Tierras productivas de personas solidarias pero la desgracia del Paraguay son sus autoridades

El Paraguay, como el resto de los países del mundo, atraviesa un momento extremamente difícil, con un futuro incierto. El país concentra todas sus fuerzas en la lucha contra la propagación del coronavirus (Covid-19) en el territorio nacional, en que destina todos los recursos disponibles para reducir al mínimo los efectos de la pandemia sobre la nación. Una lucha que demanda grandes sacrificios y cooperación de parte de la población, que hasta el momento la mayoría cumple en forma ejemplar y heroicamente sobrelleva la delicada situación, a pesar de sufrir la falta de acceso a alimentos en cantidades suficientes requeridas para satisfacer las necesidades nutricionales diarias.

El pueblo respondió al llamado de las instituciones del Estado paraguayo de permanecer en casa y respetar la medida sanitaria de aislamiento social, decretada como forma de combatir el avance del virus en el país. Los 30 días de confinamiento, la población enfrenta la situación con heroísmos y resiste a puro pulmón, movido apenas por la voluntad de vencer la pandemia. A pesar de las innúmeras promesas del gobierno de brindar asistencia a las familias de escasos recursos durante la crisis, la verdad es que hasta el momento poco o nada se ha avanzado en esta materia.

La lucha contra el coronavirus, el Paraguay lleva adelante gracias a la solidaridad entre la clase humilde de la sociedad paraguaya. Es destacable la noble actitud y demostración de humanidad de las personas más carenciadas hacia el prójimo, principalmente para combatir el hambre, otro mal que afecta a una gran mayoría de la población. El sector de la Agricultura Familiar Campesina ha cumplido un papel importante en esta lucha, mediante la donación de toneladas de alimentos a las familias del área urbana, imposibilitadas por las medidas sanitarias de obtener el pan de cada día. El combate a la Covid-19 es una causa nacional.

Si, por una parte, los pobres sobrellevan la situación de una forma ejemplar, por otro lado, se observan las actitudes más detestables que pueden tener el ser humano, sin considerar el gran sacrificio de las personas en la lucha contra el coronavirus. El oportunismo, autoritarismo, egocentrismos y desprecio a la vida de los demás, son algunas de las conductas reprochables evidenciadas por personas sin escrúpulos en esta crisis. Lo peor de todo, es que estas prácticas abominables provienen de las autoridades, quienes deberían ser ejemplos para el resto de la sociedad.

Paraguay, tierra extremamente productiva, con personas solidarias, pero su gran desgracia son sus autoridades. Como es el caso de una senadora, quien después que el gobierno decretara el aislamiento social viajó a otro país para participar en un evento religioso, tras su regreso no cumplió con la cuarentena obligatoria. Posteriormente, fue diagnosticada con el coronavirus, participó normalmente en una sesión del Congreso Nacional, recorrió varios lugares de grandes concurrencias manteniendo contactos con varias personas. Por la conducta irresponsable de la legisladora, todas las actividades del Poder Legislativo fueron suspendidas. Situación similar de una diputada del partido de gobierno, quien había participado en el mismo evento. Otro miembro del Congreso Nacional atropelló una barrera sanitaria para evadir el control. Otras autoridades realizan proselitismos por el programa de asistencia del gobierno, a fin de obtener beneficios electorales.