Nuestras organizaciones necesitan conocer las oportunidades y desafíos del Acuerdo de Libre Comercio entre Mercosur y Unión Europea

Finalmente, a mediados de agosto del año pasado, se firmó el Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. Pero eso no significa que sus reglas ya estén definidas y listas para su implementación. El Acuerdo consta de 4 partes: disposiciones iniciales y estructura institucional, diálogo político y cooperación, comercio y disposiciones finales; que se desarrollan en seis adjuntos, entre ellos: desgravación arancelaria, servicios, compras gubernamentales, automotores, vinos y otras bebidas, e indicaciones geográficas.

El Acuerdo continúa siendo procesado en los respectivos bloques con la expectativa de que las etapas del calendario de revisión técnica – legal esté pronta y ratificada hacia finales de 2021 en pos de mejorar el capítulo de comercio. En este sentido, los gobiernos del MERCOSUR trabajarán para que este capítulo sea aprobado por los parlamentos de los respectivos países y, de misma forma, aprobado por el parlamento europeo.

Es importante señalar que las demás partes del Acuerdo todavía no tienen un calendario y fechas definidas para entrar en vigor. Además, el proceso llevará más tiempo pues requiere la ratificación de los parlamentos en los países que integran la comunidad europea y de misma forma con los integrantes del MERCOSUR.

El capítulo de comercio indica que entrará en vigencia primero y requiere mucha atención y apropiación por parte de nuestras organizaciones sobre los impactos económicos que el flujo del comercio agrícola y los derivados pueden causar en los países del MERCOSUR, especialmente en la agricultura familiar.

En vista de los posibles impactos en varios sectores de la agricultura familiar, es esencial que nuestras organizaciones busquen inmediatamente apoyo e información; llevando a cabo estudios de impacto con información técnica calificada para defender y promover el sector de la agricultura familiar junto a la generación de instancias de diálogo con gobiernos o las cámaras sectoriales del bloque MERCOSUR.

Es necesario, desde ahora, que las gremiales de la agricultura familiar, campesina e indígena establezcan una agenda de trabajo centrada especialmente en el tema del comercio descrito en el Acuerdo Mercosur y la Unión Europea.

Necesitamos conocer el Acuerdo a fondo y abordar con los Gobierno las medidas de protección necesarias para ciertas áreas de la agricultura familiar que son más sensibles y pueden sufrir un mayor impacto. En estos casos son necesarias políticas públicas de compensación o reconversión de una actividad a otra, que permita a las familias poder permanecer en el sector rural con viabilidad económica.

Los estudios de impacto también pueden aportar información sobre el potencial que tienen algunos sectores para el comercio intrabloque. Es importante identificar qué sectores de la Agricultura Familiar están más preparados para insertarse con calidad y competitividad en este mercado que se abre con el Acuerdo Mercosur y la Unión Europea; y qué medidas de apoyo son necesarias para que estos sectores se inserten y comercialicen, generando más ingresos laborales en los territorios rurales.

Armadas con esta información, las organizaciones estarán más calificadas para dialogar con los negociadores gubernamentales sobre el Acuerdo, tanto con el fin de incluir a los sectores de la agricultura familiar con mayor potencial en las dinámicas de mercado del tratado, como para proponerle a estos gobiernos medidas compensatorias en la política nacional o en la política del bloque, para los sectores afectados negativamente. Otra expectativa, al establecer espacios de diálogo entre organizaciones y gobiernos, es la posibilidad de que las gremiales accedan a información oficial y actualizada sobre el progreso del Acuerdo, lo que les permitirá monitorear más de cerca las acciones emprendidas por los bloques dentro del pacto de comercio.

Sabemos que este tema de la inserción de la agricultura familiar en los mercados internacionales, especialmente en el mercado europeo, plantea muchos desafíos para las organizaciones representativas y los agricultores familiares, especialmente con respecto a la organización productiva (cantidad, regularidad, salud, etc.) y las dinámicas logísticas adecuadas a la realidad de esta demanda. En la práctica, todavía hay pocos sectores de la agricultura familiar que logran insertarse bien en el mercado de exportación con productos certificados, monitoreo técnico, producción y productividad en los estándares requeridos internacionalmente.

En el MERCOSUR los sectores que ya están insertados en la cadena agroindustrial y agroexportadora de gran escala, a ejemplo de los productores de pollo, cerdo, carne vacuna y oleaginosa, podrán aumentar las cuotas de exportaciones generando más ingresos en el dicho acuerdo. Por otro lado, tenemos rubros como la leche y derivados o las frutas que son sensibles y podrán ser afectados, principalmente donde está insertada la agricultura familiar; requiriendo atención especial de los gobiernos del MERCOSUR en la adopción de medidas compensatorias o de reconversión de rubros.

El acuerdo comercial entre el Mercosur y la UE está hecho, el desafío para la agricultura familiar está dado. Por lo tanto, corresponde a las organizaciones trabajar y estudiar en para enfrentar preparados los desafíos y defender mejor a los agricultores(as) familiares, campesinos(as) y las comunidades indígenas.

Concluyo con esta frase: para que los agricultores familiares cosechen buenos frutos de este mercado, necesitará mucho trabajo de todos nosotros.

 

Alberto Broch – Presidente de la COPROFAM