Los campesinos de Peumo rescatan semillas ancestrales del tomate y reviven viejos sabores

A unos 144 kilómetros al sur de Santiago, el agricultor José Flores cultiva hace tres años la semilla de este tomate, una variedad atávica de la familia de las solanáceas, que conserva sus características naturales sin presencia de transgénicos. Esta comuna es el origen de uno de los más antiguos curatos, establecido para evangelizar a los indígenas hace unos 300 años, en aquel tiempo la actividad social se realizaba junto a la capilla de madera cuyos ornamentos: imágenes, ornamentos y campanas, llegaron de los jesuitas de Bucalemu, rodeada de una amenazante vegetación según indican los cronistas de la época y cercada por las aguas del Río Cachapoal y cerros.

En la naturaleza predominaban las unidades que forman parte del “bosque esclerófilo”, donde destacan los matorrales arbustivos, espinosos y dispersos. En esta formación vegetal, habitan árboles nativos como el boldo, los peumos y a mayor altura se encuentran por ejemplo el quillay y el litre.

Como casi todo el Valle de Cachapoal, que es un gran terroir para la producción de vinos, donde se encuentra ubicada este municipio, la actividad económica se desarrolla principalmente en el área agrícola, donde destacan los cultivos de árboles frutales destinados principalmente a la exportación, junto a grandes extensiones de viñedos.

Las tierras donde se emplaza en la actualidad la comuna de Peumo fueron parte de la Hacienda Alhué, entregada por Pedro de Valdivia a Inés de Suárez, y abarcaba desde Melipilla a Peumo. Estas tierras en el año 1664 pasaron a formar parte de los territorios del Marqués de Villapalma y su familia, los que impulsaron el desarrollo de actividades agrícolas e industriales para exportación durante la colonia. En la actualidad la habitan 15.000 personas. El clima de la comuna es “mediterráneo interior”. Ya que en los sectores ubicados en la depresión intermedia se distinguen veranos calurosos y secos, e inviernos frescos y húmedos. Declarada Monumento Nacional, la Estación de Peumo, formaba parte del Ramal Pelequén – Las Cabras y es representativa de uno de los tres ramales de la región que se dedicaban principalmente al transporte de la producción agrícola. Pero, como en casi todo América Latina, desaparecieron los trenes. En una comuna con una historia viva revivir los sabores de antaño es mucho más que un acto cargo de nostalgia.

Estas preguntas se hacían porque le inquietaban a los campesinos de Coopeumo cuando recordaban su historia familiar (qué significa rescatar un producto-desde la etimología- volver a pasar por el corazón), si las semillas híbridas y los Organismos Genéticamente Modificados OGM- ofrecen plantas con rasgos útiles, pero a un gran precio, ¿por qué debería cultivar semillas originales? Y entre ellos mismos buscaban las respuestas: Primero, producen mejor sabor y ellos mejor que nadie lo saben. También se conoce que las frutas y verduras de herencia o ancestrales son más nutritivas. Por último, tienen valores más accesibles a largo plazo. Las plantas de herencia juegan un papel importante en la preservación de la diversidad genética. Para el análisis: Después de todo, no se pueden producir semillas híbridas sin la existencia de las semillas originales.

Gracias a una iniciativa financiada por la Fundación para la Innovación Agraria y ejecutada por Coopeumo, se pudo rescatar la semilla de este antiguo tomate permitiendo que los horticultores de la región lo planten y vendan a un mejor precio.

