La Escala Inflacionaria en los Alimentos y la Importancia de la Agricultura Familiar Campesina

Hay preocupación mundial por el alza desmedida de los alimentos. Los datos que los organismos técnico-económicos manejan son poco alentadores. Tampoco lo analistas visualizan en el corto plazo el fin de la intervención armada y el inicio de un proceso de paz. Los precios de los alimentos alcanzaron en marzo un récord, el tercero consecutivo, impulsados por la guerra de Ucrania. El índice que elabora mensualmente la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que recoge la evolución en todo el mundo, cerró el mes con un aumento del 33,6% respecto a marzo de 2021, su mayor ritmo en 14 años, y se sitúa en 159 puntos, el nivel más elevado de la serie histórica, que arrancó en 1990. El conflicto armado está causando estragos en las cadenas de suministro que tienen como origen la zona, sobre todo en productos como cereales y aceite de girasol, y ha alterado el funcionamiento de parte de los flujos comerciales mundiales- informa El País de España.

Por la importancia que tiene hicimos una síntesis de las principales intervenciones en los medios de comunicación del señor Julio Berdegué en relación con los precios de los alimentos y sus causas, subdirector General y Representante Regional para América Latina y el Caribe. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO. La escalada inflacionista continuará su espiral agravándose. Tanto Ucrania como Rusia son grandes exportadores de cereales y aceite de girasol- señala Julio Berdegué.

De aquella zona, conocida como el granero de Europa, sale un 30% del total de trigo que se consume en el mundo. Aunque Rusia ha continuado vendiendo trigo, las sanciones han complicado los pagos y la logística. Aquí hay que poner atención: El aumento de precios pone en jaque a las economías occidentales, pero sus efectos son especialmente devastadores en los países pobres, donde la cesta de la compra absorbe casi todo el presupuesto de las familias y cualquier encarecimiento afecta directamente a su alimentación más básica, como el pan.

Nuestro país no es una excepción a la regla: De acuerdo con los últimos datos del INE, el IPC de los alimentos en febrero registró un aumento de 9,1%, su mayor variación desde que comenzó la nueva canasta de precios en 2020. Se proyecta que el pan continuará subiendo, totalizando un alza sobre 20% en 2022, mientras que el aceite vegetal tendrá un incremento sustancial del orden de 80%, y la harina en torno a 60%.

Uno de los argumentos que se entregan para explicar los altos niveles de los precios de los alimentos es el factor externo, y así se comprueba: el índice de precios de los alimentos de la FAO se situó en febrero de 2022 en un promedio de 140,7 puntos, es decir, 5,3 puntos (3,9%) más que en enero y 24,1 puntos (20,7%) por encima de su nivel de hace un año.

El tiempo que podría persistir el alza de los precios de los alimentos en el mundo parece más largo, a juicio del subdirector general de la FAO y representante regional para América Latina y el Caribe, Julio Berdegué, quien comentó; “dada la invasión rusa a Ucrania, que le pone signos de interrogación a lo que ocurrirá con la producción y exportación de estos dos actores gravitantes en el comercio de los granos”.

El conflicto, además, se sumó a un contexto donde la inflación ya había subido en medio de la pandemia, crisis que afectó las cadenas logísticas y, con ello, el comercio; y a los efectos del cambio climático en las cosechas. “Prácticamente, en América Latina y el Caribe ya no hay zonas productoras importantes con las inundaciones, sequías y huracanes”, explica Berdegué.

Relata que el índice FAO de alimentos que desató las alarmas fue el de marzo, que subió 12,6% en relación con febrero, un nivel no visto desde que se creó en 1990. Determinante en este resultado fueron los aceites vegetales, cereales y carne.

Detrás de estos procesos inflacionarios está el hambre. Según el Instituto de Recursos Mundiales, la zona del Mar Negro es un granero planetario y Rusia y Ucrania representan el 29 por ciento de las exportaciones mundial de trigo, el 19 por ciento de las de maíz y el 78 por ciento del aceite de girasol.

La guerra también ha aumentado el precio de los fertilizantes, encareciendo aún más el costo de suministro de alimentos y generando problemas a los agricultores de varios países de Europa. En Grecia y Francia, por ejemplo, ha habido protestas en demanda de apoyo a Bruselas para enfrentar los elevados costos de los fertilizantes, que muchos temen pueda impactar en la producción.

Pese a ello, Berdegué señala que esta alza no es estructural, por lo que la FAO ha llamado a mantener el funcionamiento del mercado de alimentos y evitar medidas como la fijación de precios. “Las familias del primer quintil, que a lo mejor están gastando la mitad de su ingreso en alimentación, para ellos que les suba $ 200 el kilo de pan, es un golpe muy fundamental, yo lo puedo soportar, ellos no”, dice.

“América Latina y el Caribe es vital para la seguridad alimentaria del planeta, no solo para la región. Si sacamos la producción latinoamericana, esto tendrá ramificaciones globales”, comenta.

La pandemia fue desastrosa para la seguridad alimentaria y la nutrición. Tenemos 60 millones de personas en condición de hambre en América Latina y el Caribe. Son números que uno asocia a países en guerra, aumentos que no se habían visto nunca, y ya veníamos empeorando desde el año 2015 en la lucha contra el hambre; en primer lugar, porque se desaceleró la economía de la región; en segundo lugar, también por los efectos de las crisis políticas en países como Venezuela y por los impactos del cambio climático. Esta combinación ya nos venía trayendo mal, y la pandemia fue un golpe brutal. En América Latina sobra comida. Somos 650 millones, y producimos lo suficiente para que 1.300 millones de personas se alimenten. Uno de cada seis habitantes del planeta, y sin embargo tenemos hambre no por falta de alimentos, sino por falta de dinero en los bolsillos (…), que, además, hace que las personas abandonen los alimentos más nutritivos; entonces, también tenemos un aumento del sobrepeso y la obesidad.

Las zonas rurales son lugares claves de interacción entre la actividad humana y el medio ambiente e importantes espacios económicos donde hoy se hace frente a una buena parte de los desafíos ambientales, tanto en América Latina y el Caribe como en el resto del mundo.

Desde la FAO afirman que como foco para los próximos meses se han propuesto combatir la incertidumbre mediante el uso de plataformas digitales que informen de manera inmediata sobre los stocks de alimentos y artículos para su producción.