El gobierno no acierta ni una, esta vez el show de horror protagoniza el Ministerio de Educación

Al juzgar por el último escándalo en la administración pública, infelizmente el proverbio bíblico que dice que cada pueblo tiene el gobierno que merece refleja perfectamente la situación actual en que se encuentra el Paraguay. Cumplido más de un año y seis meses de gestión del actual gobierno, es difícil encontrar alguna cosa resaltante que se hizo bien durante el periodo. Todavía no acierta ni una. Esta vez, la serie del show de horror administrativa fue protagonizada por el del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), autorizó la impresión y distribución de materiales didácticos a alumnos de la primaria repletos de errores ortográficos.

Este ultimo acontecimiento, se suma a otros sucesos anteriores que demuestran la falta de aptitud —moral y de formación— de las personas designadas para ocupar cargos relevantes en las instituciones públicas, consideradas claves para el desarrollo de la Nación. Varias autoridades fueron noticias en las portadas de los principales medios, no precisamente por realizar una buena gestión, sino por protagonizar o actuar como cómplice con otros en hechos bochornosos y sumamente graves. Desde el inicio de la actual administración, con designaciones de personas de pésimas antecedentes y cuestionada formación, el desastre era anunciado.

La designación de personas no aptas a frente de las instituciones provocó una anarquía total en que cualquier referente político —sea funcionario o no— puede actuar con total libertad e impunidad. El punto álgido del desastre administrativo, se evidenció en la negociación sobre la contratación de energía eléctrica de Itaipú Binacional con Brasil. La negociación fue intermediada por quien sería la mano derecha política del vicepresidente de la República, Hugo Velázquez, actuaba con total libertad como asesor jurídico de la vicepresidencia sin ser designado para tal cargo. En medio del caos gubernativa, nadie sabe cómo una persona sin tener la mínima condición técnica tuvo acceso y fue capaz de interferir en decisiones de altísima importancia para el futuro del país.

La Agricultura Familiar Campesina (AFC) no está ajena del modus operandi del gobierno. Al frente del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) fue designado una persona además de tener sombríos antecedentes en la única vez que ocupó un cargo público, también no tenía la formación requerida para gerenciar una de las instituciones mas importantes de la estructura estatal. El resultado no podría ser otro: estuvo apenas un año en el cargo con una pésima gestión y la Contraloría General de la República encontró inconsistencia entre el aumento patrimonial y el ingreso declarado en el periodo. Cuando nadie esperaba que las cosas pudiesen empeorar, el Ejecutivo designó como titular del MAG otro político —metido a farandulero— con los mismos antecedentes que el anterior, pero con nivel bajísimo de formación, apenas concluyó la primaria.

No es difícil de inducir porque al cumplir más de un año del mandato, el actual gobierno todavía no haya acertado ni una sola vez al blanco en su gestión. La burrada cometida por el MEC no es un hecho casual ni aislado, también es consecuencia de la designación de personas no aptas para ocupar el cargo de una institución fundamental para el desarrollo del país, como es la educación. El escándalo del MEC es el ejemplo del nivel educativo de paraguayos/as.