El país está siendo devastado, es hora de terminar con el juego político
Tuvimos un mes de julio con una agenda cargada desde el plano político y gremial. Como país, seguimos sumidos en una niebla provocada por el gobierno nacional, que por mezquindad política o por razones imposibles de comprender, pareciera estar dispuesto a arrastrar a millones de personas a la pobreza. Porque mientras entre ellos dirimen inexplicables internas, juegan a ser oficialismo y oposición al mismo tiempo y compiten por espacios de poder, los otros los miramos mientras padecemos las consecuencias de ese accionar que se podría calificar, al menos, como irresponsable.
Al mirar hacia atrás, pareciera que fueron varios meses, pero no. Solo se trató de 31 días desaforados de desaciertos internos políticos que provocaron la renuncia del exministro de economía, Martin Guzmán, en medio del discurso de la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández, que tenía como claro objetivo la descalificación de su función. Esto provocó una aceleración de la suba del dólar blue hasta romper la barrera de la conversión U$D 1 – $330, con su impacto inmediato en cada producto que se vende al consumidor final. Esto se vio muy marcadamente en el precio de los alimentos. En ese escenario, asumió como ministra de economía Silvina Batakis, quien permaneció en ese cargo 24 días y fue destituida mientras se encontraba en una misión enviada por el presidente de la Nación para hablar con el Fondo Monetario Internacional. Pero no sólo ella, fueron varios los funcionarios que fueron cesanteados en sus funciones con pocos días en sus cargos, que se tornaron diversos papelones políticos, a nivel nacional e internacional.
Ahora aparece en el centro de escena Sergio Massa con “super poderes” en el Ministerio de Economía, controlando también Desarrollo Productivo y Agricultura. En este nuevo enroque político, que se llevó puesto al Ministerio que debería contenernos y también al cargo del exministro del MAGyP, Julián Domínguez. No hay dudas de que él no logro cumplir con las expectativas que se habían generado con su llegada luego de la salida de Luis Basterra, quien ocupó el mismo lugar hasta septiembre del 2021 y pasó por esa misma cartera con muchas penas y ninguna gloria. Se trató de un rol deslucido, también opacado, destratado y deslucido como consecuencia de la interna antes mencionada, donde los miembros del gobierno buscan desgastarse mutuamente, como se vio cuando se realizaron anuncios inherentes a la esfera del ministerio, sin que fueran conocidos de antemano por el titular de la Cartera.
Realmente tengo que confesar que estoy muy preocupado por el futuro del país. Tenemos datos económicos muy desfavorables y perspectivas confusas. Pero en lo personal, lo que realmente no me deja dormir es el abuso del poder ejercido de quienes fueron electos democráticamente, y según su eslogan de campaña venían a “poner a la Argentina de píe”, pero en la realidad están poniendo al pueblo de rodillas, sumiendo a más del 55% de los argentinos en la pobreza, haciéndolos depender de planes, manejados por el poder de turno que sólo persigue rédito político.
Se trata también del mismo gobierno que prometió no confrontar al campo, pero que día a día solo tiene palos, azotes y despotricas para los productores. Duele escuchar de la boca del presidente de la Nación que nos sentamos sobre los dólares porque somos especuladores. Primero porque es mentira y luego porque ese discurso de odio trae consecuencias muy complejas, que nos llevan a pensar en los años más oscuros de nuestro país, y que se constata con la aparición de silobolsas rotos en una muestra de violencia, desconocimiento y desprecio por el fruto del trabajo genuino de los productores. Nadie duda de que esto ameritaría el inicio de una causa judicial por incitación a la violencia y perjurio, pues como primer mandatario juramentó “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo” y “observar y hacer observar fielmente la Constitución” (art. 93 de la Constitución Nacional Argentina). Pero se suman las aberraciones. El oficialismo refuerza esas declaraciones, mostrando fotos, dando fake news, incitando a la violencia, subiendo todavía más la apuesta del presidente. Y la oposición expresa repudio sin contar con las mayorías para avanzar más allá de eso y, desde una perspectiva republicana, buscando sostener a un gobierno que se auto boicotea permanentemente. El reino del revés.
Gremialmente, desde el Consejo Directivo Central de FAA sesionado el día 4 de julio, con la presencia de directores de todo el país en la sede central de FAA, se analizó y suscribió el contenido del documento de la cadena productiva del 29 de junio y se respaldó a la convocatoria a la “Jornada De Demanda De Responsabilidad A La Clase Política”, llevada adelante el 13 de julio. Esta se realizó en conjunto con la Comisión de Enlace. Desde el CDC de FAA, argumentamos que “la situación institucional de la Argentina nos mantiene muy preocupados”.
