Agricultoras, campesinas y indígenas, mujeres que fortalecen la agricultura familiar
A cada año, el 8 de marzo – Día Internacional de la Mujer, invita al mundo a reflexionar, lo que de hecho debe hacerse todos los días, sobre la valoración necesaria de las mujeres en todos los espacios sociales, políticos y laborales. Y en la agricultura familiar, ellas representan una importancia absoluta para la existencia, resistencia, innovación, continuidad y prosperidad de esta actividad.
Cada vez es más claro que el 8 de marzo no es un día para celebrar, sino para reafirmar una lucha duradera, de muchas décadas. La lucha permanente de las mujeres por más derechos iguales y menos machismo en los sistemas y la vida cotidiana. Por el fin de la violencia que todavía mata a tantas mujeres en todo el mundo y por el fin del patriarcado estructural, que todavía somete a millones de mujeres a salarios más bajos, derechos disminuidos y mucha discriminación y juicios sociales.
Dentro del contexto de la lucha general de toda una nación femenina, que cruza fronteras y une a mujeres de todo el mundo por las mismas causas, las mujeres rurales aún presentan demandas específicas de sus contextos y realidades. Demandas que deben ser escuchadas con más atención y tratadas con importancia por la sociedad y, sobre todo, por los gobiernos.
Está muy presente en diferentes partes del mundo, especialmente en América Latina, la demanda de las mujeres rurales por políticas públicas que satisfagan sus necessidades en el campo, sobre todo en el acceso a los recursos naturales – tierra y agua – sin los cuales no pueden permanecer y desarrollarse en su territorios rurales. Más que eso, necesitan políticas para fomentar la producción y la comercialización (crédito adecuado, asistencia técnica, generación de tecnologías), apoyo a la agroindustrialización, agregando valor a su mecanismo de apoyo a la producción y comercialización, generando más ingresos y bienestar para la familia.
La lucha de las mujeres rurales también requiere el reconocimiento y la apreciación de su papel en la sociedad, por parte de los gobiernos y la sociedad, del triple turno de trabajo, que implica tareas en la producción de alimentos y se extiende fuera de los campos, con cuidados com el hogar y la familia.
Además, las mujeres luchan por una participación más activa en los espacios políticos, desde los parlamentos hasta las organizaciones de la sociedad civil, incluidas las organizaciones de agricultura familiar. Y sobre esto, es importante que miremos dentro de nuestras organizaciones, desde las bases hasta las redes, para analizar si de hecho ellas están ocupando los espacios de liderazgo, en las juntas y coordinaciones de nuestras organizaciones.
COPROFAM es una organización que busca mejorar este aspecto y ampliar la participación de las mujeres en los espacios decisivos. Cuando comenzó nuestra historia, en 1994, nuestra dirección estaba compuesta solo por hombres. Y desde entonces, ya hemos progresado, visto hoy en la consolidación de una Coordinación centrada exclusivamente en las demandas de las mujeres rurales, y la presencia de dirigentes mujeres que componen la junta. También apreciamos el hecho de que tenemos entre nuestros afiliados una organización formada solo por agricultoras y campesinas, la Asociación de Mujeres Rurales del Uruguay (AMRU).
Aunque estamos lejos del escenario ideal sobre el tema de la equidad de las mujeres en el liderazgo, sabemos que es posible llegar allí, y ya tenemos ejemplos de esto. Nuestra afiliada brasileña, CONTAG, logró establecer una política interna que prevé la paridad de género en la junta, con la mitad de los puestos gerenciales ocupados por mujeres. Esto muestra que es posible esbozar formas de democratizar más los espacios políticos y tener una voz femenina activa en ellos, y este debate continúa internamente.
En el contexto internacional, también vemos que el tema de la valoración de las mujeres rurales se debate más en espacios de diálogo y campañas. El Decenio de la Agricultura Familiar, por ejemplo, tiene entre sus pilares un pilar transversal que indica la necesidad de la participación activa de las mujeres para promover la equidad de género y los roles de liderazgo de las mujeres rurales.
Por lo tanto, dejo mi mensaje de apoyo a la lucha constante de todas las mujeres, especialmente las mujeres rurales, contra la opresión, la desigualdad y la violencia, y a favor de conquistar sus demandas de trabajo y vivir en el campo con dignidad. Valoramos mucho a estas mujeres y sus batallas diarias por el reconocimineto de sus esfuerzos a favor del desarrollo de la agricultura familiar de una manera sostenible y saludable, y luchamos juntos con la esperanza de un futuro abundante en recursos y políticas públicas dirigidas a los agricultores, campesinos e indígenas de nuestros países del Mercosur Ampliado.
Alberto Broch – Presidente de la COPROFAM


