaciones como “Mariscal Castilla”, así como las asociaciones de artesanos del caserío Huacaday y de Cuyuchugo Usquil a las que se suma una asociación cultural de “Artistas Otuzcanos”, son parte de este emprendimiento que complementa la producción familiar y asociativa, la transformación y producción de alimentación sana y orgánica en base a carne de cuy, así como la presencia de artesanos y expositores de la cultura de la provincia.

Logros a destacar, demandas y retos por asumir

Este emprendimiento familiar vinculado a los esfuerzos asociativos de los agricultores familiares, más allá de las dificultades propias de todo esfuerzo novedoso, ya muestra importantes logros que se pueden destacar. Un primer aspecto, tiene que ver con la complementariedad de la producción familiar con la capacidad de asociarse para mejorar la producción, fortalecer las capacidades y avanzar hacia la transformación para dar mayor valor agregado que permita incrementar los ingresos familiares.

Como lo señala en sus propias palabras Magaly Díaz, “un logro es que esta experiencia no está ayudando a mejorar nuestra calidad de vida a todas las asociaciones de productores, de artesanos y a quienes promueven la cultura de la provincia. En lo productivo hemos mejorado nuestros galpones y obtenido una mejor carne de cuy porque estamos tecnificando nuestra crianza; y la capacitación nos ha permitido conocer la importancia de trabajar asociativamente para lograr juntos mejoras en nuestras comunidades”.

Hay varios aspectos en los que todavía se tiene que seguir mejorando como en el caso de las artesanías, que requiere seguirse capacitando y mejorando para brindar mejores productos manteniendo siempre la identidad cultural de la provincia.

En el caso de las familias productoras se necesita implementar el riego tecnificado para mejorar la producción de pastos, pues todavía la mayoría sigue con el riego por inundación y el agua de desperdicia. En este aspecto se requiere el apoyo del gobierno local provincial y de los distritos, así como de otras instituciones promotoras de desarrollo local.

Hay otro elemento a destacar en esta experiencia y es la participación activa de los jóvenes varones y mujeres, tanto en las asociaciones de productores agropecuarios, específicamente en la producción de cuyes, como en las asociaciones de artesanos, así como en las asociaciones culturales y de danzas típicas. La presencia de estos jóvenes es muy valiosa tanto por el empeño, la energía y el entusiasmo que le impregnan a sus actividades, así como por la contribución a la sostenibilidad de las experiencias.

Un reto final que plantea esta experiencia de emprendimiento es poder replicarla en otros ámbitos de la provincia, como una forma de seguir impulsando y fortaleciendo la agricultura familiar hasta lograr que estas vayan constituyéndose en la base de políticas públicas, tal como lo remarca Magaly Díaz.

“Nosotros los campesinos agricultores somos quienes damos de comer a la cuidad y también impulsamos estos emprendimientos. Entonces las instituciones del Estado deberían tomar en cuenta estas experiencias para convertirlas en políticas públicas diferenciadas para ser incluidos en los programas de gobierno y recibir más capacitación, más tecnología, y presupuestos para seguir creciendo como organizaciones” demanda la dirigenta e impulsora de esta experiencia.

Un elemento que hay que destacar de esta experiencia de emprendimiento familiar vinculado a la asociatividad y a la agricultura familiar, es que incorpora aspectos del enfoque del desarrollo territorial en la medida en que se basa en elementos centrales del ámbito rural y también aprovecha las oportunidades para la transformación productiva e institucional del territorio de la provincia con la finalidad de reducir la pobreza y lograr la competitividad.