El Cooperativismo es estratégico para insertar la agricultura familiar en las nuevas dinámicas sostenibles que demanda el mundo
El asunto principal actualmente es la crisis de salud que el mundo está experimentando con el Covid-19. Pero desde antes de la pandemia, y ahora complementada por ella, también hemos estado experimentando procesos de crisis desencadenados en otras áreas. Mirando más analíticamente, podemos ver que ya se estaban produciendo cambios importantes a nivel global, en la economía, en la política, en la sociedad e incluso en la naturaleza. Y todo esto debe tenerse en cuenta cuando pensamos en cómo queremos organizar y posicionar la agricultura familiar en este mundo en transformación.
Es cierto que el contexto del Covid-19 contribuye a empeorar los impactos de esta transformación de varias maneras, y nos desafía aún más a avanzar después de la pandemia. Uno de estos fuertes impactos, por ejemplo, es el aumento de la pobreza y el hambre que ya se siente en los países, un hecho que nos preocupa enormemente cuando luchamos tanto como organizaciones para reducir las desigualdades sociales.
Si lo miramos desde el punto de vista de la agricultura familiar, entre la serie de impactos que nuestro sector ha estado sufriendo con Covid-19, se encuentran factores como la gran variación del dólar, que dificulta la compra de insumos para la producción, y la impermanencia de los espacios de distribución y comercialización de la AF, como ferias, que se han suspendido en muchos países.
En vista de este escenario amplio y crítico, creo que hay ciertos caminos en los que podemos pensar esta perspectiva de posicionamiento de la agricultura familiar, y no tengo dudas de que uno de los caminos correctos para lograrlo está en el Cooperativismo y el Asociativismo de agricultores(as) familiares, campesinos(as) y indígenas.
Inicialmente, estas dos dinámicas de organización colectiva contribuyen de manera positiva para que los productores familiares puedan obtener costos más bajos en la compra de insumos agrícolas, más oportunidades para mejorar su producción y agregarle valor, y también para expandir la distribución y comercialización de sus alimentos, generando así más ingresos familiares.
Pero además, el cooperativismo puede dialogar con otras expectativas de los mercados y los consumidores, y generar innovaciones en el sector agrícola. En esta dinámica hay una gran capacidad para dirigir a las familias y ayudar a la agricultura familiar a generar contribuciones externas, al mundo y a la sociedad. De presentar compromiso con la resiliencia social y ambiental, y con las prácticas de consumo sostenible que la sociedad se está apropiando gradualmente, con el objetivo de un futuro más digno.
Estamos en un momento en que el cambio climático global y los largos procesos de urbanización social plantean grandes desafíos, y se necesitan con urgencia acciones humanas para revertir esta crisis climática y adaptar territorios y sociedades. La agricultura familiar es un sector que ya tiene un papel muy importante en estos dos aspectos, tanto en la preservación de la naturaleza como en la provisión de nutrición para las poblaciones, además de contemplar otros temas esenciales relacionados con la sostenibilidad social y económica. En base a esto, es importante que la agricultura familiar piense cada vez más en formas de producir de manera sostenible, y también nuevas formas de hacer negocios siguiendo los nuevos flujos de demanda.
En este proceso, la intercooperación de otros sectores vinculados a la AF con el cooperativismo, como el movimiento sindical que lucha por los derechos públicos y las políticas para los agricultores y agricultoras, también es esencial. En este sentido, COPROFAM ha estado invirtiendo recursos y mucho trabajo para acercar a los agricultores que representa a las cooperativas solidarias, para que ellos y ellos puedan organizarse mejor para enfrentar y superar los muchos desafíos previstos. Y así, la semana pasada, lanzamos cursos virtuales de capacitación sobre cooperativas en español y portugués para líderes vinculados a todas las gremiales de la Confederación, desarrollados dentro del alcance de nuestro Programa de Diálogo Político para Transformaciones Rurales (PDRT) en asociación con el FIDA.
Otras organizaciones muy importantes también están alineadas con el propósito de fortalecer aún más el cooperativismo, como el Foro Rural Mundial, que recientemente finalizó una campaña para alentar esta dinámica de organización agrícola en todo el mundo, y que irá de la mano con la campaña del Decenio de la Agricultura Familiar de las Naciones Unidas, con la que todos estamos comprometidos.
Lo que entendemos es que el cooperativismo tiene una gran capacidad para ser un instrumento innovador para motivar más oportunidades para las familias agricultoras, campesinas e indígenas, y aún generar los retornos que el mundo y la humanidad necesitan para seguir el camino desafiante de sostenibilidad que salvará las generaciones actuales y futuras. Y apostamos a eso con mucha convicción.
Alberto Broch, presidente de la COPROFAM