COOPEUMO LTDA, es una Cooperativa Campesina de Servicios, fue fundada en marzo de 1969 como parte de la reforma agraria y el apoyo del estado a la organización campesina y al desarrollo rural, quedando en “stato quo” entre 1973 – 1980, año en que es recupera su administración por profesionales bajo el alero de la Iglesia Católica. Posteriormente, se obtienen fondos internacionales, a través de la entidad privada “Private Action Collaborating Together” (PACT) y la “Inter American Foundation” (IAF) que permite constituir el Sistema Financiero Campesino (SFC), siendo restrictiva la cantidad de créditos cursados inicialmente. Antes funcionaba bajo la figura de créditos rotatorios, generando la posibilidad de crédito a sus cooperados, llevando a cabo programas de apoyo para sus socios e iniciando programas de abastecimiento de insumos a menores precios que los del mercado local, dándole a la Cooperativa un poder de compra con ventaja competitivas sobre su competencia. Agrupa alrededor de 400 pequeños agricultores ubicados en cuatro comunas de la Región de O’Higgins, cubriendo aproximadamente 2.500 hectáreas, un tercio de las cuales se destina actualmente a la producción hortofrutícola. La cooperativa tiene una amplia experiencia en el rubro hortícola.  Son 117 socios dedicados a la producción de hortalizas, abarcando casi 1120 hectáreas en total. Los cultivos principales, según la superficie destinada a su obtención, son: tomate para agroindustria, tomate, melón, sandía y tomate bajo invernadero para consumo fresco. Cuenta con una superficie aproximada de 2.500 m2 de invernaderos, una planta de producción de plantines, bodega de acopio con certificación USDA y maquinaria agrícola. A partir del 2014 se trabaja junto a pequeños productores de tomate con el fin de rescatar y poner en valor el antiguo tomate rosado de Peumo. También se integró al consejo directivo del Programa Estratégico Regional de hortalizas “Horticrece”, como contraparte privada. En 2015, participó en la agenda de exportación de hortalizas en el marco del convenio firmado entre la Región de O’Higgins y el estado de Delaware (EE. UU.), instancia en la que se intentó levantar un piloto de exportación de zapallo espagueti, y que se espera poder concretar en las próximas temporadas. Para ello, y con el apoyo del NODE de Hortalizas de CORFO, se logró la certificación USDA de la bodega de acopio.

Este tomate era el que se consumía hace cincuenta años en el campo de la zona central de Chile, pero que se fue perdiendo debido a la irrupción del tomate de larga vida. Las personas de edad cuentan que tenía características únicas, debido a su sabor, aroma y jugosidad. Por eso algunos agricultores como Don José siguieron plantándolo durante las últimas décadas.

El proyecto no solamente buscó reproducir semillas, sino que también poner en valor un producto, que a grandes luces tenía “defectos”; como su aspecto deforme, su excesiva jugosidad y tamaño y con una postcosecha muy corta; pero conversando y hablando con el mundo gastronómico nos dimos cuenta de que esos defectos eran atributos, sumado a que el tomate no estaba intervenido, ni modificado genéticamente, ni industrializado”, comenta Rodolfo Cortés, Coordinador del proyecto.

El proyecto permitió darle un mejor manejo técnico al cultivo del tomate rosado, otorgando una mayor vida de postcosecha, soportando bien las condiciones del verano y siendo más resistente al ataque de plagas y enfermedades, sin tener que recurrir a agroquímicos.

Don José cuenta que el tomate rosado le cambió la vida. “La venta se disparó y hoy me falta terreno para producir más. Actualmente casi todos saben las características del producto y la gente lo está pidiendo. La calidad y lo natural es lo que aquí está mandando, se rescató para quedarse y magnificarse en todo el país y porque no decirlo al extranjero, que ya he recibido hartos llamados”, comentó.

Las semillas ancestrales de los tomates provienen de plantas de polinización abierta que transmiten características y rasgos similares de la planta original a la planta secundaria.  Permiten la independencia de los agricultores y jardineros. Debido a que se pueden guardar de año en año, los productores no tienen que depender de grandes empresas para abastecerse cada año. Son financieramente independientes.

Los agricultores de Peumo en la Región de O´Higgins, Chile, están cosechando uno de los productos más apreciados por los chilenos: el tomate, pero una variedad distinta, es natural “con sabor a infancia”, producto no transgénico y 100% chileno. El caso de Peumo se enmarca en una tendencia mundial que postula a la agricultura orgánica de pequeña escala, huertas comunitarias y/o urbanas, como herramientas fundamentales para promover la soberanía alimentaria de los pueblos, producir en armonía con el medio ambiente y la sostenibilidad, acceder a productos frescos, de calidad y sin pesticidas, y, como evidencia el caso del tomate rosado, recuperar los sabores olvidados de aquellas especies de frutas y verduras que han sido olvidadas.