Impulsar la agricultura familiar y las economías provincianas
El año 2019, en el Perú, se inició con la asunción de nuevas autoridades regionales y locales. En el distrito de La Victoria, uno de los más populosos de Lima, el nuevo alcalde es un ex futbolista, George Forsyth, quien se propuso acaba de raíz el mayor problema de sus distrito, la informalidad del comercio ambulatorio y la cobranza de cupos de bandas organizadas en el complejo comercial de Gamarra.
La decisión del alcalde tuvo gran aceptación de la ciudadanía y cientos de personas fueron desalojadas de la zona y se trasladaron a otro distrito cercano, lo que demostró que la solución al alto empleo de informalidad laboral en el Perú (más del 70% de la PEA) no se soluciona con desalojar ambulantes de una zona para mandarlos a otra. Pedro Francke, destacado economista peruano, profesor principal de la Universidad Católica del Perú y miembro del Plan de Gobierno del Movimiento Nuevo Perú, publicó un artículo sobre el tema y donde extraemos su propuesta de solución a partir de la agricultura familiar.
Pedro Francke
Una causa central de que haya tremenda cantidad de mano de obra desempleada en Lima es porque mucha gente viene del campo y las provincias a la gran ciudad. ¿Por qué migran? Simple: porque acá ganan más y viven mejor. ¿Cómo enfrentar ese problema? Haciendo que aumenten sus ingresos y calidad de vida en los pueblos rurales y provincias.
De la agricultura familiar subsisten todavía casi un millón de familias. Como no tiene ningún apoyo, su productividad e ingresos han aumentado lentamente las últimas dos décadas y media de neoliberalismo, de tal manera que la tasa de pobreza rural triplica a la pobreza urbana. Además muchos tienen educación y salud de muy baja calidad, pésimos caminos y carecen de conexión de celulares o internet. Se puede hacer un contraste con la gran agricultura de exportación que ha recibido 7 mil millones en subsidios en grandes irrigaciones, cuenta con carreteras y puertos pagados por el estado, tiene exoneraciones tributarias especiales, apoyo sanitario y políticas comerciales favorables. Para la pequeña agricultura no hay crédito, debe transportar sus productos por pésimas trochas con mucho riesgo y se facilita la importación de trigo, leche y arroz que le quita mercado. Mientras tanto Japón, un país de altísimos ingresos, protege a su agricultura familiar con altos impuestos a la importación de arroz, y Estados Unidos aprobó a finales del año pasado una ley para apoyar a sus agricultores con 867 mil millones de dólares la próxima década.
Una política de promoción de la agricultura familiar y las economías rurales pasa por cinco medidas centrales. La primera, dotarlos de caminos transitables, comunicaciones e internet. La segunda, dotarlos de mejoras tecnológicas, habiendo programas como Haku Wiñay y Sierra Productiva que han mostrado que con riego tecnificado de bajo costo los campesinos pobres pueden lograr grandes aumentos de productividad importantes. La tercera, facilitar crédito agrario, algo fundamental para que los pequeños y medianos empresarios agrícolas emprendedores pueda invertir y crecer. La cuarta, programas que diseminen información de buenas técnicas y que avancen innovaciones productivas adecuadas a nuestra sierra y selva. La quinta, defender el mercado interno de las importaciones subsidiadas en otros países.
Junto a ello en provincias hay que promover turismo, servicios y pequeñas industrias, aprovechando nuestra diversidad biológica y cultural. Esta posibilidad se ve frenada por la falta de una buena conexión de internet. El Perú invirtió 320 millones en una red Dorsal para que el internet llegue a pueblos alejados, incluyendo colegios y centros de salud, proyecto que está absurdamente paralizado debido a que una Alianza público-privada (APP) ha puesto por delante intereses privados en vez de los intereses nacionales, lo que debiera corregirse de inmediato. Las Universidades regionales deben convertirse en centros de innovación e incubadoras de nuevas empresas. Debe haber Los CITES – centros de innovación tecnológica en todas las regiones, y en líneas productivas como la acuicultura, la forestería sostenible, el turismo cultural y ecológico, la ganadería de camélidos andinos, deben articularse con programas nacionales.
Si hacemos esto, podemos tener una ocupación más equilibrada del territorio, bajando la presión a una Lima totalmente sobrepoblada en relación a servicios básicos como el agua y el transporte y a empleos productivos.