En medio de esta jarana de bartoleadas a las que nos tiene acostumbrado este “Frente de Todos”, de declaraciones en que nos definían como especuladores y malas personas, avanzaron inexplicablemente con una nueva medida. Como siempre, medidas que presentan a la opinión pública como “políticas públicas en pos de la Patria, las arcas del Estado y el bolsillo de los argentinos” pero que en verdad esconden una nueva transferencia de recursos de los que menos tenemos a los peces gordos de siempre, generalmente, sus socios y amigos. Así, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) presentó un instrumento ‘para que los productores vendieran su cosecha de soja’, que en verdad volvía a permitir que ganaran los de siempre. Quiero ser claro. Esto no beneficia a los productores pequeños y medianos, que ya la mayoría vendieron su producto para pagar sus deudas, sino a los sectores más concentrados, a las cerealeras y exportadoras. Esta medida va en la misma línea que cuando bajaron 3 puntos las retenciones, luego de que los productores ya habíamos vendido nuestra cosecha.
Nos ponen diariamente como responsables frente a la sociedad con mentiras como las dichas por el primer mandatario, “que el campo no quiere liquidar y por eso faltan dólares”, la realidad es que faltan dólares por la necia política monetaria que llevan adelante. En ella, existen tantos tipos de dólares en cotización que es imposible decirlos de memoria, desalentado la inversión, multando a la exportación con las retenciones y, lo peor de todo, sin rumbo de país. Y esto no lo sabemos solo nosotros sino que lo constata el mundo cuando termina de negociar con una ministra que ya no era ministra cuando terminó la misión que encaró. Así de serio es todo.
Estos planteamientos no solo salen de mis pensamientos, en las Asambleas Zonales de Distrito realizadas entre el 9 y 16 de julio; los delegados y delegadas de todo el país debatieron estos temas y hubo coincidencia. También se abordaron temas como la crisis de economías regionales, el cepo a las importaciones y exportaciones, el abastecimiento de gasoil, las cuestiones inherentes a la ley de Semillas y la necesidad de una ley de Arrendamiento, de un Plan Arraigo y la carencia que aún se mantiene, luego del vergonzoso intento del presidente de la Nación de reglamentar la Ley de Agricultura Familiar, hace dos meses, que todavía no está publicado en el Boletín Oficial. Todo esto es prueba cabal de que no les importa el impacto social de la política sino el mediático, el relato, la mentira y la perpetuación de los beneficios para los poderosos de siempre.
Realmente siento indignación por tanta barbarie partidaria que le hace tanto daño al país. Se pelean, se hacen zancadillas, muestran su poder de un lado y del otro. Y a nadie le importa el pueblo. Ni los millones de niños que no tienen una buena alimentación ni educación en cantidad y calidad, ni en los ancianos que sufren en la etapa que deberían poder disfrutar. Tampoco en el sistema de salud frágil ni en el entramado social dividido entre los que trabajan y mantienen vivo al Estado y los vivos que viven del Estado sin una contraparte por ello.
Este Gobierno es el que más dólares recibió de la agroexportación. Desde enero de este año la cifra supera los 22 mil millones de dólares y, en los últimos 20 años, el país percibió en concepto de retenciones 130 mil millones de dólares.
El problema de Argentina no es falta de recursos económicos (ya que emanan de la tierra cada año millones de dólares, producto del sudor de los productores y pymes exportadoras). El problema de este país es la política parasitaria que corrompió a la sociedad y la Justicia.
A pesar de tantos errores, tenemos un contexto internacional que nos favorece, producto de un mundo convulsionado por los coletazos que sigue dando la pandemia (aunque esté más controlada), los calores extremos y sequía en Europa, Asia y América del norte, que pone en peligro la producción de alimentos y los conflictos bélicos entre Rusia – Ucrania y muy posiblemente entre China – Taiwán. Todo esto seguramente eleve aún más los precios de comodities. Pero en esta situación, como país no podemos beneficiarnos de esa oportunidad.
Creo que es necesario consensuar por lo menos puntos básicos como país, en este nuevo escenario con un nuevo recambio de nombres en las altas esferas de la política.
Desde Federación Agraria Argentina no dejaremos de gestionar ni de acercar propuestas para frenar la concentración y la timba financiera; para transformarla en desarrollo del interior productivo. Queremos que los pueblos sean lo que deben, y en ellos sus ciudadanos puedan habitar un lugar próspero y lleno de oportunidades para el que quiera trabajar e invertir. El país está siendo devastado, es hora de terminar con el juego político. Para ello, desde el Ejecutivo para abajo deben ponerse a trabajar seriamente con la responsabilidad que le fue encomendada al ser elegidos por mayoría de los votantes. ¡Basta de egocentrismos!
Es hora de que tanto oficialismo como aposición se pongan a trabajar para sacar al país adelante y en ese camino encontrarán a la Federación Agraria Argentina trabajando codo a codo, de lo contrario seremos cada vez más incisivos en nuestras medidas gremiales para demostrar nuestro descontento.
Por Carlos Achetoni, presidente de Federación Agraria Argentina


