Investigadora Instituto de Investigaciones Agraria advierte complejo escenario para producción arrocera nacional por falta de agua

Término anticipado del riego en la zona arrocera del país, que se extiende por unas 27 mil hectáreas entre las regiones del Maule y Ñuble, afectará negativamente productividad del sector. Investigadores INIA trabajan denodadamente para obtener en el corto y mediano plazo, nuevas variedades con menor demanda hídrica.

“Mientras más almidón comas, más anticuerpos crearás y, por lo tanto, más dolor sentirás”, explica al teléfono el doctor Alan Ebringer, un connotado inmunólogo británico que en los años 70 diseñó una dieta que reduce estrictamente el consumo de almidón para el tratamiento de la Espondilitis Anquilosante, una dolorosa enfermedad reumática, autoinmune y crónica, que afecta a cerca del 1% de la población mundial, según la sociedad española de reumatología. El almidón es un polisacárido que forma parte de la estructura de los carbohidratos y es una de las fuentes de calorías más importantes consumidas por el ser humano.

En el sur de Chile se avanza hacia una producción arrocera sustentable y climáticamente inteligente, que ahorra un 80% de semillas, no utiliza herbicidas y utiliza 50% menos de agua. Los programas de investigación del INIA trabajan en líneas claramente establecidas, la primera generar diversidad para crear futuras variedades de arroz a través de mejoramiento convencional y apoyado por herramientas moleculares. La segunda, generar y transferir nuevo conocimiento en prácticas de manejo del cultivo a la cadena arrocera.

Un complejo escenario para la producción arrocera nacional se advierte en la temporada 2021-2022, indicó la investigadora de INIA Quilamapu, Karla Cordero, Doctorado en Ciencias, Ingeniería genética vegetal, quien basó su apreciación en los “múltiples factores que se han presentado y que podrían perjudicar el rendimiento del preciado cereal”.

“Las condiciones climáticas imperantes en la zona arrocera nacional solo permiten el cultivo de arroces tipo japónico, transformando a Chile en el productor del arroz más austral del mundo. Este clima frío estimula el crecimiento del arroz libre de plagas y enfermedades, ya que éstas no prosperan en ambientes de bajas temperaturas, por lo que el cultivo se desarrolla con baja carga química, libre de pesticidas y fungicidas. Esta característica nos diferencia del resto del arroz cultivado en el mundo que presenta múltiples aplicaciones de pesticidas para poder obtener un nivel productivo rentable”, indicó.

La agrónoma encargada del Programa de Mejoramiento Genético de Arroz de INIA, destacó que la escasez hídrica que “ha afectado en mayor medida a aquellos productores que no reciben aguas de embalse, como los productores arroceros de la Región de Ñuble, quienes no alcanzaron a tener el suministro necesario para completar el ciclo reproductivo de la planta, ni para abastecer completamente sus arrozales hasta el final del ciclo”.

Desde el punto de vista climático la ingeniera agrónoma explicó que entre el 16 y 23 de enero se registraron temperaturas promedio bajo los 18 °C (considerada crítica para daño por frío en el cultivo), lo que coincidió con la etapa de floración del arroz, y el inminente riesgo de pérdidas de rendimiento. Agregó que la situación se tornará más compleja, toda vez que para marzo se pronostican altas temperaturas, lo cual podría perjudicar el correcto llenado de los granos y bajar la calidad industrial, con el consiguiente perjuicio para productores, industriales y consumidores.

En tal sentido, la especialista enfatizó que el sector arrocero nacional, que ya atraviesa por momentos complejos, podría mermar considerablemente la producción, no solo producto de factores climáticos adversos, sino también por los altos precios actuales en los insumos, el elevado precio de la tierra, la escasez de mano de obra y los bajos precios de mercado, todo lo cual hace insostenible la producción a futuro.

“Esta temporada productores históricos se vieron obligados a arrendar sus tierras, ya que la incertidumbre en la producción es muy alta, lo que dificulta la decisión de producir sin estar sometido a grandes pérdidas. Esto se hace más crítico entre los pequeños productores”, recalcó Karla Cordero.

Arroz climáticamente inteligente

Cuyo objetivo es validar un sistema de producción de arroz climáticamente inteligente de alta eficiencia en el uso del agua y reducido uso de agroquímicos, para aumentar la competitividad de pequeños y medianos agricultores del Maule Sur.

La investigadora detalló que, a través del Programa de Mejoramiento Genético de Arroz, INIA está generando tecnologías tendientes a solucionar los requerimientos del sector. En tal sentido, destacó el trabajo enfocado en desarrollar variedades eficientes en el uso de agua, de manera que no requieran de la tradicional inundación y que al mismo tiempo sean capaces de soportar las bajas temperaturas nocturnas que caracteriza la producción de arroz en Chile. “Tenemos un par de líneas avanzadas que funcionan bien y que estarían disponible en el mediano plazo para los productores. Además, contamos con material avanzado de ciclos más cortos, que ayudaría a reducir los tiempos de uso de agua, y que deberían estar pronto en el campo de los arroceros”.

La especialista resaltó también un proyecto de investigación que ha sido apoyado por la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Fontagro y FIC Maule, tendiente a desarrollar, en conjunto con productores y asesores técnicos, un sistema de producción climáticamente inteligente. Explicó que este sistema llamado SRI “reduce el uso de agua en más de un 50 %, ya que no requiere de inundación, además disminuye sustancialmente la cantidad de semillas y agroquímicos, con lo que damos paso al desarrollo de un arroz más resiliente ante los embates del cambio climático”.

 

 

 

 

Fuente: INIA, Instituto de Investigaciones Agropecuarias